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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Levantarse de la silla dos minutos cada media hora: lo que la ciencia acaba de comprobar sobre la cabeza

Una revisión de 25 ensayos clínicos con más de mil participantes encontró que interrumpir el tiempo sentado con caminatas, estiramientos o escaleras mejora la atención y la memoria de trabajo. El efecto es chico pero consistente, y se nota más en escuelas y oficinas.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Levantarse de la silla dos minutos cada media hora: lo que la ciencia acaba de comprobar sobre la cabeza

Son las once de la mañana y en la oficina de Miguel Ángel, 52 años, contable en una pyme del centro, el café ya no alcanza. Se levanta, camina hasta el escritorio de su compañera, vuelve por el pasillo y se sienta otra vez. Dos minutos, reloj en mano. Acá, en esta ciudad donde las jornadas se estiraron hasta el infinito con la pantalla como paisaje, ese gesto mínimo empieza a tener respaldo científico. Un equipo liderado por Yongming Li juntó 25 ensayos clínicos con 1.115 personas de entre 8 y 78 años y llegó a una conclusión que a simple vista parece modesta: interrumpir el tiempo sentado con movimiento breve mejora la atención, la memoria de trabajo y el control de los impulsos al retomar la tarea.

El número que arroja el análisis es 0,24 en la escala estadística utilizada, donde 0,2 ya marca un efecto pequeño. Pero la regularidad de los resultados, en escuelas, oficinas y laboratorios, es lo que llamó la atención de los revisores. "Es razonable que moverse de forma breve y frecuente ayude a mantener el rendimiento mental", resumió Mark Hamer, investigador del University College London, aunque pidió cautela al mezclar edades tan distintas en un mismo promedio.

Qué se probó y con qué frecuencia

  • Caminatas cortas, yoga, escaleras, bicicleta fija y ejercicios de resistencia, además de saltos y corrida sin desplazarse.
  • Pausas de menos de diez minutos, en muchos casos apenas dos minutos.
  • Interrupciones cada treinta minutos o cada una hora, con ventaja leve para las más espaciadas.
  • Mayor efecto cuando la rutina se sostuvo durante varias semanas.

A Miguel Ángel la rutina le cambió la segunda parte del día. Empieza a las nueve con números, se levanta cada hora, estira las piernas, vuelve. "Al rato me doy cuenta de que sigo enganchado con lo que estoy haciendo, en vez de mirar el celular", cuenta desde su oficina. Lo que él describe sin saberlo es lo que los investigadores llaman atención sostenida: la posibilidad de quedarse con una tarea sin que la mente se escape. La revisión encontró mejoras también en la capacidad de cambiar de consigna y en el control de respuestas impulsivas, dos habilidades clave para resolver problemas en cadena.

La hipótesis más aceptada, según Mike Trott, de la Universidad de Queensland, pasa por la neuroquímica. Moverse, en una ventana breve, dispara la liberación de dopamina y noradrenalina, dos sustancias asociadas con el estado de alerta y la disposición a aprender. A eso se sumaría un aumento del flujo sanguíneo cerebral y un corte en el decaimiento de la atención que aparece cuando el cuerpo lleva mucho tiempo en la misma postura.

Qué dice el cuerpo y qué dice la cabeza

El mensaje para nosotros, los que pasamos ocho horas o más frente a la compu, no reemplaza las recomendaciones generales de actividad física. Una caminata de treinta minutos sigue siendo imprescindible. Pero los datos sugieren que sumar pausas de movimiento a lo largo de la jornada agrega un beneficio extra, sobre todo en dos momentos sensibles: la vuelta a una tarea compleja después de un rato y la transición entre proyectos distintos. En las aulas, la lógica es similar: estirarse antes de retomar una lección, sin necesidad de instalar un gimnasio, ya muestra ventajas en chicos en edad escolar.

La ciencia, claro, tiene sus límites. 0,24 es un promedio chico, construido con ensayos de duraciones y poblaciones muy diversas. Por eso Hamer insiste en tomar las conclusiones con prudencia y entender que el efecto se nota más en contextos donde la tarea exige concentración sostenida. Aun con ese reparo, la idea central es tentadora para cualquiera que sienta que su cabeza se empasta con las horas: no hace falta cambiar de vida, hace falta levantarse dos minutos.

Miguel Ángel ya lo entendió. A las cinco de la tarde, cuando antes arrastraba los últimos informes, ahora vuelve de su recorrido por el pasillo y termina el día con la sensación de haber zarpado con otra energía. Pequeña, pero suficiente.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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