Hot Wheels Infinite Rush: cuando el autito de la infancia se manda al mundo abierto
Milestone lanzó un juego sin campañas ni carriles fijos: cuatro islas gigantes, más de 150 modelos para coleccionar y todo el entorno se puede romper. Una propuesta arcade, veloz y despelotada, que no le pide permiso a nadie.
Te confieso algo antes de arrancar: cada vez que veo un Hot Wheels de cerca, me pasa lo mismo que cuando era chico en la casa de mi viejo. Esos autitos rojos con el lazo azul flameante sobre la blister, la idea de que por unas monedas tenías un Corvette o un Porsche que en la vida real costaba lo que mi padre cobraba en seis meses. Bueno, esa sensación, multiplicada por mil, es la que intenta vender Hot Wheels Infinite Rush, el juego que acaba de sacar Milestone y que, te adelanto, va a generar debates largos en los grupos de WhatsApp de padres y de hijos grandes como yo.
“La diferencia es que acá no hay una pista cerrada con dos tramos y un loop. Hay cuatro islas enormes, sin rieles, sin, sin nada que te ate.”descripción del juego
Wheelswood, Tentacle Bay, Gearville y Drifty Temples: el mapa antes que la carrera
Antes de hablar de la velocidad, conviene hablar del lugar, porque Infinite Rush se entiende como se entiende Buenos Aires: caminando. El juego arma un mundo abierto dividido en cuatro zonas muy marcadas. Wheelswood es la urbana: rascacielos, tránsito, esas calles que parecen sacadas de una película de los ochenta. Tentacle Bay es la costera, con playas, acantilados y bichos marinos dando vueltas. Gearville mezcla industria pesada con dunas de desierto, como si Detroit se hubiera mudado al Sahara. Y Drifty Temples, mi favorita, tiene inspiración oriental con pasos de montaña ideales para entrar de costado y derrapar hasta que se acabe la nafta virtual.
Lo más lindo, y lo que justifica el nombre Infinite Rush, es que todo el escenario se rompe. Literal. Un árbol, una columna, una farola, un colectivo que pasa por la ruta: chocás y el objeto reacciona. No estamos hablando de una destrucción al estilo Red Dead Redemption, pero sí de una maqueta gigante, interactiva, que se siente viva. Eso sí, no hay historia de base. El juego no te cuenta nada, no hay un villano, no hay una princesa, no hay un rescate. Te tiran en la isla y te dicen: andá. Las primeras horas son una alegría. A las diez horas, dependiendo del jugador, puede empezar a sentirse como una linda plaza sin juegos.
Velocidad pura: cuatro categorías para no aburrirse
- Los bólidos son los Ferrari de la vida: velocidad punta brutal y recargan turbo mientras acelerás sin parar.
- Los derrapadores son los que te enseñan que la línea recta es aburrida: nitro a full si tomás las curvas de costado.
- Los equilibrados sirven para los indecisos: cualquier maniobra te da energía, son los Honda Civic de la familia.
- Los Titanes son los 4x4 del título: todoterreno, turbo que se recarga solo y suspensión para comer pozos como si nada.
El pase entre una categoría y otra es instantáneo, no te corta el viaje. Eso, que parece un detalle menor, es enorme: te permite probar el mismo circuito con tres autos distintos en treinta segundos, algo que en otros juegos te haría volver al menú cada vez.
Para los que coleccionan de todo: 150 modelos y un taller de pintura
Acá Milestone sabe a quién le habla. El catálogo pasa los 150 vehículos, mezcla prototipos de la propia marca Hot Wheels con licencias de fabricantes reales, y le mete ficha técnica histórica a cada modelo, como si fuera la guía de Wheels & Heels. Hay editor de pintura, de rines y de interiores: o sea, podés pasar una hora eligiendo el tono de rojo perfecto para tu Corvette del 63, como hacíamos de chicos con el marcador. No es un extra, es el corazón del juego para un público grande que ya tiene el sueldo para bancarse cosméticos.
Multijugador, ranking y un editor de pistas para los obsesivos
Infinite Rush no se queda en el solitario. Tiene modos competitivos con ranking para los que quieren subir y subir, cooperativo para jugar con los pibes en la misma consola, y partidas casuales para los domingos a la tarde. Además trae un editor de pistas personalizadas, así que si te soñaste toda la vida armando tu propio loop en la cocina, este es tu momento. Sumale eso al entorno destructible y la combinación se vuelve peligrosa en el mejor sentido.
En lo técnico, el juego corre a 60 cuadros por segundo estables, que en un arcade de velocidad no es un lujo, es una obligación. Los cumplió. Las texturas del entorno a veces cargan tarde y, cuando completás un evento, reaparecés en la isla después de esperar cerca de un minuto, un tiempo que pesa. El sonido, en cambio, es de lo mejor: el impacto metálico, el chirrido del derrape, el motor haciéndose arriba de las ocho mil revoluciones. Es música para los oídos.
Mi veredicto, después de varias tardes con el joystick en la mano: Hot Wheels Infinite Rush no viene a ganar el premio al juego del año. Viene a ganar las sobremesas. Es ideal para jugar con los hijos, para los que crecieron armando circuitos en el living, para los que quieren acción sin tener que leer veinte líneas de tutorial. Si buscás campaña profunda, este no es tu título. Si buscás velocidad pura, exploración libre y la excusa para mirar por la ventana y volver a tener nueve años, sí. Te lo recomiendo: sentate, jugá una hora, dejá que un árbol vuele por los aires y acordate de tu viejo. Después me contás cómo te fue.
Datos útiles para ir a correr
- Plataformas disponibles: PlayStation 5, Xbox Series y PC.
- Precio de lanzamiento en la Argentina: alrededor de 39.990 pesos en tiendas digitales.
- Horario recomendado para jugar: una tarde entera del sábado, con mate y bizcochos al lado.
- Público ideal: padres de 40 a 60 años con hijos chicos, y ex chicos de la misma edad que todavía tienen el blister azul guardado en un cajón.
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