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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La pausa que se siente: por qué dos semanas sin entrenar pasan factura al corazón antes que a los músculos

Volver de un viaje o de una gripe puede hacer que correr o pedalear cueste más de lo esperado. Especialistas en medicina deportiva explican qué se pierde primero y cómo retomar sin comerse la curva.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
La pausa que se siente: por qué dos semanas sin entrenar pasan factura al corazón antes que a los músculos

Son las seis y media de la tarde y en el parque de la costanera ya se ven las primeras luces prenderse. Carla, 48 años, termina una caminata larga con cara de esfuerzo. Acá, en la ciudad, muchas personas como ella vuelven de las vacaciones de verano y se topan con algo que las desconcierta: correr cinco minutos les demanda el doble que antes. La pregunta que se repite en los grupos de entrenamiento es la misma: ¿se perdió todo? La respuesta, dicen los especialistas, es más matizada de lo que parece.

Qué se va primero y qué se queda

Según explicó Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States, la resistencia cardiovascular y la fuerza muscular no responden igual frente a una pausa en los entrenamientos. La capacidad aeróbica, esa que se pone en juego al correr, pedalear o nadar, es más sensible a la inactividad y puede empezar a mermar cerca de las dos semanas sin moverse. La fuerza, en cambio, suele mostrar una caída recién después de tres a cuatro semanas de suspensión completa del ejercicio.

“Al correr o andar en bicicleta, ese cambio puede sentirse como una dificultad mayor para sostener el esfuerzo o como un aumento más rápido de la frecuencia cardíaca. La fuerza, en cambio, suele mostrar una disminución después de tres a cuatro semanas.”Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States

Cada cuerpo tiene su propio reloj

Shaw aclaró que esos plazos no funcionan igual para todos nosotros. La edad y la cantidad de años acumulados de entrenamiento hacen diferencia. Quienes llevan una trayectoria más larga de actividad suelen conservar mejor sus adaptaciones, y hasta las tareas cotidianas o el trabajo manual pueden demorar la aparición de pérdidas de fuerza, algo que contrasta con lo que ocurre cuando alguien queda inmovilizado en una cama por una enfermedad o una lesión.

Cómo volver sin pasar sobresalto

  • Dedicar los primeros días a recuperar energía y sostener una buena hidratación, antes de exigirle al cuerpo el ritmo de antes.
  • Sumar movimiento suave durante la pausa: caminatas, movilidad o reproducir los gestos del entrenamiento con menor carga.
  • Mantener un consumo adecuado de proteínas para colaborar con la conservación de la masa muscular.
  • Reducir la intensidad inicial y aumentar la exigencia de forma gradual, semana a semana.
  • Ajustar las expectativas de las primeras sesiones: el rendimiento previo volverá, pero lleva su tiempo.

El descanso como parte del entrenamiento

Hay un dato que a muchos les cambia la mirada sobre las pausas. Shaw señaló que una interrupción cercana a las dos semanas puede servir, en algunos casos, como una ventana de recuperación suficiente para que el cuerpo vuelva más fuerte, un fenómeno que en el ámbito deportivo se conoce como supercompensación. Eso no significa que cualquier pausa garantice esa mejora, pero sí invita a pensar el descanso como un capítulo más del proceso y no como una traición al esfuerzo.

Carla, la caminante de la costanera, dice que va a tomarse unos días antes de volver a probar la bici. Sabe, porque lo charló con su entrenador, que el cuerpo no se olvida de lo aprendido: solo pide que lo escuchen un poco antes de pedirle todo.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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