Roddick, Del Potro y la noche que el Arthur Ashe no puede terminar de digerir
El estadounidense volvió al estadio donde cerró su carrera y eligió al tandilense como su favorito absoluto, con la ironía y la tristeza a flor de piel: las lesiones, otra vez, como verdugo.
Volvió al Arthur Ashe Stadium, esa mole de cemento que aplaude y aplasta al mismo tiempo, y Andy Roddick se acordó de lo que todos nos acordamos: el último partido de su carrera lo perdió contra un flaco de Tandil que mide dos metros y tiene cara de no haber roto un plato. Así, sin anestesia, el estadounidense contó en una exhibición con Roger Federer que Juan Martín del Potro es su favorito absoluto. Uno de mis mejores amigos más cercanos es la persona que me retiró en el Arthur Ashe, dijo, como quien confiesa un secreto a voces.
El gigante gentil y el partido que nadie quiere revivir
Delpo, el gigante gentil, lo bautizó Roddick, y la definición no es casual: describe a un tipo que te quiebra en la cancha con un drive y después te invita a un asado sin pedirte el celular. Esa mezcla de potencia y buena gente es, probablemente, lo que vuelve tan pesada la pregunta del qué hubiera pasado.
“Fue uno de los pocos que de alguna manera se metió entre los grandes. Pienso en él con entusiasmo por cómo es como persona. También lo pienso con tristeza, porque es uno de los mejores jugadores que he visto y desearía que hubiera tenido más tiempo y más salud.”Andy Roddick
La frase tiene doble filo y Roddick lo sabe. Por un lado, el elogio más sincero que un ex número uno del mundo puede hacerle a un colega: meterlo en la misma conversación que Federer, Nadal y Djokovic ya es un título nobiliario del tenis. Por el otro, la admisión de lo evidente: las lesiones fueron un cartero que pasó por la puerta de Del Potro más veces que un amigo con el diario atrasado.
El currículum que duele
- US Open 2009: campeón, con victoria sobre Federer en la final.
- Número 3 del ranking ATP, techo de su carrera.
- Cuartos de final o más en los cuatro Grand Slam.
- Derrota a Roddick en el US Open 2012, último partido del estadounidense.
- Múltiples operaciones de muñeca que lo alejaron del circuito en reiteradas oportunidades.
- Retiro definitivo condicionado por las lesiones, en una despedida más larga de lo que cualquier hincha hubiera querido.
La ironía, claro, es que el partido que terminó con la carrera de Roddick también podría haber sido el punto de partida de algo enorme para Del Potro. Venía de ganarle a Djokovic en la previa del US Open 2009, era top ten, tenía un juego que no se parecía a nada. Después vinieron las muñecas, las operaciones, los regresos a medias, los flashes de su mejor nivel entre algodones. Como una guitarra a la que le sacás una cuerda y todavía suena bien, pero no como debería.
Roddick no lloró sobre la cancha ni armó un discurso épico. Lo suyo fue más de americano práctico: amigo, lo banco, me duele lo que te pasó, sos mi favorito. La verdad que, viniendo de alguien que se retiró derrotado por él, el elogio vale doble. No es piedad, es reconocimiento de uno que sabe lo que es estar del otro lado de la red cuando se te acaba el tenis.
La pregunta que el tenis todavía se hace
¿Cuánto le sacó la muñeca a Del Potro en títulos, en Grand Slams, en noches como las del Arthur Ashe? Nadie lo sabe con certeza, pero Roddick tiró la pista: fue uno de los pocos que se metió entre los grandes, y lo dijo con la voz de alguien que conoce el peso exacto de esas palabras. Lo demás, lo que pudo haber sido, queda en el terreno del imaginario, que es el barrio donde viven los mejores jugadores que las lesiones no dejaron terminar.
Mientras tanto, en el Arthur Ashe volvió a sonar el eco de un partido de 2012 que nadie puede mirar como un partido más. Para Roddick fue el final, para Del Potro debería haber sido el principio de otra cosa. La vida, el tenis y las muñecas dijeron que no. Veremos qué nos queda de esta historia, que ya lleva más de una década sin cerrar del todo.
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Santa Cruz Informa