Neuquén, en alerta: el suelo ya no absorbe más y las tormentas pueden armar una emergencia en minutos
Tras años de sequía, las lluvias recientes hacen que el agua corra hacia arroyos y cañadones que parecían olvidados. Qué hacer antes de que llegue la creciente, según las autoridades y los vecinos que ya pasaron por esto.
Son las cinco de la tarde en Valentina Norte y el cielo empieza a cerrarse con ese tono amarillento que acá, en Neuquén, ya nadie mira en menos. Rosa, 52 años, sale al patio y mira hacia el cañadón que corre a dos cuadras de su casa. "Mirá, otra vez", me dice mientras señala la tierra que ya no chupa más el agua. Es que después de décadas sin llover como corresponde, el suelo de la provincia llegó a un punto en el que no da más: cada gota que cae, en vez de quedarse, busca la salida más rápida y termina en los arroyos, en los cañadones, en las zonas bajas que durante años parecieron seguras y que de un día para el otro vuelven a ser un problema.
Tormentas que se arman en minutos y golpean lejos de donde llueve
Lo que más preocupa a quienes trabajan en la emergencia no es tanto la cantidad de agua que pueda llegar, sino la velocidad con la que todo cambia. Lo explicó de manera muy clara Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, cuando me describió cómo funciona el fenómeno: las tormentas convectivas se forman en pocos minutos y pueden descargar volúmenes enormes en un área reducida. Un barrio puede pasar el día sin un charco y, de golpe, terminar anegado. Y hay algo todavía más traicionero, y es que el agua no siempre cae donde hace el daño: una tormenta intensa en una cuenca alejada puede transformar un arroyo que parecía tranquilo en un río con fuerza suficiente como para arrastrar lo que se le cruce.
Antes de que llegue la emergencia: lo que hay que tener resuelto en casa
Desde la Secretaría provincial vienen difundiendo una serie de recomendaciones que, mirándolas con detenimiento, son las mismas que los vecinos que ya pasaron por una creciente repiten como un mantra. La más urgente, y acá me permito ser muy enfática, es saber antes de que pase cómo se sale del barrio: hay que conocer las vías de evacuación, los puntos de encuentro y los centros que tiene definidos cada municipio. Cuando el agua sube, el tiempo de reacción se acorta muchísimo y no hay margen para improvisar.
- Identificar en la familia o el entorno a quienes puedan necesitar ayuda para moverse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, vecinos con dificultades de movilidad.
- Armar un kit de emergencia con documentación, alimentos no perecederos, agua potable en reserva, linterna y todo lo necesario para hacer frente a un corte de luz.
- Reservar agua potable en cantidad: las emergencias suelen afectar los sistemas de abastecimiento y el líquido se convierte en lo primero que falta.
- Tener lista y a mano la mochila con lo indispensable para abandonar el hogar si las autoridades lo indican.
- En zonas rurales o de accesos complicados, contemplar la posibilidad de quedar aislados durante un tiempo y saber a dónde dirigirse en ese caso.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede convertir un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
Hay un dato que a mí, particularmente, me golpea mucho y que vale la pena repetir: durante la sequía que arrastramos desde hace años, muchos arroyos y cañadones de la provincia se fueron secando y la gente construyó, construyó y construyó alrededor. Hoy, con el fenómeno de El Niño empujando lluvias por encima de lo normal, esos cauces viejos empiezan a recordar que alguna vez fueron ríos. Desde la Secretaría ya están trabajando en identificarlos para alertar a los vecinos antes de que el agua vuelva a tomar lo que es suyo.
Vuelvo a la casa de Rosa en Valentina Norte. Ya oscureció y no cayó ni una gota, pero ella igual tiene la mochila lista en la pieza del fondo y un bidón de agua al lado de la mesita de luz. "Uno se cansa de escuchar que hay que prepararse", me dice con una sonrisa que es más de resignación que de otra cosa, "pero cuando te toca, aprendés que lo que hiciste antes es lo que te salva después". En Neuquén, esa frase dejó de ser un consejo genérico para convertirse en una necesidad muy concreta.
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