Levinton volvió al estudio de Es mi sueño con la misma sonrisa de siempre y el corazón a la intemperie
El líder de Turf se reintegró a las grabaciones del concurso que conduce Guido Kaczka, confirmó su continuidad en el jurado y, antes de cruzar la puerta, habló del apoyo que recibe, de su amor por lo que hace y de la denuncia que lo tiene a maltraer. Una tarde que fue puro retorno y, también, una forma de bajarle el telón a las especulaciones.
A veces la mejor manera de contar algo es empezar por lo que se ve, y lo que se vio este mediodía, en los pasillos del estudio donde se graba Es mi sueño, fue a Joaquín Levinton llegando con la misma cara de pibe de Caballito que hace tres décadas se sube a un escenario. Ahí estaba él, con su campera, sus rastas, su tonada arrabalera y esa manera de pararse que tienen los músicos que ya pasaron por todo y, sin embargo, todavía se sorprenden con un micrófono encendido. Lo primero que hizo, antes de cruzar la puerta, fue pararse a charlar con la prensa, saludar a la gente que se había acercado a bancarlo y, claro, dejar en claro que su ausencia de los últimos días no tenía nada que ver con nada raro: fueron compromisos laborales que ya tenía en la agenda, nada más. Pero el murmullo ya estaba instalado y había que desactivarlo, y él lo desactivó como mejor sabe hacerlo, que es cantándole a la vida.
Porque este es un tipo que hace 30 años se para frente a un público con la idea más simple y más poderosa del mundo, que es hacerlo feliz un rato, y esa es exactamente la idea con la que se sentó en la silla de jurado del ciclo que conduce Guido Kaczka. Me lo imagino acomodándose los auriculares, mirando a los participantes, y me parece que eso es lo que él vino a buscar a este programa: esa misma devolución chiquita pero enorme que siente cuando una canción propia conecta con alguien del otro lado. Por eso me parece tan importante que él mismo lo haya puesto en palabras antes de entrar al estudio, en un breve intercambio con los móviles, donde se lo notó distendido, contenido, y con ganas de laburar. No es un detalle menor: en un país donde las carreras musicales se miden por zapping, volver a una silla de jurado es, también, una manera de decir acá estoy, sigo, no me fui a ningún lado.
Llenos de amor
“Me encanta volver a trabajar. Me encanta hacer lo que hago.”Joaquín Levinton
La frase la dijo él, en primera persona, mirando a la cámara como si le estuviera hablando a un amigo, y me parece que condensa todo. Detrás de esas cuatro palabras hay un montón de cosas que uno puede leer: está el placer de subir a un escenario, está la gratitud de tener laburo en una industria que cada vez es más cruel con los artistas, y está, también, la manera que eligió para responder, sin responder, a la denuncia por abuso sexual que pesa sobre él y que él mismo describió como una pesadilla. Levinton fue claro: el tema lo llevan sus abogados, no él, y considera que la acusación es muy seria como para estirarla en una nota al paso. En su momento, además, había negado haber tenido una relación de pareja con la denunciante y había dicho que el vínculo fue breve. Son definiciones fuertes, dichas por alguien que sabe que cada palabra que suelta en público va a terminar mil veces multiplicada.
Lo concreto, lo que vio la gente, es que el cantante de Turf se reencontró con sus compañeros de jurado y con el equipo de producción, y que volvió a la silla con la que se había comprometido desde el arranque. En la charla, consultado sobre si había hablado con Kaczka antes de reincorporarse, fue igual de transparente: sí, se habían cruzado, y se nota. Dentro del estudio, además, se vive un clima raro por estos días, porque cuando un compañero pasa por un momento judicial, lo que se mete en el aire es una mezcla de solidaridad y de incomodidad que no es fácil de manejar. Y acá me parece que la frase de él define el ánimo del grupo entero, mejor que cualquier comunicado oficial: Acá todos me apoyan, todos me quieren y no hay mucho más que decir. Es el resumen perfecto de lo que uno imagina que pasa puertas adentro, en una mesa de jurado donde la química con los otros integrantes se construye también en los pasillos, en los cortes, en los mates compartidos.
Yo lo recomendaría sin dudarlo: para los que quieran ver a Levinton en su salsa, hay que prenderse la pantalla a la noche, cuando Es mi sueño sale al aire por la pantalla de El Trece, en el horario central de la franja familiar, y la entrada, como en todos los ciclos de Canal 13, es libre y gratuita para el televidente, porque el show se paga con el rating. Lo que se va a encontrar el público es a un tipo que sabe mirar a un participante a los ojos y decirle sí o no sin hacerse el simpático, y que cuando dice que le encanta lo que hace, lo dice de verdad, no como un latiguito de marketing. Después, cada uno se arreglará con lo que crea y con lo que sienta, que de eso se trata también mirar televisión. Pero si me preguntan a mí, lo que vuelve al estudio hoy es un músico entero, con sus claroscuros, con su historia, y con esa obstinación de pibe que sigue eligiendo cantar por sobre casi todo lo demás.
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