Marta Fort y el día a día en la cocina: clases, diez comensales y una entraña como carta de presentación
La hija de Ricardo Fort contó que toma clases diarias con un chef y que reúne a diez personas para probar los platos que va a llevar a MasterChef Celebrity. También habló de su programa de streaming y de las ganas de volcarse al teatro.
"Me da timidez la devolución del jurado, pero voy a ir por todo", dice Marta Fort desde el otro lado del teléfono, con esa mezcla de frescura y nervio que se le nota cuando se pone a hablar de la cocina y, también, cuando se acuerda de la mesa larga de la casa de su padre. Es que la chica que durante años fue apenas un nombre repetido en las revistas del corazón, hoy está abocada de lleno a una preparación que tiene más horas de cocina que de cámara:MasterChef Celebrity la espera, y ella ya calienta el horno todos los días con clases particulares y cenas con amigos a las que les va sirviendo, plato por plato, los ensayos que después piensa llevar al set de Telefe.
Las clases con el chef
Lo primero que aclara Marta es que nadie se imagine una aprendiza que se tira a la pileta y va viendo qué sale. Lejos de eso, su rutina tiene una disciplina casi de oficina: toma clases privadas con un chef, todos los días, y en esas prácticas se ocupa de los detalles que separan un plato casero de un plato que se puede defender delante de tres jurados que saben tanto de gastronomía como de televisión. "Trabajo sobre recetas y ajustes concretos, como moderar la cantidad de sal que utilizo", me cuenta, como si estuviera describiendo una de esas clases de piano en las que el profesor insiste con la misma escala hasta que el alumno la saca limpia.
Diez comensales y una entraña
Las pruebas, además, las hace en casa, rodeada de gente. La dinámica que armó es simple y, a la vez, muy exigente: reúne a diez personas, les sirve un menú que practicó con el chef y se queda escuchando, con elantal todavía puesto, qué les pareció cada preparación. Es una especie de función ensayo antes de la función definitiva, y le sirve para medir dos cosas a la vez: si el plato gusta y si ella se banca la devolución en vivo. "Esas reuniones forman parte del entrenamiento que comencé cuando me confirmaron la participación en el certamen", reconoce, y se ríe cuando le digo que, en el fondo, está armando una especie de jurado paralelo, más afectuoso pero igual de observador que el oficial.
Entre lo que ya pasó por la mesa mencionó dos clásicos que le sirven de termómetro:
- Pollo al verdeo, una de esas recetas que parecen sencillas hasta que hay que sacarlas adelante con diez personas mirando.
- Carnes en distintas variantes, el rubro en el que se siente más cómoda y al que vuelve cada vez que necesita probar algo seguro.
Para la presentación familiar tiene una fija: la entraña. La eligió porque es su comida preferida desde la infancia y porque le permite apoyarse en un plato que conoce de memoria mientras incorpora las herramientas de las clases. En criollo: quiere empezar el torneo pisando terreno firme, no exhibiendo un experimento que le pueda salir mal delante de Maru Botana, Germán Martitegui y Damián Betular.
Los nervios, el streaming y el teatro
Cuando se le pregunta por los nombres propios del jurado, la Marta mediática se ordena detrás de la Marta cocinera. "Me intimida exponer mi trabajo ante especialistas", admite, y se la nota sincera, sin el tonito impostado de los realities. Igual, dice, va con todo. Esa mezcla de timidez y decisión es, me parece, una de las cosas que la hacen interesante para ver en la pantalla chica: no llega como la heredera mediática que se juega una pantalla por capricho, sino como alguien que sabe que se puede quemar y, aun así, se para frente al horno.
El debut en MasterChef se suma, además, a un presente profesional bastante movido. Conduce un programa de streaming en el que se siente cómoda para proponer ideas, hacer entrevistas y, si la dejan, hasta cocinar en vivo. Esa práctica frente a cámara no le llegó sola: la recuerda con una sonrisa cuando repasa su paso por la cobertura de un campeonato de fútbol en Estados Unidos, a la que llegó "sin conocimientos del deporte" y de la que salió, dice, con más herramientas de las que esperaba para pararse delante de un micrófono. Esa experiencia, reconoce, le sirvió de empujón para animarse a la conducción y, sobre todo, a bancarse la devolución en vivo de cualquier interlocutor, ya sea un especialista en carnes o un entrevistado que se le complica.
En el horizonte, además, asoma otro viejo anhelo que pocas veces había contado en público: el teatro. Marta reconoce que le gustaría probar la actuación y relaciona ese deseo con los recuerdos de las temporadas teatrales de su padre, Ricardo Fort, a las que iba de chica y donde se fue empapando, sin proponérselo, del oficio de subir a un escenario. Aclara que tiene poca formación actoral, pero considera que ya es tiempo de encarar esa experiencia. Por ahora, ladad pasa por la cocina: las clases con el chef, las cenas con los diez comensales y la búsqueda de la receta justa. Pero si algo deja claro esta charla es que para Marta Fort el 2026 tiene, como mínimo, dos frentes abiertos al mismo tiempo: el delantal y las tablas.
“Las clases y las comidas de práctica forman parte de la preparación para MasterChef, pero también del modo en que Marta se está animando a ocupar otros lugares: el de conductora, el de cocinera y, pronto, tal vez, el de actriz. Por lo pronto, recomienda acercarse a la pantalla de Telefe en el horario que el canal confirme para el estreno del ciclo y tomar nota del menú, porque la entraña, me dice entre risas, "la voy a defender con la misma convicción con la que mi papá defendía cada función".”
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