Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Por qué la primera comida del día puede cambiar la mañana de un chico en la escuela

Una revisión de estudios vinculó saltarse el desayuno con peor rendimiento escolar, aunque los especialistas aclaran que eso no significa que la omisión sea la causa. La clave, dicen los expertos, está en resolver esa comida con proteínas y fibra, y en dejarla medio lista antes de dormir.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Por qué la primera comida del día puede cambiar la mañana de un chico en la escuela

Son las siete y veinte de la mañana en una casa cualquiera de acá, en Buenos Aires, y la cocina todavía huele a café. La heladera abierta, la tostadora enchufada, un chico de nueve años que entra corriendo con la mochila a medio cerrar y una madre que intenta meterle algo en el estómago antes de que el colectivo lo lleve a la escuela. ¿Le alcanza con un vaso de leche? ¿O ya está saliendo otra vez con el estómago vacío? La escena se repite, con variantes, en miles de hogares argentinos, y un conjunto cada vez mayor de investigaciones viene diciendo que ese primer bocado del día puede inclinar la balanza de toda una jornada escolar.

Lo que dicen los estudios y lo que no

Una revisión sistemática que reunió 45 trabajos encontró que desayunar puede favorecer la atención, la memoria y la llamada función ejecutiva —la capacidad de organizar, planificar y resolver problemas— en comparación con seguir en ayunas. Los resultados, aclaran los autores, no fueron uniformes: dependieron del tipo de prueba aplicada y de las características de los participantes, y los beneficios aparecieron con más frecuencia cuando en el medio había chicos con alimentación insuficiente o desnutrición.

En paralelo, un análisis de 24 estudios observacionales asoció saltarse el desayuno con un mayor riesgo de desempeño académico bajo. Pero atención, porque esto no significa que no desayunar provoque malas calificaciones: en esa relación también se meten las horas de sueño, el bolsillo familiar, la calidad general de la alimentación y las rutinas de estudio. Dicho de otro modo, omitir el desayuno puede ser una señal de alerta, no una sentencia.

La receta de la dietista: proteínas y fibra, y nada de apurones

Para que las prisas de la mañana no se traduzcan en chicos que pasan cinco horas sin probar bocado, la dietista Jennifer Hyland, del hospital de niños Cleveland Clinic, en Estados Unidos, propone una estrategia bastante terrenal: preparar lo que se pueda la noche anterior. En su consultorio lo repite una y otra vez, porque sabe que el problema casi nunca es la falta de voluntad sino la falta de tiempo.

La especialista enumera opciones concretas:

  • Avena remojada lista para servir o llevar en un pote.
  • Huevos hervidos con anticipación y guardados en la heladera.
  • Fruta ya lavada y cortada, a mano en la puerta de la heladera.
  • Sándwiches de huevo que se pueden freezar y calentar a la mañana siguiente, una idea que también difunde Cleveland Clinic.

A la hora de armar el plato, Hyland pide pensar en dos columnas: proteínas y fibra. Esa combinación, explica, ayuda a sostener la saciedad y evita que el hambre vuelva antes del recreo. Algunos ejemplos que ella menciona: un huevo con una tostada integral, un cereal integral con leche y fruta, o un pote de yogur griego con granola de bajo contenido en azúcar.

La recomendación viene con un cuidado: conviene no abusar de las opciones con mucho azúcar porque pueden dejar hambre al rato y generar un descenso posterior de la energía, justo cuando más se necesita. Y un llamado de atención para los padres y madres que dan por sentadas las necesidades de proteína de los más chicos: no existe una cantidad única válida para todos, depende de la edad, del tamaño corporal y de la etapa de crecimiento.

Lo que aún no se sabe

Aunque la evidencia acumula indicios, todavía no se pudo definir un desayuno ideal ni quedó demostrado que los programas escolares que incentivan esa comida mejoren el rendimiento de manera sostenida. La organización del día anterior, la consulta con el pediatra y el sentido común siguen siendo, por ahora, las herramientas más firmes. Mientras tanto, en esa cocina de las siete y veinte, alcanza con tener un huevo duro y una fruta lavada esperando en la heladera para que la mañana arranque de otra manera.

“Después del ayuno nocturno pueden aparecer cansancio, menor claridad para pensar y lentitud física. Desayunar aporta energía para afrontar las primeras horas de actividad.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s
LB
Lucía BarríaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo