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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Siete jornadas bajo el agua: así trabaja Neuquén para que la lluvia no paralice la ciudad

Un operativo que involucra a varias áreas municipales, dos teléfonos abiertos las 24 horas y una red de desagües que desemboca en el Limay. Recorremos qué se hace en cada barrio y cómo funciona el reclamo vecinal.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Siete jornadas bajo el agua: así trabaja Neuquén para que la lluvia no paralice la ciudad

Son las siete de la tarde de un martes cualquiera y, en la esquina de Salta y Avenida Argentina, un grupo de operarios municipales termina de destapar una rejilla que lleva horas escupiendo agua hacia la calzada. Un vecino de toda la vida, Don Osvaldo, 62 años, los mira desde la vereda con las botas embarradas y una mezcla de fastidio y alivio: "Mirá, yo viví la inundación del 91 y esto no se parece en nada, pero una semana entera de agua te va minando el humor", dice, mientras acomoda una bolsa de consorcio con lo que acaba de sacar del garaje. Esa imagen, multiplicada por decenas de cuadras, es la postal que dejó en Neuquén capital una seguidilla de siete días consecutivos de lluvias que no dieron tregua y que obligaron al municipio a desplegar un operativo inusual.

Un protocolo que se activa cuando el agua no afloja

Acá, cuando el pronóstico se pone feo, el municipio no espera a que el cielo se cierre: apenas se acumulan las primeras alertas, Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura se reparten la ciudad y salen a la calle con sus cuadrillas. Nos explica el subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, Francisco Baggio, que la infraestructura de drenaje está calculada para absorber entre 15 y 20 milímetros diarios sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. Esa vara, dice, se cumplió esta semana: en el casco céntrico la evaluación fue positiva, sobre todo en la avenida Mosconi, donde las obras recientes del sistema pluvial evitaron la acumulación histórica del Bajo y mantuvieron abiertos los locales comerciales que antes quedaban bajo el agua.

Las tareas prioritarias que el lector va a ver si sale a la calle son concretas: desobstrucción de rejillas, limpieza de bocas de tormenta y mantenimiento de los ductos principales. En el cruce de Chubut y Santa Cruz, por caso, se utilizaron equipos Vactor para sacar sedimentos y restos de obra que habían reducido la capacidad del pluvial. La red, para quien no la conozca, es bastante astuta: todo lo que se junta en las calles termina derivando a dos colectores, el arroyo Durán y el canal Villa María, que descargan finalmente en el río Limay.

Cuando sube el Limay, la ciudad tiene un plan B

Y acá viene uno de los datos más interesantes que conocimos mientras preparábamos esta nota. Cuando el Limay crece demasiado y amenaza con devolver el agua hacia adentro, el municipio activa las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como una esponja gigante: absorbe el excedente, baja el nivel del arroyo y acelera el drenaje en los barrios del sur. Es, nos dicen, la diferencia entre un susto y una inundación de verdad.

Los barrios donde la lluvia pega más fuerte

Porque no todas las zonas de Neuquén resisten igual. En las calles sin cordón cuneta ni asfalto de la Meseta y de Valentina Norte, la situación cambia de color: el barro no deja entrar maquinaria pesada y las cuadrillas recurren a motobombas para sacar el agua estancada y permitir el paso de los vecinos y del transporte público. La nivelación y la reparación definitiva de esas calles, nos aclaran, se reanudarán cuando el suelo esté firme, algo que, con este ritmo de lluvias, todavía no pasó. El pronóstico, de hecho, anticipa que las precipitaciones seguirán variables hasta el viernes, con posibilidad de tormentas puntuales, así que la paciencia va a seguir siendo puesta a prueba.

Cómo y dónde reclamar, paso por paso

  • Llamar al 103, línea de Defensa Civil, disponible las 24 horas para emergencias por anegamientos, derrumbes o riesgo eléctrico.
  • Llamar al 147, atención al vecino del municipio, también durante todo el día, para reclamos por calles anegadas, rejillas tapadas o luminaria fuera de servicio.
  • Describir con precisión la dirección, la altura de la calle y un punto de referencia cercano para que la cuadrilla llegue sin dar vueltas.
  • No tocar cables ni cajas de luz que hayan quedado bajo el agua y, si el agua ingresó a la vivienda, cortar el suministro eléctrico desde el tablero general.
  • Evitar transitar por calles de tierra mientras sigan embarradas: la motobomba está trabajando, pero el piso no siempre soporta el peso de un auto.

Cuando le pregunto a Don Osvaldo qué le parece el operativo, se encoge de hombros con una media sonrisa y me dice: "Y, mirá, protestar por protestar no sirve, pero que se note que están laburando, eso sí sirve. Uno quiere ver a alguien con la pala en la mano". En eso, precisamente, andan las cuadrillas de Neuquén: con la pala, con el Vactor y con la motobomba, mientras el cielo les siga dando trabajo. La semana que viene, si el tiempo lo permite, el barro se podrá empezar a secar y la ciudad volverá, poco a poco, a su rutina. Mientras tanto, el 103 y el 147 siguen sonando del otro lado del teléfono.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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