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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La vuelta al mundo a hombros de un amigo: la aventura de Fletcher y Lachie por cuatro continentes

Un joven que quedó parapléjico a los 17 y su amigo terapeuta compraron una promo de pasajes sin pensarlo y terminaron recorriendo Europa, Asia, Africa y America del Sur durante tres meses, con la frase que se repite en cada escala: "El mundo no es accesible, nosotros lo somos".

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
La vuelta al mundo a hombros de un amigo: la aventura de Fletcher y Lachie por cuatro continentes

Es un mediodia caluroso en Sidney y Fletcher Crowley se acomoda en su silla de ruedas frente a una ventana abierta, todavia con la sonrisa dibujada de su ultima escala. Tiene 27 años y una historia que empieza hace exactamente diez, cuando un domingo cualquiera, en una bajada de bicicleta de montaña, el manillar se le fue de las manos y el golpe le fracturo dos vertebras. A los 17, de un segundo para el otro, paso de saltar ramblas a pelearse con cada rampa de la ciudad. "Puedo pararme y dar unos pasos, pero me agoto enseguida", dice mientras acomoda las ruedas de su silla con la misma tranquilidad con la que se ata los cordones. A su lado, como casi siempre, esta Lachie Bennett, su amigo de toda la vida, terapeuta en el centro de rehabilitacion donde los dos se reencontraron despues del accidente.

Una cena, una conexion y un plan que se fue de escala

La amistad se rearmo en el hospital, en una cena del turno noche. Ahi descubrieron que tenian mas en comun que el colegio: los dos habian cruzado episodios de ansiedad, los dos sabian lo que es tener que aprender de nuevo a dormir sin que la cabeza les explote, los dos se habian prometido que la lesion no les iba a tapar el resto de la vida. Esa noche, cuenta Lachie, de 29 años, se plantaron la meta de hacer al menos un viaje juntos por año. Empezaron con escapadas cortas, fines de semana largos, hasta que un dia, casi en broma, se sentaron frente a la compu y compraron una promo de vuelta al mundo con multiples escalas. Eran dos semanas, termino siendo un plan de tres meses.

Aca, en el sur, uno mira el mapa y se pregunta como se hace para meter Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Paises Bajos, Francia, España, Brasil y Sudafrica en noventa dias. Fletcher y Lachie se lo preguntaron tambien, y la respuesta fue la unica que conocen: improvisar. En Hong Kong, el Gran Buda los esperaba arriba de 268 escalones. Lachie se lo cargo en la espalda, escalon por escalon, hasta la cima. Fletcher lo define como "un momento surrealista". En Suiza, una familia que los seguia por redes los invito a quedarse en su casa. En Francia durmieron en la granja de ovejas de un conocido y pasaron una noche en una capilla del siglo X cerca de Niza. En Brasil se metieron en la selva en cuatriciclo. En Sudafrica hicieron safari, bucearon con tiburones y volaron en parapente.

Cuando el mundo no esta pensado para todos

“El mundo no es accesible, nosotros lo somos. Esa es nuestra forma de verlo: no vamos a esperar a que el lugar se adapte, vamos a buscar la manera de adaptarnos nosotros.”Fletcher Crowley

La frase se repite en cada charla que dan y se repite tambien en cada problema que les toca resolver. Algunos lugares, cuentan, directamente no estaban preparados para una silla de ruedas y hubo que buscar rutas alternativas, rampas escondidas o, como en Hong Kong, los hombros de un amigo. "Puede requerir un poco mas de planificacion y a veces las cosas tardan mas, pero encontramos la manera de que casi todo funcione", dice Lachie, que trabaja todos los dias con personas que estan aprendiendo a convivir con una lesion medular y reconoce que el viaje fue tambien una manera de llevar ese aprendizaje a otro nivel.

Para pagar la locura, empezaron con los ahorros de los dos. Cuando empezaron a subir videos a las redes, la respuesta fue tan grande que una campana de micromecenaje les dio aire para ser mas espontaneos. El alojamiento se resolvio en gran parte gracias a desconocidos que los contactaban despues de verlos en una pantalla. Nosotros, los que miramos desde aca, solemos pensar que una silla de ruedas es una frontera. Fletcher y Lachie estan demostrando que es, sobre todo, una razon para tomarse un tiempo extra, pensar una ruta distinta y, de vez en cuando, colgarse del cuello de un amigo en la mitad del mundo. Al final del viaje, cuando el avion los dejo otra vez en Sidney, Fletcher se quedo mirando la silla, despacio, y dijo lo que repite cada vez que termina una escala: que el viaje recien empieza. Y nosotros, los que escuchamos, tenemos la impresion de que no le falta razon.

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Lucía BarríaSociedad y vida

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