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DOM, 18 OCT 2026
Vida

El ovario no se apaga: un estudio revela que sigue trabajando décadas después de la menopausia

Una investigación estadounidense cuantificó más de 5.800 proteínas en tejidos de mujeres de 50 a 75 años y comprobó que el órgano cambia de funciones, pero no deja de funcionar. Los cambios más profundos aparecen después de los 70.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
El ovario no se apaga: un estudio revela que sigue trabajando décadas después de la menopausia

Son las ocho de la mañana en un laboratorio de Chicago y la investigadora Francesca Duncan revisa, taza de café mediante, los gráficos que dejó abiertos en la pantalla antes de irse a dormir. Son líneas que suben y bajan, montañas russes químicas que cuentan una historia inesperada: el ovario, ese órgano al que durante décadas se le dio por jubilado junto con la última menstruación, sigue activo mucho después de que la menopausia apague la fábrica de óvulos. Esa es, en criollo, la conclusión central de un estudio publicado en la revista Aging Cell por equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos, que acá, a miles de kilómetros, nos interpela de lleno a las mujeres de entre 40 y 60 años que empezamos a escuchar la palabra menopausia como un parte médico definitivo.

Qué encontraron exactamente los investigadores

El equipo de Duncan trabajó con 28 muestras de tejido ovárico extraído a mujeres de entre 50 y 75 años que habían sido operadas por indicaciones benignas, o sea, nada de cáncer en la mesa. Las participantes fueron divididas en tres franjas: de 50 a 59, de 60 a 69, y de 70 en adelante. Con una técnica llamada espectrometría de masas, los científicos cuantificaron 5.812 grupos de proteínas y compararon los perfiles entre los tres grupos, como quien compara fotos carnet de la misma persona a los 20, a los 40 y a los 60 años para ver qué le cambió.

  • A mayor edad, subieron las proteínas asociadas a la inflamación y a la respuesta inmunitaria innata, esa primera línea de defensa del cuerpo que se activa ante cualquier amenaza.
  • También aumentaron las proteínas vinculadas al recambio de la matriz extracelular, que es, para entendernos, la red de andamios moleculares que sostiene a los tejidos y les da forma.
  • En paralelo, bajaron las proteínas relacionadas con la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas, o sea, las piezas que mantienen a las células firmes en su lugar.

Después de los 70, el cambio se nota mucho más

Cuando los investigadores cruzaron los datos del primer grupo con los del último, el salto fue categórico. En las muestras de mujeres de 70 años o más identificaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las de 50 a 59: 84 habían disminuido y 33 habían aumentado. El patrón, según describen los autores, describe un tejido que pasa de mantener su estructura a desarrollar procesos de reparación y señalización más pronunciados, como un taller mecánico que, con los años, deja de fabricar piezas nuevas y se reconvierte en un centro de service.

“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, coautora del estudio, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern

El trabajo no se quedó ahí. Los investigadores compararon los perfiles proteicos con datos de estudios previos sobre cáncer de ovario y se toparon con un dato que nos hace prestar atención a las que peinamos canas o estamos por teñirlas: las muestras del grupo de 60 a 69 años mostraron mayor presencia de algunas proteínas que antes habían sido vinculadas a ese tipo de tumor, justo cerca de la edad mediana de diagnóstico, que en el mundo se ubica en torno a los 63 años. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de malignidad y que la coincidencia no es, por ahora, una relación causal, pero sí una señal para seguir investigando.

Yo pienso, mientras escribo esta nota en la redacción, en Mabel, una vecina de 72 años que cada mañana pasa por mi ventanita camino a la plaza y me cuenta, sin anestesia, que desde que dejó de menstruar hace más de dos décadas se sintió como si le hubieran sacado un diploma del cuerpo. Le dijeron que se acababa una etapa, le recetaron algo para los sofocos y nadie le explicó, según me dice ella misma con una media sonrisa, que por adentro seguía pasando de todo. Mabel tenía razón. Lo que este estudio viene a decirnos, con la sobriedad de 5.812 proteínas medidas una por una, es que el ovario no se jubila con la menopausia: cambia de oficina, deja de fabricar óvulos y reajusta su producción hormonal, pero sigue trabajando, inflándose, reparándose, dialogando con el sistema inmune, década tras década. Y eso, lejos de ser un dato de laboratorio frío, es casi un mensaje político para todas las que escuchamos tantas veces que después de la menopausia empieza el apagón. Acá la ciencia, con sus montañas russes químicas, nos desmiente con elegancia.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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