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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

El tren fluvial llega a Buenos Aires: la aventura de un nene que solo quería conocer la ciudad que veía en el cine

La ópera prima de Lorenzo “Toto” Ferro y Lucas Vignale, que recorre salas porteñas desde el 8 de octubre, cuenta con Milo Barría como protagonista y trae consigo la huella de un director joven que ya no está.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 5 min
El tren fluvial llega a Buenos Aires: la aventura de un nene que solo quería conocer la ciudad que veía en el cine

Yo creo que uno de los chistes más lindos que tiene el cine argentino reciente es ese nene de nueve años que ensaya malambo en el patio de su casa mientras le dicen que tiene que ser bailarín, pero él lo único que quiere es tomarse un tren y conocer Buenos Aires, esa ciudad enorme que solamente vio en las películas. Bueno, a ese chiste lo convirtieron en película los directores Lorenzo “Toto” Ferro y Lucas Vignale, y el resultado se llama El tren fluvial, que después de pasarse por festivales de Europa y Estados Unidos por fin se deja caer por las salas de la Capital Federal, concretamente en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, donde arranca funciones el miércoles 8 de octubre, y desde el viernes 10 en la sala del Malba, con entradas que, según lo que suele manejarse en esas pantallas, andan por los valores habituales de la cartelera independiente porteña (siempre conviene chequear en la web de cada sala antes de ir).

Una ciudad que se mira como si fuera una pantalla

Lo que más me atrapó cuando me senté a investigar esta nota es que la película no arranca en un microcentro reconocible ni en un monumento icónico, sino más bien en esa Buenos Aires que uno se imagina cuando era chico y todavía no la conocía: las vías, los andenes, las máquinas expendedoras de boletos, todo eso que parece sacado de una postal ferroviaria pero que para el protagonista, un pibe de General Madariaga que descubrió el mundo a través del celuloide, significa literalmente la promesa de un viaje iniciático. Y la verdad es que esa decisión de contar la ciudad desde los ojos de alguien que la mira por primera vez es de las cosas más bonitas que tiene el filme, porque le devuelve a Buenos Aires esa cosa de territorio por descubrir que muchas veces uno, ya grande y con la rutina encima, se olvida de tener.

“Lo que más rescato de esta peli es que habla de ese Buenos Aires que miramos cuando somos chicos, ese que nos parece enorme y misterioso, y lo hace sin golpes bajos ni solemnidad, con la mirada limpia de un nene de nueve años.”Nicolás Bahamonde

Así, cómo la película

Para los que todavía no la vieron, El tren fluvial cuenta la historia de Milo, un nene de nueve años que baila malambo en su pueblo y carga con la presión familiar de seguir los pasos de su viejo como bailarín, pero que en realidad lo que desea con todas sus ganas es subirse a un tren y conocer esa Buenos Aires que solamente conoce a través de las películas. Y entonces decide, ni más ni menos, viajar solo. El papel lo interpreta Milo Barría, un chico que los directores cruzaron mientras trabajaban en otro proyecto en General Madariaga, y que tenía ocho años cuando lo conocieron y bailaba malambo: de ahí salieron varias de las cosas que tiene el personaje, incluida esa fascinación por los trenes que el propio pibe acercó al rodaje. Lo acompañan en el elenco Rita Pauls, Mariano Barría y hasta Fabián Casas, que se suma como parte del reparto, lo cual siempre le da a cualquier película argentina un plus de curiosidad extra.

  • Estreno mundial en Perspectives, sección oficial de la Berlinale.
  • Pasó por el Festival Internacional de Cine de Uruguay.
  • Estuvo en New Directors/New Films, organizado por el MoMA y Film at Lincoln Center, en Nueva York.
  • En la Argentina compitió en la competencia internacional del BAFICI, donde recibió mención especial de FEISAL.
  • También compitió en Horizontes Latinos, en el Festival de San Sebastián.

El tren fluvial (como el título, como el viaje, como la despedida)

Hay algo que a mí, personalmente, me parte un poco el alma cuando uno repasa la historia de esta película, y es que El tren fluvial es también, de alguna manera, la huella que dejó Lucas Vignale, que murió el 14 de junio pasado a los 28 años en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro, después de haber acompañado a Ferro en la presentación de Nueva York. Vignale tenía apenas 28, y la idea de que esta peli sea su debut y su despedida juntas le pone a uno esa mezcla de admiración y de tristeza que a veces tienen las películas que llegan cuando ya no está uno de los que las hizo. En una entrevista reciente, Ferro dijo textualmente que para él seguir exhibiendo la peli es una manera de “mantener vivo algo de lo que fue”, y la verdad es que esa frase me parece que resume bastante bien lo que uno siente como espectador cuando se cruza con una opera prima así, con esa cosa fresca y honesta que tienen los debuts, pero con la sombra de una ausencia que le pesa al equipo entero. La dinámica de filmación, por lo que contó el propio Ferro, también tenía mucho de artesanal y de mucho vivir juntos: el equipo compartía hotel, charlaba las escenas por la noche, revisaba lo grabado a la mañana siguiente y, si algo no cerraba, metían escenas nuevas. Con Milo, además, alternaban tomas con juegos y buscaban distintas formas de sostener la atención del pibe, lo cual le termina dando al filme ese ritmo un poco más libre, más de descubrimiento, que es justamente lo que necesitaba esta historia.

Si me preguntan a mí, les digo que vayan. De verdad se los digo, porque es de esas pelis que uno agradece que existan: chiquita, sensible, sin golpes bajos, con un pibe que actúa como los dioses y una ciudad que se deja mirar de nuevo. Arrancan el miércoles 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530), y desde el viernes 10 en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415), siempre conviene chequear horarios y precio de entrada en la página de cada sala antes de ir, porque los valores de la cartelera independiente porteña suelen moverse un poquito. Y si pueden, llévense a un chico o a una chica que todavía crea que Buenos Aires es una ciudad por descubrir, que esa mirada vale oro.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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