Marina, la astrónoma que perdió las estrellas antes de apagar la suya: "Estrellada" llega a Villa Crespo con una historia de traición y de cielo
La dramaturga y directora Verónica Litvin estrena en Buenos Aires su segundo unipersonal, con Victoria Baldomir como única intérprete. La pieza recorre la vida de una astrofísica desplazada de su propia investigación y se apoya en historias reales de mujeres silenciadas por la ciencia del siglo XX.
"Yo no me voy a ir de acá hasta que me digan qué fue de mi tesis". La frase la suelta Marina ya entrada la obra, sentada entre objetos abandonados, mirando el cielo como quien mira una deuda pendiente. Y esa imagen, esa científica que no se rinde ni siquiera cuando todo le jugaba en contra, es la puerta de entrada a "Estrellada", el unipersonal que Verónica Litvin escribió y dirige y que desde este mes se presenta en Villa Crespo. Lo saido en voz alta por la propia Marina dentro del guion sirve como declaración de principios de una pieza que se mueve entre el humor, la ironía y el golpe bajo del drama, sin perder nunca de vista una idea central: hay una vocación que puede más que cualquier traición.
Un descampado que parece un observatorio
Antes de que la historia arranque de verdad, hay que situarse en el lugar. NüN Teatro Bar funciona en Juan Ramírez de Velasco 419, en el corazón de Villa Crespo, a pocas cuadras de la avenida Corrientes pero lo suficientemente lejos como para que el ruido de los bares céntricos no se imponga. Es una sala chica, cálida, con esa intimidad que pide un unipersonal. En escena, apenas algunos elementos dispersos sobre el piso: libros, papeles, lo que parece ser un catalejo viejo, una guitarra. Es un descampado, pero leído con ojos de científica, parece un observatorio. La puesta es austera y a la vez muy precisa, como corresponde cuando lo que se cuenta es, sobre todo, una historia de obsesión por entender el universo.
Marina es una astrofísica que dedica años a una investigación y, justo cuando alcanza un hallazgo relevante, recibe una carta que la saca del proyecto que ella misma lideró. No es un correo institucional cualquiera: la misiva es el punto de quiebre. A partir de ahí, la obra reconstruye su recorrido, desde la infancia hasta ese presente en el que camina por un terreno baldío con la decisión de no volver. La luz de las estrellas, que es casi un personaje más, va iluminando los objetos que la rodean y los convierte en espejo de su propia biografía: los descubrimientos, los amores, las renuncias, las personas que la ayudaron y las que la hundieron.
Ciencia con nombre de mujer
Lo que vuelve interesante a "Estrellada" es que no se queda en el lamento personal. La ficción se sostiene en experiencias reales de mujeres cuyos aportes científicos fueron apropiados o invisibilizados por investigadores hombres a lo largo del siglo XX. Es un tema que Litvin viene trabajando hace tiempo y que acá vuelve con toda su carga. La directora le agrega además una capa muy latinoamericana: la de investigar en contextos económicos inestables, la de discutir cada año si conviene quedarse en el país o irse a hacer una carrera afuera. Para una científica como Marina, mirar las estrellas tiene algo de ironía: es lo más alto que puede ver y, a la vez, lo que siempre parece fuera de alcance.
“Más allá de los sinsabores de la historia, creo que el corazón de Estrellada gira en torno a la vocación como fuerza vital, una especie de faro al que aferrarse.”Verónica Litvin, dramaturga y directora
Victoria Baldomir es la única intérprete sobre el escenario. Egresada de la Licenciatura en Actuación de la Universidad Nacional de las Artes, se banca solita hora y pico de función con una actuación que va del registro más contenido al estallido emocional sin que se note la costura. Hay algo de clown en ciertos picos de humor, hay algo de monólogo teatral clásico en los tramos más íntimos, y hay algo de ciencia popular bien explicada, al alcance de cualquiera que no sepa distinguir una nebulosa de un agujero negro.
La nueva Litvin, en su propia órbita
"Estrellada" es el segundo trabajo de Verónica Litvin como autora y directora. El primero fue "Verde infinito", que hizo dos temporadas e integró la Fiesta de Teatro CABA 2025, y que dejó buenas sensaciones en el circuito independiente. Antes, Litvin pasó por festivales de peso como el FIBA y el Festival Internacional de Dramaturgia, donde se formó como creadora con una mirada muy particular: le interesa cruzar géneros, mezclar el lenguaje científico con el poético, y nunca perder de vista la emoción por debajo del concepto.
Si te interesa el cruce entre teatro y ciencia, o si alguna vez te preguntaste por qué tan pocas mujeres aparecen en los libros de física y astronomía, este unipersonal te deja pensando mucho después de los aplausos. Es, además, una excusa perfecta para darse una vuelta por Villa Crespo un jueves a la noche, cenar por la zona y terminar en una sala donde se habla de estrellas sin que el cielo sea el límite. Yo fui, me quedé hasta el final y salí caminando más lento de lo habitual, mirando para arriba. Recomendación plena: vayan, dense tiempo, y después charlen la obra en un bar.
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