Paredes, el capitán de vidrio: otra vez al quirófano y a rezar para llegar al superclásico
Desgarro grado 2 en el isquiotibial derecho, a los 16 minutos de haber entrado. Se pierde la semifinal con Vasco da Gama y su llegada al 1° de noviembre es una lotería. Es la sexta lesión del año.
Llueve en Buenos Aires y, como si el clima se hubiera puesto de acuerdo con el destino de Boca, Leandro Paredes volvió a romperse. Otra vez. La misma zona, el mismo fastidio, el mismo jugador mirando al cielo con cara de pocos amigos. Ingresó a los 16 minutos del segundo tiempo ante Instituto en Córdoba, reemplazó a Milton Delgado y, antes de que se secara la transpiración, pidió el cambio con un pinchazo en la cara posterior del muslo derecho. Los estudios no dejaron dudas: desgarro grado 2 en el isquiotibial. Mínimo tres semanas de recuperación. Una más a la lista.
La ironía es casi deportiva: el tipo que se rompió en abril, en mayo, en agosto y en septiembre, vuelve a romperse en octubre. Es la sexta lesión del año, la quinta muscular. Si Paredes fuera un electrodoméstico, ya estaría fuera de garantía hace rato. Pero es el capitán, el referente, el que el hincha quiere ver siempre. Y el que el cuerpo no le deja.
Lo que se pierde y lo que podría jugar
La consecuencia inmediata es la semifinal de la Copa Sudamericana contra Vasco da Gama. Boca recibe al club brasileño en la ida sin su caudillo y, por supuesto, tampoco lo tendrá en la revancha en Río. Existe la chance de que viaje para acompañar al grupo, hacer el viaje, levantar la moral desde el banco o el palco, algo así como un cábala con piernas pero sin jugar. Después de eso, el superclásico ante River del 1° de noviembre en la Bombonera queda en zona de niebla. Las tres semanas de plazo coinciden exactas con la fecha, así que el alta médica es una carrera contra el reloj, contra el isquiotibial y contra la historia clínica.
Un historial que ya preocupa
- Abril: molestia en el isquiotibial derecho durante el superclásico en el Monumental.
- Mayo: nuevo desgarro en el mismo lugar antes del Mundial de Clubes, lo que condicionó su preparación y lo dejó afuera de los amistosos en Estados Unidos.
- Agosto: el isquiotibial izquierdo le dio problemas frente a Platense.
- Septiembre: repitió la zona lesionada contra Vélez por Copa Argentina.
- Octubre: el desgarro volvió al lado derecho, esta vez con grado 2 confirmado.
Es decir: en siete meses, cinco golpes en la misma zona. El cuerpo de Paredes empieza a parecerse a esa herramienta que uno guarda en la caja y nunca funciona cuando la necesita. Y acá lo necesitan.
Los números y las opciones de Arruabarrena
En los nueve partidos que Boca jugó en 2026 sin su capitán, el equipo cosechó cuatro victorias, cuatro empates y una derrota. La efectividad con él dentro de la cancha es del 60 por ciento; sin él, del 59. Los números son casi calcados, lo que confirma que Paredes no es imprescindible en el resultado, pero sí en la forma: sin él, el juego cambia, se vuelve más horizontal, más lento, más parecido a un Boca de domingo a las cinco de la tarde.
Para cubrir el hueco, Rodolfo Arruabarrena ya movió fichas. Williams Alarcón ingresó ante Instituto en su lugar y fue la primera respuesta desde el banco. Camilo Rey Domenech, que ya reemplazó al capitán en otros encuentros y viene de recuperarse de una molestia jugando en Reserva, es el que más se ajusta al perfil por características: pase corto, ubicación y cabeza. Tomás Belmonte aparece como la otra variante, el reemplazante más frecuente en lo que va del año. Son tres opciones para un puesto que, cuando está sano, no tiene dueño.
Paredes, mientras tanto, empezará una nueva rehabilitación en medio de la seguidilla más importante del semestre. Veremos si el isquiotibial le da tregua esta vez. Veremos si llega al superclásico. Veremos si Boca, sin su capitán, puede con Vasco da Gama y, de yapa, con la historia.
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Santa Cruz Informa