Rubén Rada se despidió en silencio y le deja al Uruguay más de diez discos todavía guardados
Lucila Rada, su hija mayor, escribió una carta pública donde cuenta los últimos instantes junto al músico, el velatorio en el Palacio Legislativo, la marcha con candombe hasta el Cementerio del Norte y la decisión familiar de ir publicando de a poco el material que su padre dejó sin editar.
"Yo soy la plena, yo soy el sabor", cantaba Rubén Rada cuando el Uruguay todavía no terminaba de entender que de esas cuerdas podía salir una manera nueva de mirar el Río de la Plata. Lo repitió durante décadas, con esa voz arenosa y cálida que parecía sacada de un puerto montevideano cualquiera, y por eso me parece justo arrancar esta nota con esa frase: porque lo que acaba de pasar en Montevideo no fue un velorio clásico, fue la confirmación de que esa canción sigue viva en la calle, en los tambores, en las bocinas de los autos que acompañaron el cortejo hasta el Cementerio del Norte. Te lo cuento como lo viví desde acá, con la misma mezcla de respeto y cercanía que se respiró en esos días.
El instante 0, en la sala del sanatorio
El miércoles 26 de agosto, la familia de Rubén Rada recibió la noticia que nadie quiere recibir. Estaban todos juntos, rodeándolo, en lo que su hija mayor Lucila Rada describió con crudeza y con una precisión casi médica como el "instante 0" del duelo. Antes de que se fuera, le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir cuando ya no estuviera y repasaron con él todo lo que había dejado en cada uno. La propia Lucila escribió que a su padre no le quedó "ni un solo gesto" de amor, generosidad, humor o talento pendiente: lo dijo con la tranquilidad de quien tuvo tiempo de decírselo a la cara, mirándolo a los ojos, mientras él se iba con una expresión que ella definió como "pacífica y satisfecha". Esa imagen, la de un padre despidiéndose en calma con los suyos alrededor, es la que sostiene toda la carta pública que la familia difundió en los días siguientes.
La salida al mundo y el km 0 del dolor colectivo
Cuando los Rada salieron de la sala y miraron los teléfonos, se encontraron con otra cosa. Los mensajes no paraban. Gente del mundo del arte, del fútbol, de la política, vecinos de toda la vida, anónimos que habían crecido con "El tambor" o con "Lobo de pelo largo". "Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado", escribió Lucila, y entonces propuso una imagen potente: lo que había empezado como un instante íntimo se transformó, por culpa del cariño de la gente, en el "km 0" de un camino colectivo. La familia entendió enseguida que no estaba despidiendo a un padre en privado, sino acompañando al Uruguay a despedir a uno de los suyos. Y eso, lejos de agravar el duelo, lo volvió, según sus propias palabras, más llevadero.
Muriendo de plena, en el Palacio Legislativo
El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo y la familia lo cuenta como si todavía no terminaran de creer lo que vivieron adentro de ese salón. Lucila hizo mucho foco en los rostros: gente de todas las edades, de todos los sectores, con una tristeza "sin amargura", como la definió ella misma. Hubo abrazos largos, flores, lágrimas, y también, claro, hubo baile y hubo risa, porque a Rubén Rada no se lo puede despedir sin las dos cosas. Su voz sonó durante todo el homenaje, como si se negara a dejar el escenario. La familia agradeció especialmente a las autoridades del Palacio por haber entendido la dimensión del asunto y haber cedido el espacio, algo que no es menor si uno conoce lo protocolar que suele ser ese edificio.
La caravana por Isla de Flores y el candombe
Después del velatorio vino el cortejo hasta el Cementerio del Norte, por la calle Isla de Flores, y ahí la postal que va a quedar en la memoria colectiva. Una multitud lo acompañó a pie, con autos, con bocinas, con tambores. Lucila Rada destacó en su carta tres imágenes que la golpearon especialmente, y vale la pena repasarlas porque dicen mucho de cómo se vive el duelo en esta orilla del Río de la Plata:
- Dos jóvenes que siguieron toda la caravana en monopatín, con un parlante a todo volumen, como si el asfalto fuera una prolongación directa del Cementerio del Norte.
- Decenas de personas que se volcaron a la calle vestidas con prendas rojas, en un gesto que mezcló el luto con la fiesta, muy en clave rioplatense.
- Un círculo de tambores que sonó durante todo el recorrido y que le puso al cortejo una cadencia de murga y de candombe a la vez, como si Montevideo entero estuviera tocando para él.
Para la familia, esa manera de despedirlo estuvo en línea con lo que el propio Rada había dejado dicho en su disco "Muriendo de plena": una idea de irse con música, en movimiento, sin solemnidad vacía, de la misma forma en que había cantado durante toda su carrera.
Más de diez discos inéditos, el capítulo que viene
El mensaje de Lucila Rada no terminó en el cementerio, y eso es lo que más interesa a los que seguimos su música. La hija confirmó que Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar, una producción guardada que la familia tiene la intención de ir dando a conocer de manera gradual, sin apuro, con el mismo cuidado con el que él elegía qué grabar y qué dejar en el cajón. No hay todavía fechas concretas ni un plan de difusión detallado, pero la señal es clara: el archivo personal del músico no se va a quedar en un depósito, va a salir. Para mí, que lo vengo escuchando desde los tiempos del café concert montevideano, esto es casi una promesa de continuidad: Rada se fue, pero todavía tiene cosas para decirnos. La música, en su caso, sigue siendo el mejor lugar donde encontrarse.
“Toda la música que papá dejó grabada y que todavía no salió va a ir llegando. La vamos a dar a conocer de a poco, como a él le hubiera gustado.”Lucila Rada, hija del músico
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