El templo del vinilo de Chacarita que cierra MUTEK y obliga a guardar el celular en el bolsillo
Artlab lleva casi una década convocando a melómanos y bailadores en Roseti 93: discos completos, parlantes de los años cincuenta y, este domingo, el cierre del festival de música electrónica experimental que Solimano trajo de Canadá en 2018.
Son las nueve de la noche de un jueves cualquiera en Roseti 93, pleno corazón de Chacarita, y acá, en este galpón de 540 metros cuadrados, no suena la alarma de ningún teléfono ni se ven pantallas encendidas en las manos de la gente. La gente está parada, sentada en el piso, con los ojos cerrados o clavados en unos parlantes enormes que parecen reliquias de otra época. Carlos, 52 años, vecino del barrio desde que nació, me lo dice mientras apoya la espalda contra la pared: "Vine la primera vez por curiosidad y ahora no me lo pierdo, porque acá escuchás la música como se tenía que escuchar, sin que el celular te esté jodiendo cada dos minutos". Eso que describe Carlos es exactamente lo que vino a construir Gonzalo Solimano, el DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979 que desde 2015 regentea Artlab, un espacio que se empecinó en volver a los rituales analógicos en pleno siglo veintiuno.
El corazón del lugar, lo que lo vuelve distinto a cualquier otro boliche de la zona, son ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954, que Solimano fue juntando con los años para armar una colección única en la ciudad. Según él mismo cuenta, hay indicios firmes de que varios de esos equipos salieron de un cine porteño emblemático, aunque esa procedencia todavía no se pudo confirmar del todo y él prefiere no aventurarse con el nombre hasta tener la prueba en la mano. Lo que sí asegura es que esos gabinetes enormes, con sus drivers descomunales, cambiaron para siempre la forma en que suena la música en este rincón de Chacarita.
Dos ciclos para dos modos de escuchar
La programación estable de la casa se sostiene sobre dos propuestas bien marcadas. La primera se llama Audiófilos y es la que mejor resume la filosofía del lugar: se escucha un álbum entero, de principio a fin, sin distracciones, sin pausas para mirar quién mandó un mensaje. El repertorio puede ir de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack, y se reproduce en vinilo, en CD o en archivos sin compresión, según qué formato le haga más justicia a cada obra. La segunda es Círculo de Sonido, que mantiene viva la tradición bailable del house con Solimano y otros DJs en consola, para los que todavía tienen ganas de sacudirse el polvo después de escuchar sentado.
“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab
Esta semana, además, Artlab se convirtió en la sede del cierre porteño del festival MUTEK, un evento que nació en Canadá en el año 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La cita es este domingo, y la propuesta apunta a la música electrónica experimental, el arte audiovisual y las nuevas tecnologías, con una escala y un perfil muy distintos a los festivales masivos de género que copan la agenda en otros puntos de Buenos Aires. Quienes quieran sumarse tienen la dirección fácil: Roseti 93, Chacarita.
Fórmulas y formatos sin teléfono
- Audiófilos: ciclo para escuchar un álbum completo, sin distracciones, en vinilo, CD o archivos lossless.
- Círculo de Sonido: sesiones de house a cargo de Solimano y DJs invitados.
- MUTEK: cierre porteño de la octava edición del festival canadiense de electrónica experimental, este domingo.
- Jazz y artes visuales: propuestas complementarias que se suman a la electrónica como eje principal.
- Sin celular: la regla no escrita es prestar atención al sonido y volver a los rituales físicos.
Sobre la inteligencia artificial aplicada a la música, Solimano es bastante claro: la ve como una herramienta potentísima, pero no como un reemplazo del artista. "Es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos", me dice, con la misma convicción con la que defiende el regreso del vinilo y, más recientemente, del CD. A su alrededor, mientras terminamos la charla, la gente sigue entrando al galpón, guarda los celulares en los bolsillos sin que nadie se lo pida y busca un lugar en el piso o contra la pared. Carlos, que sigue ahí con su vaso en la mano, me mira y se ríe: "Ya te dije, acá uno se acuerda de por qué se enamoró de la música". Y uno, la verdad, no puede hacer más que darle la razón.
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