Hermanos bajo el mismo techo, infancias que nunca fueron iguales
La psicóloga Ana Paula Rivadero explica por qué dos hermanos criados en la misma casa pueden tener recuerdos que parecen de mundos distintos y qué hacer con esas diferencias.
A veces uno se sienta a tomar un café con un hermano y, sin querer, aparece un recuerdo de la infancia que para uno fue luminoso y para el otro fue gris. No es que alguno esté mintiendo ni que la memoria le juegue una mala pasada a uno y al otro no: lo que ocurre es que, debajo del mismo techo, cada uno vivió una infancia genuinamente distinta. De eso se trata esta conversación que me quedó dando vueltas después de leer un trabajo publicado en una revista internacional y de hablar con una especialista que se pasa los días ordenando, justamente, los recuerdos de familias que no terminan de coincidir.
La psicóloga Ana Paula Rivadero lo dice sin vueltas: los padres no son la misma persona con cada hijo. Mientras crían a uno, pueden estar atravesando un duelo, una crisis de pareja, un cambio de trabajo o un problema de salud; cuando llega el siguiente, la historia ya es otra. Cada hijo nace en un momento distinto de esa película y conoce, por lo tanto, una versión distinta de quien lo cuida. No es un tema de favoritismo, sino de tiempo y de circunstancias que pesan.
El lugar en la familia que nadie eligió
Acá, en cualquier casa de nuestra ciudad, uno se cruza con la clásica distribución de roles que se va armando casi sin que nadie la diseñe. Está el grande, que termina siendo el responsable porque le tocó antes; el del medio, que a veces queda medio en el medio de todo; el más chico, al que se lo cuida de otra manera. Esos lugares, esos rótulos que se cuelgan solitos cuando uno es chico, van tiñendo la experiencia cotidiana: a uno se le exige más, a otro se lo contiene más, a otro se lo deja más libre. Y cada uno procesa lo que vive desde ese lugar.
“Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda.”Ana Paula Rivadero, psicóloga
Un estudio publicado en la revista The Journals of Gerontology entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias y llegó a una conclusión que ayuda a entender por qué cuesta tanto ponerse de acuerdo: la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerda de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo en lo referido al afecto recibido, a la disciplina y a los conflictos. No es un detalle menor: son tres ejes centrales de cualquier crianza.
Lo que se puede hacer con esas diferencias
Desde la mirada de Rivadero, el conflicto no surge de que uno mienta y el otro diga la verdad, sino de que los dos vivieron experiencias genuinamente distintas a partir de hechos compartidos. Por eso, en lugar de discutir quién tiene razón, propone correrse un paso y preguntarse qué significa para cada uno aquello que recuerda. La idea, me parece a mí, no es borrar las diferencias ni armar una versión oficial de la infancia, sino poder mirarlas sin convertir la sobremesa en un juicio.
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Santa Cruz Informa