Lizzie Borden vuelve a sacudir la pantalla chica con un debut que deja gusto a poco
La nueva entrega de la antología Monster aterriza en Netflix con Ella Beatty como protagonista, números de arranque por debajo de las temporadas anteriores y una recepción crítica que pide más de lo que ofrece. Acá te cuento qué propone, cómo se ubica en la saga de Ryan Murphy y por qué, pese a todo, vale la pena darle una oportunidad.
Les cuento de entrada, porque me parece lo más honesto que puedo hacer como periodista y como espectador de toda la vida: la nueva entrega de Monster, esa antología que Ryan Murphy e Ian Brennan vienen inflando temporada a temporada, arrancó en Netflix con 12,1 millones de visualizaciones en su primera semana, un número que la dejó primera en 60 países pero que, comparado con sus hermanas mayores, sabe a poco. Y ojo, no lo digo yo solamente: lo dicen los propios registros de la plataforma, que muestran que la historia de Jeffrey Dahmer debutó con 22 millones, la de los hermanos Menéndez con 12,3 millones en 2024 y la de Ed Gein con 12,2 millones. Así, tal cual, la de Lizzie Borden se convirtió en la entrega con el arranque más bajo de las cuatro, aunque por una diferencia chica respecto de las dos últimas.
Una nueva inquilina en la saga de los monstruos
Antes de meternos en los números y en las críticas, vale la pena detenerse un segundo en el lugar, porque acá lo que importa no es sólo lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Monster se transformó en estos años en una especie de parque de diversiones del horror real, un lugar donde cada temporada invita al espectador a asomarse a un caso criminal que ya conoce de memoria pero que la pantalla devuelve con musculatura renovada. En esta oportunidad la elegida es Lizzie Borden, esa mujer de fines del siglo XIX sospechada de matar a hachazos a su padre y a su madrastra en Fall River, Massachusetts, y que la cultura popular bautizó para siempre como la loca del hacha.
“La saga Monster se propuso desde el primer episodio revisar casos reales con una mirada que mezcla reconstrucción periodística, ficción deliberada y una voluntad casi fetichista de incomodar al espectador. Cada temporada funciona como una pequeña muestra ambulante de eso que llamamos el mal con rostro conocido.”descripción editorial del proyecto
La protagonista de esta vuelta es Ella Beatty, hija de la actriz Kathleen Turner y del empresario inmobiliario Jay T. Danson, que viene construyendo su propio camino en cine y televisión con títulos como Mank y algún pasaje por Stargirl. En esta oportunidad le toca cargar con un personaje histórico que ya fue interpretado por Elizabeth Montgomery, Christina Ricci y hasta por la siempre inquietante Meryl Streep en una recordada película para televisión. La elección de Beatty habla de una búsqueda deliberada de frescura, de alguien que no llegue con el lastre de las versiones anteriores.
- Formato: miniserie de ocho episodios, al igual que las entregas anteriores de la antología.
- Caso central: Lizzie Borden, sospechada del asesinato de su padre y su madrastra con un hacha en 1892.
- Protagonista: Ella Beatty, en uno de sus papeles más expuestos hasta el momento.
- Ubicación en la saga: cuarta entrega, después de Jeffrey Dahmer (2022), los hermanos Menéndez (2024) y Ed Gein (2025).
- Debut: 12,1 millones de visualizaciones en su primera semana en Netflix.
- Recepción crítica: 42% de valoraciones positivas en Rotten Tomatoes, la segunda marca más baja de la franquicia.
Los números de la semana uno: primer puesto global, pero en el fondo de la saga
Ahora bien, a mí lo que me interesa mirar con detenimiento es esto: Netflix suele presentar sus debuts como si fueran hazañas deportivas, y acá no es la excepción. La serie se subió al número uno en 60 países, una cifra que en cualquier análisis marketinero suena a descontrol. Pero cuando uno la pone en fila con el resto de la antología, aparece el dato incómodo: es la temporada menos vista en su estreno de las cuatro que van. La comparación no es caprichosa, porque estamos hablando de productos idénticos en estructura y promoción, producidos por el mismo equipo creativo y con presupuestos que, según se rumorea, no se diferencian demasiado entre sí. Algo en el recorrido de Lizzie Borden, o en la fatiga del público frente a la fórmula, parece haber pinchado el globo.
Y mientras los números de audiencia se cocinan a fuego lento, la crítica especializada ya dio su primer veredicito: un 42% de reseñas positivas en Rotten Tomatoes la deja como la segunda peor valorada de la franquicia, sólo por encima de la temporada de Ed Gein. Esto no significa que sea una serie mala de solemnidad, pero sí que la maquinaria de Murphy empieza a mostrar signos de repetición. Cuando un mismo esquema narrativo se aplica a casos que ya recibieron tratamientos memorables, el riesgo de parecer un refrito crece, y la recepción lo está empezando a reflejar.
Dicho todo esto, y aunque suene raro que cierre una nota periodística recomendando algo que la crítica masshachea, lo cierto es que la historia de Lizzie Borden sigue teniendo una carga de misterio y una cuota de ambigüedad que la vuelven irresistible. Los ocho episodios están disponibles desde el martes pasado en Netflix, se pueden ver completos o maratonearlos como uno solo, y la suscripción parte desde los 8.999 pesos en el plan estándar en la Argentina, con la posibilidad de aprovechar perfiles compartidos o promociones bancarias que suelen bajar el precio a la mitad. Si te copa el true crime bien narrado, con producción de alto vuelo y una protagonista que se anima a habitar un personaje incómodo, dale play sin miedo: te vas a enganchar aunque los números digan otra cosa.
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