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VIE, 16 OCT 2026
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Sarah, la hija de Barby Franco y Burlando, cumplió el sueño europeo: ya tiene ciudadanía italiana

Tras años de trámites consulares, la nena de la modelo y el abogado recibió el pasaporte de la Unión Europea. Franco lo celebró en redes con fotos y un emotivo texto sobre la identidad y las raíces familiares.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Sarah, la hija de Barby Franco y Burlando, cumplió el sueño europeo: ya tiene ciudadanía italiana

Me lo imagino como una de esas escenas de película que uno repite una y mil veces en la cabeza antes de que ocurran: el pasillo del consulado, la cara de alivio, la nena levantando el pasaporte como si fuera una copa, y el padre sosteniéndola en brazos, con los ojos húmedos pero la sonrisa enorme. Eso, exactamente eso, fue lo que Barby Franco eligió compartir en sus redes sociales para contar que Sarah, la hija que tiene junto al abogado Fernando Burlando, finalmente obtuvo la ciudadanía italiana por descendencia, ese derecho que habilita a hijos, nietos o bisnietos de italianos a acceder a la nacionalidad de la bota y, de paso, a moverse con libertad por cualquiera de los países que integran la Unión Europea. Un logro administrativo, sí, pero también -y acá Franco fue muy clara- un hecho cargado de identidad, de memoria familiar y de futuro abierto.

Lo que más me gusta de cómo lo contó la modelo es que no endulzó nada ni lo presentó como un trámite menor. Todo lo contrario: fue al hueso y describió el periplo tal cual, con sus tiempos, sus papieros y su paciencia a prueba de todo. "Después de tantos años de lucha, finalmente llegó este día", arrancó la publicación, y enseguida agregó que el recorrido había sido una sucesión de "trámites, esperas interminables, papeles, paciencia" por la que el camino "parecía no terminar más" hasta que finalmente llegó la confirmación. Esa franqueza, esa manera de poner el cuerpo y de contar lo burocrático como una gesta personal, es la que le da a la nota ese tono íntimo que uno, como lector, agradece: nadie te vende que sacar la ciudadanía italiana sea un trámite exprés.

Más allá del pasaporte

Franco dejó en claro que para la familia el documento no se reduce a lo administrativo, ni mucho menos. "Es historia, raíces, identidad, familia y el legado de nuestros antepasados que sigue vivo en ella", escribió, y esa enumeración me parece que ordena bastante bien por dónde pasa el peso afectivo de este tipo de reconocimientos. Después, dirigiéndose directamente a Sarah, agregó que "hoy se abre una puerta más" para su futuro, "con nuevas oportunidades y un pedacito" de su historia "reconocido para siempre". A mí, si me preguntan, lo que más me conmueve es eso: la idea de que una nena chiquita, que todavía está aprendiendo a leer el mundo, ya tenga en la mano una llave que le abre un continente entero cuando sea grande.

Las imágenes que acompañaron el anuncio terminan de cerrar el cuadro: se ve a la niña levantando el pasaporte mientras Burlando la sostiene en brazos y la celebra a su lado, en una postal que tiene tanto de festejo íntimo como de hito familiar. "Detrás de este logro hay años de esfuerzo, ilusión y perseverancia", cerró Franco antes de sentenciar que "la espera terminó, el sueño se hizo realidad". Y uno, desde este lado, no puede más que celebrar con ellos.

Por qué estos trámites se hacen eternos

  • El reconocimiento de la ciudadanía italiana por descendencia se obtiene cuando se acredita el vínculo con un ciudadano italiano, ya sea padre, madre, abuelo, bisabuela o, en algunos casos, generaciones anteriores.
  • El proceso suele extenderse durante varios años porque los consulados piden partidas de nacimiento, de matrimonio y de defunción de cada eslabón de la cadena familiar, muchas veces traducidas, apostilladas y presentadas en varias etapas.
  • Cuando finalmente se reconoce el derecho, la persona queda habilitada a obtener el pasaporte italiano y, con él, a vivir y trabajar en cualquiera de los países que forman parte de la Unión Europea.
  • En los últimos años, la cantidad de argentinos que iniciaron estos trámites creció de manera sostenida, y las esperas en los consulados de Italia en Buenos Aires y en otras ciudades se hicieron cada vez más largas.

Dicho todo esto, me queda una sensación que quiero compartir con quien esté leyendo: cada vez que una historia como la de Sarah llega a la portada de un portal, me acuerdo de mi vieja, que todavía hoy guarda la carpeta azul con las partidas del bisabuelo piamontés que un día se propuso armar y nunca terminó de completar. Por eso, antes de cerrar, me da curiosidad preguntarles, con todo respeto y sin meter el hocico donde no me llaman: ¿ustedes, o alguien de su familia, atravesó alguna vez un trámite así? ¿Les llevó años? ¿Lo empezaron y lo dejaron a mitad de camino? ¿Lo terminaron y todavía se sorprenden cuando viajan a Europa y muestran el documento? Si se animan, cuenten su experiencia, que seguro le va a servir a más de uno que esté pensando en empezar.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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