La trampa de los créditos exprés: cuando pagar la luz se vuelve una bola de nieve en la pantalla del celular
Las billeteras virtuales ofrecen dinero al instante y tasas que en los papeles parecen razonables, pero la letra chica y los intereses convierten una deuda chica en un problema grande. Defensa del Consumidor advierte que el hostigamiento de las cobranzas no está permitido y lanzó un plan de refinanciación con tasas accesibles para cortar el círculo.
Son las diez de la mañana en una oficina del centro y el teléfono de María Eugenia, 47 años, no para de sonar. Del otro lado, una empresa de cobranzas le repite que tiene una deuda atrasada con una billetera virtual que ella ni recordaba haber tomado. "Saqué veinte mil pesos para pagar la luz en julio, ahora me dicen que debo más del doble y me llaman todo el día", cuenta mientras mira la pantalla, un poco abrumada y otro poco enojada. María Eugenia no es un caso aislado: acá, en Neuquén y en buena parte de la Argentina, los créditos exprés que ofrecen las plataformas digitales se multiplicaron al ritmo de la inflación y dejaron a miles de familias enganchadas en una espiral de intereses que cuesta muchísimo desarmar.
Tasas que parecen una cosa y terminan siendo otra
El mecanismo, según lo explican los especialistas, es siempre el mismo y por eso resulta tan eficaz para atrapar a quien no anda con el manual bajo el brazo. La aplicación muestra una tasa razonable, el usuario acepta con dos clics porque necesita la plata ya, y la letra chica se encarga de sumar cargos, comisiones y condiciones que nadie lee en el apuro. Cuando la persona se da cuenta del problema, la deuda original ya se transformó en otra muy distinta, bastante más pesada y bastante más difícil de pagar.
“Las tasas de las fintech son casi usureras para los ciudadanos. Las condiciones contractuales no siempre están escritas de forma clara, y el usuario termina descubriendo el costo real cuando ya es tarde.”Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor
Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén, pone el tema en un plano más amplio y bastante más humano. Para este funcionario, lo que está pasando tiene una explicación que duele: los sueldos, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y de los pequeños comerciantes perdieron la carrera contra la inflación en los últimos años. Entonces, cuando no alcanza para llegar a fin de mes, las familias van directo al crédito digital hasta para cubrir gastos básicos como el alquiler, la luz o la comida. Y ahí se arma el problema, porque esa deuda que arrancó chiquita se va haciendo cada vez más grande producto de los intereses, y cuando uno quiere acordar ya tiene un lío bárbaro entre manos.
- La plataforma promete una tasa en pantalla y después cobra otra bien distinta.
- Aparecen cargos y comisiones que no estaban claros al momento de aceptar el crédito.
- La deuda original se duplica o se triplica antes de que el usuario pueda regularizarla.
- Las empresas de cobranza llaman en horarios insólitos y de manera reiterada.
- Se ofrecen planes de pago que no cierran con los ingresos reales de la familia.
El índice de morosidad en Argentina ronda el 20%, un número que pone los pelos de punta si lo comparamos con lo que pasa en los países vecinos de la región, donde el promedio se mueve entre el 4% y el 5%. Para nosotros, eso significa que uno de cada cinco créditos termina en problemas, y que detrás de cada reclamo hay una familia que se las ve negra para zafar.
Una salida con tasa blandísima y un derecho que muchos ignoran
Para quienes ya están atrapados en la espiral, existe una alternativa concreta que vale la pena conocer y que rompe con la lógica de las fintech. El Régimen Especial de Refinanciación de Deuda ofrece préstamos de hasta 50 millones de pesos con una tasa fija anual del 35%. Tomasini lo definió sin vueltas como una tasa muy accesible, diría blandísima, pensada para que las familias puedan salir del ciclo de deuda a costo financiero sin que los intereses sigan acumulándose mes tras mes.
En paralelo, desde la Dirección de Protección al Consumidor llegan denuncias por hostigamiento que se repiten con una frecuencia preocupante. Si una empresa de cobranza llama de forma insistente, amenaza o propone condiciones que el deudor siente como abusivas, esa conducta no está permitida y quien la sufre puede juntar capturas de pantalla como prueba y presentar un reclamo formal. Tomás insistía mucho en este punto mientras hablaba: no hay que aguantar el acoso en silencio, porque la ley está del lado del consumidor y el organismo actúa frente a los incumplimientos de las plataformas. María Eugenia, mientras tanto, ya guardó las capturas y se acercó a Defensa del Consumidor para empezar el trámite. Ya no la llaman al celular cada cinco minutos, dice, y eso, para alguien que hace meses vivía con el teléfono como una bomba, es muchísimo.
El propio Tomasini dejó una reflexión final que sirve como advertencia para todos nosotros: una vez que se sale de la deuda, lo más importante es no volver a financiar gastos cotidianos con billeteras virtuales, porque ahí es donde empieza otra vez el camino que termina mal. Romper el círculo, insistió, depende tanto de las herramientas oficiales como de cambiar el chip a la hora de usar el crédito exprés.
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Santa Cruz Informa