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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Sangre, espuma y poder: la guerra íntima que esconde el apellido Guinness en su propia serie

Netflix estrenó "La casa Guinness", una producción de Steven Knight que vuelve sobre la muerte de Benjamín Lee Guinness para mostrar las disputas que amenazaron al imperio cervecero más famoso de Irlanda.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Sangre, espuma y poder: la guerra íntima que esconde el apellido Guinness en su propia serie

"La cerveza es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices". La frase se le atribuye a Benjamín Franklin, pero bien podría haber sido el mantra de Arthur Guinness, el hombre que en 1759 firmó un contrato de alquiler por nueve mil años sobre una cervecería abandonada en las afueras de Dublín. Casi un siglo después de aquella jugada maestra, su biznieto Benjamín Lee Guinness muere y deja a sus cuatro hijos a cargo de un imperio que en ese momento ya daba trabajo a uno de cada diez habitantes de la ciudad. De ahí en más, lo que sigue no es la historia de una empresa: es la historia de una familia que descubre que el apellido pesa tanto como la cerveza que llevan en la sangre.

La nueva serie de Netflix, "La casa Guinness", reconstruye ese momento bisagra en ocho episodios que arrancan en Dublín, en 1868, con el funeral del patriarca como detonante. A partir de ahí, la producción se mete de lleno en los pasillos de una dinastía que tiene tanto para perder como para repartir. Lo que me interesa como espectador —y seé que a varios de ustedes también— es que la serie no se queda en el cotillón de la alta sociedad irlandesa del siglo XIX, sino que abre la puerta para mostrar cómo el dinero de los Guinness se cruzaba con una Irlanda que empezaba a discutir su lugar dentro del Imperio británico y cómo esa pelea chica de sobremesa se mezclaba con una pelea mucho más grande que se dirimía en las calles.

Dublín, 1868: el escenario antes que la trama

Antes de hablar de los personajes, vale la pena detenerse en el lugar. La serie se rodó en locaciones reales de Irlanda y Gran Bretaña, y se nota. Las calles de Dublín aparecen embarradas, con carruajes, humo de chimenea y esos pubs oscuros donde la stout negra se sirve a temperatura ambiente. Es el Dublín de antes de la independencia, una ciudad todavía formalmente parte del Reino Unido pero donde ya se escuchan los primeros susurros de un nacionalismo que va a terminar explotando. La cervecería de St. James’s Gate —la misma que hoy se puede visitar y tomarse una pinta en su bar interno— funciona en la ficción como un personaje más, casi un monasterio industrial donde se reza en honor al lucro.

En ese contexto, Steven Knight —el mismo creador de "Peaky Blinders", por si el nombre no les dice nada— vuelve a hacer lo que mejor sabe: mezclar drama familiar con violencia de época y tensiones de clase. La apuesta es clara. Si en los suburbios de Birmingham los Shelby se hacían el lugar a fuerza de navajas, en el Dublín de los Guinness las armas son otras, igual de filosas: los contratos, los matrimonios arreglados, las inversiones en ferrocarriles, la compra de diputados. Todo vale cuando hay una fortuna en juego.

Los herederos: cuatro hermanos y un solo trono

  • Arthur Guinness (Anthony Boyle): el mayor de los hermanos, el que queda al frente del negocio y el que carga con la responsabilidad de mantener la marca familiar como si fuera un templo.
  • Edward Guinness (Luis Partridge): el más ambicioso, el que entiende que en el siglo XIX el verdadero poder se mide en aciones del Ferrocarril y no en barriles de cerveza.
  • Anne Guinness (Emily Fairn): la hija que la serie imagina como el ojo crítico de la familia, la que ve las miserias que los varones prefieren no mirar.
  • Los primos y tíos del segundo anillo (Fionn O’Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly): un reparto coral que funciona como coro griego y como bomba de relojería.

Más allá de los nombres, lo que a mí me enganchó —y lo digo siendo honesto, porque no esperaba engancharme— es que la serie elige contar el conflicto desde adentro. No hay un villano absoluto y no hay un héroe limpio. Hay personas reales tomando decisiones reales en un momento en el que Irlanda estaba dejando de ser una cosa para empezar a ser otra. Eso le da a "La casa Guinness" una densidad que muchas producciones de época no se bancan y que, en mi opinión, la separa del resto del streaming.

Mi recomendación, sin vueltas

Si les gustó "Peaky Blinders", si disfrutaron "Los Bridgerton" pero les faltó algo más áspero, o si simplemente les copa la idea de ver cómo se cocina un imperio económico desde la cocina y no desde el balance, esta serie les va a gustar. Son ocho episodios de unos cincuenta minutos cada uno, disponibles desde hoy en Netflix, con la opción de ver el primero gratis en plan sin publicidad y el resto incluido en cualquier suscripción estándar. Yo les sugiero maratonear los primeros cuatro un sábado a la noche, con una pinta de stout irlandesa al lado —si no es Guinness, mejor, así no se confunden de capítulo— y guardar los cuatro finales para el finde siguiente, cuando ya estén tan metidos en la familia como yo. No se van a arrepentir.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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