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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Rubén Rada se fue y dejó una lección que todavía suena: la música se reinventa o se apaga

El músico uruguayo murió en las últimas horas y sus últimas reflexiones sobre los artistas que vienen, el rap, los nietos y la necesidad de no quedarse quieto se leen ahora como una despedida y como una herencia. Un recorrido por sus palabras más recientes y por la idea que las conecta: para Rada, la evolución no era una opción, era la única forma de sostener una carrera.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Rubén Rada se fue y dejó una lección que todavía suena: la música se reinventa o se apaga

"Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos". La frase es de Rubén Rada y vuelve a circular desde que se conoció la noticia de su fallecimiento, porque resume con una lucidez poco habitual la manera en que el músico uruguayo miraba la escena que lo rodeaba en sus últimos años de vida. Tenía razón, y uno la siente todavía más fuerte cuando se la escucha ya sin su autor sentado del otro lado del micrófono.

Quiero arrancar por acá, por el lugar antes que por el hecho: Rada venía de Montevideo, de una cocina musical que mezcló candombe, jazz, rock y murga durante más de seis décadas, y desde ahí hablaba de los pibes nuevos sin la vieja pose del maestro que mira en menos. En entrevistas recientes había nombrado uno por uno a Tini, Trueno, Wos, Conociendo Rusia, Nafta y Catriel, y no como gesto Marketinero sino con conocimiento de causa, porque los había escuchado, los había seguido y, en varios casos, los había tratado durante sus visitas a la capital uruguaya.

Pibes nuevos que rompen

“Tini, Trueno, Wos y una cantidad de artistas nuevos que están rompiendo. Conociendo Rusia. Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho.”Rubén Rada

A esa lista hay que sumarle los nombres que Rada mencionaba casi con tono de afecto familiar: Ricardo Mollo, El Plan de la Mariposa, y un puñado de figuras con las que se cruzaba cada vez que recalaba en Montevideo. No era un saludo formal: era un vínculo que se notaba en cómo los nombraba, sin salvarlos ni redimirlos, simplemente poniéndolos en el mapa.

La canción con el rapero y los nietos que lo aprobaron

Para graficar su propia postura frente a los nuevos lenguajes, Rada contaba una anécdota que en los últimos meses se volvió casi un emblema de su manera de pensar. Dijo que había grabado un tema con un artista de rap y que esa canción había acumulado quince millones de reproducciones en las plataformas. Lo más jugoso del relato era el remate: sus nietos, que lo habían visto durante décadas encima de los escenarios, le confesaron que recién ahí se había "ido para arriba". A Rada, lejos de ofenderle, esa mirada lo confirmó en algo: que los códigos del presente hay que leerlos con las claves del presente, no con las del manual de hace cuarenta años.

La advertencia que sobrevuela a las nuevas generaciones

  • Que se diviertan, pero que se acuerden de que no pueden quedarse en ese lugar.
  • Que después de ese primer gran golpe tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.
  • Que la evolución es la única manera de sostener una carrera en el tiempo.
  • Que el público perdona casi todo, menos la repetición sin riesgo.

Esa última lista, ojo, no la armó Rada como un decálogo ni la dejó escrita en un cuaderno: la fue desplegando en distintas conversaciones a lo largo del último año. Pero las cuatro ideas aparecen una y otra vez en sus declaraciones, como una advertencia afectuosa dirigida a los que están empezando. No son reclamos desde el pedestal del veterano, son consejos de alguien que vio a muchos colegas apagarse por no animarse a cambiar.

El lugar que eligió para sí mismo

Hubo otra frase de Rada que recorrió el mundo de la música mucho antes de su muerte y que ahora se releyó con otra carga: "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público". Lo dijo con una mezcla de resignación y de orgullo que a mí, personalmente, me resultó conmovedora, porque hablaba de un tipo que a los ochenta y pico seguía cantando con la autoridad de un debutante, asumiendo que su lugar en la escena estaba más del lado de los pares que del reconocimiento masivo. No se lo lamentaba: lo constataba, y en esa constatación había también una lección sobre los modos en que se construye un legado en la música popular.

Ir a despedirlo: horario y precio

Para los que quieran acercarse a despedirlo en Montevideo, la recomendación es clara: consultar la agenda de la Intendencia y de la Sala Zitarrosa durante el fin de semana, donde suele haber de homenaje con entrada gratuita o a precios muy accesibles (entre 200 y 600 pesos uruguayos, según el caso). Los horarios suelen arrancar a las 20 y extenderse hasta la madrugada, porque a Rada le gustaba que la música se estirara. Vale la pena ir, no solo por el homenaje, sino porque en cada una de esas noches va a quedar flotando esa idea que él repitió hasta el final: la música se reinventa o se apaga, y no hay nostalgia que sostenga a un artista quieto en el tiempo.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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