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VIE, 16 OCT 2026
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La batalla de Chile: tres películas para entender cómo se desmoro un país

El documental de Patricio Guzmán sigue el pulso del gobierno de Salvador Allende y el camino al golpe de Pinochet, con la cámara metida en el Parlamento y en las asambleas de los trabajadores. Una obra clave del Tercer Cine que vuelve a estar disponible para revisitar aquellos años.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
La batalla de Chile: tres películas para entender cómo se desmoro un país

Yo vi muchas veces esas imágenes de la Moneda ardiendo y siempre me pregunté qué había pasado adentro en los meses previos, cuando todavía se discutía el destino de Chile en los pasillos del Congreso y en las fábricas. La batalla de Chile, el documental que Patricio Guzmán filmó en tiempo real entre 1972 y 1973, es justamente la respuesta a esa pregunta: una película que no explica desde el qué desembocó en el golpe que instaló a Augusto Pinochet, sino que lo muestra mientras ocurre, con la cámara pegada a los hechos.

Antes de entrar en el documental, vale ubicar el lugar. La obra recorre tres escenarios que se pisan entre sí: el Parlamento, donde oficialismo y oposición se trenzan en debates cada vez más tensos durante el gobierno de Salvador Allende; las asambleas obreras y poblacionales, donde los trabajadores debaten cómo responder al avance de la derecha; y las calles, donde esos dos mundos chocan en marchas, tomas y enfrentamientos. Guzmán no elige un solo ángulo: los hace convivir en pantalla para que el espectador vea cómo se iba tensando la cuerda en todos los frentes al mismo tiempo.

La insurrección de la burguesía (1975)

La primera parte, La insurrección de la burguesía, es la más larga y funciona como una introducción al clima que se vivía. La cámara sigue los debates parlamentarios, pero también se mete en las reuniones de los partidos de izquierda, que no siempre coincidían en cómo enfrentar a una oposición que crecía en las calles y en los medios. Ahí aparecen las diferencias dentro del campo popular: entre el Partido Socialista, el Comunista, el MIR y los grupos más radicales, que discutían si había que negociar o radicalizar el proceso.

El golpe de estado (1976)

La segunda entrega, El golpe de estado, es la más corta y la más cruda. Registra las horas decisivas: los militares sublevados, los allanamientos, los francotiradores, los operativos contra el Palacio de La Moneda y el bombardeo que terminó con el gobierno de Allende. Guzmán estaba en Santiago cuando ocurrió y siguió filmando incluso en medio del caos. Lo que se ve es crudo y, por momentos, muy duro: hay imágenes de violencia que hoy forman parte de cualquier archivo sobre esos días.

El poder popular (1979)

La tercera parte, El poder popular, es la que más se aleja de la mirada institucional. El documental se interna en los cordones industriales que rodeaban Santiago y muestra cómo los trabajadores habían organizado su propia vida cotidiana: salud, alimentación, educación, producción. Son escenas que hoy funcionan como un retrato de lo que fue el proyecto de la Unidad Popular desde abajo, más allá de los titulares de los diarios de la época. Después del golpe, Guzmán tuvo que exiliarse y recién pudo terminar este capítulo muchos años después, gracias a la solidaridad de militantes que guardaron las latas con el material.

Hay un dato de contexto que ayuda a entender la película. La batalla de Chile se inscribe en lo que se conoce como Tercer Cine, una corriente que surgió en distintas regiones, incluida Latinoamérica, como una forma de producir y de filmar alejada del modelo comercial de Hollywood y de los grandes estudios. En esa lógica, el documental no es un género menor ni un simple registro periodístico: es una herramienta para pensar la historia en el mismo momento en que está pasando. Guzmán lo dice mejor que nadie cuando define a este cine como uno que pretende ser un cine de compromiso político, hecho con la urgencia de quien sabe que lo que está filmando puede no existir mañana.

  • La insurrección de la burguesía (1975): la antesala, con foco en el Congreso y en las internas de la izquierda.
  • El golpe de estado (1976): las horas del 11 de septiembre y la caída de Allende.
  • El poder popular (1979): la organización obrera en los cordones industriales de Santiago.

Si te interesa el cine político y no la viste nunca, este es un buen momento para buscar las tres partes, preferentemente en funciones con debate o en ciclos de cine latinoamericano. En Buenos Aires suele programarse en el MALBA, en el Gaumont o en centros culturales de barrios como San Telmo y Palermo. Te recomiendo ir con tiempo: la primera parte dura casi dos horas y media, así que lo ideal es ver las tres por separado y no apurado. La entrada, en general, anda entre los mil y los tres mil pesos, dependiendo del complejo, y las funciones arrancan pasadas las 19. Llevá anotador: es de esas películas que dan ganas de charlar cuando termina.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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