Los primeros 90 días con antipsicóticos: la ventana crítica que nadie debería mirar por encima
Un estudio con casi 97 mil pacientes en Inglaterra demostró que el azúcar en sangre y el peso se disparan con mucha más velocidad durante el primer trimestre de tratamiento, sobre todo con olanzapina. Los especialistas piden controles metabólicos antes de empezar y durante ese período clave.
Acá, en el mostrador de cualquier farmacia de barrio, la conversación suele girar en torno a cuándo se sentirá la mejoría y a cuántas pastillas alcanza con una caja. Pero hay un dato que casi nunca aparece en esa charla y que cambia todo: los primeros tres meses con antipsicóticos de segunda generación son, según una investigación reciente, la ventana más peligrosa para el metabolismo. Lo acaban de publicar en una de las revistas de psiquiatría más prestigiosas del mundo y el número de pacientes analizados es de los más grandes que se hayan visto para una pregunta así de puntual.
El trabajo, publicado el 14 de octubre en The Lancet Psychiatry, revisó las historias clínicas de cerca de 97 mil adultos ingleses que empezaron a tomar alguno de estos fármacos entre 2000 y 2023. Los autores midieron cómo se movían dos indicadores clave, el azúcar en sangre y el peso corporal, antes y después de iniciar la medicación. Lo que encontraron fue contundente: durante los primeros 90 días, el azúcar subió aproximadamente 14 veces más rápido y el peso unas 9 veces más rápido que en el período previo al tratamiento. Para dimensionarlo, los investigadores hablan de una aceleración enorme, casi un salto, en apenas un trimestre.
Olanzapina, la que más empuja el metabolismo
De los cuatro medicamentos analizados, olanzapina, quetiapina, risperidona y aripiprazol, la olanzapina fue la que mostró los cambios más pronunciados. En ese primer tramo, el azúcar en sangre creció unas 50 veces más rápido y el peso unas 10 veces más rápido. Es decir, no todos los antipsicóticos de segunda generación juegan en la misma liga: aunque todos comparten el mecanismo general, el impacto concreto en el cuerpo varía bastante de uno a otro, y eso es algo que, como pacientes o como familiares, vale la pena preguntar antes de empezar.
- Hacer un análisis de sangre completo que incluya glucemia en ayunas y, si es posible, hemoglobina glicosilada, antes de la primera toma.
- Pesar y registrar el peso basal, la talla y el perímetro de cintura, para tener un punto de comparación objetivo.
- Pedir un nuevo control de glucosa y de peso a las 4, 8 y 12 semanas, que es donde se concentran los mayores cambios.
- Si ya hay prediabetes, hablar con el equipo tratante sobre la elección del fármaco, porque no todos pesan igual sobre el metabolismo.
- Prestar atención a señales como sed excesiva, aumento de la orina, hambre constante o cansancio fuera de lo habitual en esos primeros meses.
El hallazgo no se distribuye parejo entre quienes empiezan el tratamiento. Las personas que ya tenían prediabetes al momento de la primera dosis desarrollaron diabetes tipo 2 en un 19 por ciento de los casos dentro de los dos años siguientes, frente al 3 por ciento de quienes partían con glucemias normales. Las mujeres también mostraron cambios más acelerados: su azúcar en sangre subió unas 24 veces más rápido durante los primeros 90 días, contra unas 10 veces en los hombres. No es un dato menor: implica que el sexo y el punto de partida metabólico pesan a la hora de decidir cómo y cuánto controlar.
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en la cabeza, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
El especialista, consultado por la prensa internacional, fue un paso más allá y remarco que la detección temprana permite actuar antes de que los cambios se consoliden. "Al verificar de manera temprana, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante", dijo. Esa frase, traducida al lenguaje de cualquier consultorio, significa algo muy concreto: hay tiempo para frenar el problema si uno se entera a tiempo. Y acá, en la Argentina, donde los controles metabólicos previos a la indicación de un antipsicótico siguen sin ser una práctica universal, el dato es un llamado de atención extra.
Pensemos en María, 52 años, vecina del barrio, a quien le acaban de indicar un antipsicótico de segunda generación. Si sale del consultorio solo con la receta y sin una orden de laboratorio para medirle la glucosa, está corriendo un riesgo evitable. No se trata de negar un tratamiento que muchas veces es imprescindible y cambia vidas, sino de acompañarlo con la vigilancia que merece. Después de todo, el mismo estudio muestra que pasado el primer trimestre la pendiente se suaviza: el metabolismo no deja de reaccionar, pero lo hace a otra velocidad. Esos primeros 90 días son la rampa de entrada, y es justo ahí donde conviene estar muy atentos. Como nos enseñan los propios investigadores, mirar a tiempo no es un detalle: es parte del tratamiento.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Santa Cruz Informa