La hipótesis del amor, el contrato entre dos que termina siendo otra cosa en Prime Video
Lili Reinhart y Tom Bateman protagonizan la adaptación del libro de Ali Hazelwood, dirigida por Claire Scanlon, que ya está disponible en la plataforma con una duración de 110 minutos.
Soy de los que cree que toda comedia romántica que se precie arranca con alguien haciendo algo que no quiere hacer, y La hipótesis del amor no es la excepción: arranca con Olive Smith, una estudiante de posgrado que finge estar de novia con un profesor para que su mejor amiga se anime a conquistar a un chico. La premisa es vieja como el mundo —el pacto, el engaño, los sentimientos que se filtran igual que agua por una grieta—, pero la película que acaba de llegar a Prime Video la adapta con una frescura que se agradece, sobre todo porque viene de una novela de Ali Hazelwood que en los últimos años se convirtió en fenómeno de ventas entre lectoras que buscan romance universitario con (perdón, científico) de fondo.
La dirige Claire Scanlon, que ya sabe cómo manejar este tipo de historias —basta recordar su paso por episodios de The Bold Type y Quiero volverme loca con Anne Hathaway—, y la escribe Sarah Rothschild. Dura 110 minutos, los suficientes para que uno se acomode en el sillón, se prepare un café y se deje llevar por una historia ambientada en el ámbito universitario, donde la amistad y los proyectos de investigación se cruzan con los sentimientos hasta formar un mejunje tan enredado como divertido.
Dos personajes que se necesitan mutuamente
Lili Reinhart interpreta a Olive, una joven dedicada a sus estudios que perdió a su madre durante la adolescencia y que encuentra en Anh —su amiga—, interpretada por Rachel Marsh, una hermana postiza. El problema aparece cuando Olive intenta demostrarle a Anh que ya no tiene interés romántico en Jeremy, un compañero al que quiere presentar como buen partido para ella. Para sostener la mentira, Olive necesita un novio de mentira, y ahí es donde entra Adam Carlsen, el profesor distante y respetado que encarna Tom Bateman con esa mezcla de rigidez y vulnerabilidad que a las comedias románticas les sale tan bien.
Carlsen tiene su propia razón para aceptar el trato: necesita simular una relación para obtener una beca que le permita seguir con su investigación. Así, dos personas que en teoría no se bancan terminan firmando un acuerdo que, como cualquiera puede sospechar, se les va de las manos. La gracia está en ver cómo la distancia inicial entre ambos se va acortando a fuerza de cenas, conversaciones y situaciones incómodas, que son el verdadero motor de la película.
“La amistad también interviene en las decisiones de la protagonista: Olive encuentra en Anh la compañía que perdió con la muerte de su madre, y es precisamente querer ayudarla lo que la empuja a meterse en este enredo.”Fragmento del filme
El reparto se completa con Nicholas Duvernay como Jeremy, Jaboukie Young-White y Arty Froushan, que le dan al elenco ese equilibrio entre secundarios queribles y personajes que funcionan como disparadores de las mejores escenas. La película se sostiene mucho en la química entre Reinhart y Bateman, que ya habían coincidido en la serie The Flight Attendant y que acá aprovechan para mostrar registros más sensibles: ella como una estudiante que no sabe dónde termina la actuación y dónde empieza lo real, él como un tipo al que se le nota todo por debajo de la corbata y los lentes.
Dicho esto, y antes de que me digan que esto es una historia más de contratos y mentiras: tiene lo suyo. No inventa la rueda, ni falta que hace, pero la hace rodar con ritmo, con diálogos que no sobran y con un par de escenas —una en particular en un laboratorio, otra en una cena de departamento— que justifican las dos horas de inversión. Si te gustan las comedias románticas con cabecera académica, esta es de las que se ven con una sonrisa cómplice y, de yapa, te dejan ganas de leer el libro de Hazelwood.
Mi recomendación, ya que estamos: enciendan la plataforma, busquen La hipótesis del amor, pónganla un domingo a la tarde o un miércoles a la noche —es el tipo de película que admite los dos climas— y dispongan de 110 minutos. Está incluida con la suscripción a Prime Video, así que el costo extra es cero; lo único que van a gastar es una taza de café y, si son como yo, alguna que otra sonrisa poco disimulada frente al televisor.
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