El nombre de Roronoa Zoro: entre la leyenda del enmascarado y un corsario francés que daba miedo de verdad
Eiichiro Oda lo armó en parte con el espadachín de la marca Z y en parte con un pirata del Caribe que se comió el corazón de un soldado. Te contamos de dónde sale cada pedazo de uno de los personajes más queridos de One Piece.
A mí siempre me gustó pensar que los nombres de los personajes de One Piece eran un muestrario de obsesiones del propio Eiichiro Oda, y el de Roronoa Zoro es, tal vez, el caso más loco de todos. Te lo resumo así, sin vueltas: el espadachín del sombrero de paja que pelea con tres espadas al mismo tiempo y se pierde en absolutamente todas las direcciones posibles tiene un nombre que es un frankenstein, mitad dibujo animado, mitad crónica de la piratería más sangrienta del Caribe del siglo XVII. Y cuando uno se pone a tirar del hilo, lo que aparece es, como mínimo, inquietante.
El Zorro, el enmascarado que nunca se fue
Empecemos por la parte más amable, la del héroe de ficción. El Zorro, para el que no lo ubique, nació en 1919 en un relato llamado La maldición de Capistrano, publicado en la revista All-Story Weekly. Un año después le hicieron la primera película, El signo del Zorro, y desde ahí no paró más: pasaron más de cincuenta largometrajes, decenas de series de televisión, historietas y adaptaciones en idiomas insospechados, incluidas versiones turcas que a mí, personalmente, me generan una ternura enorme. España, ojo, llegó a producir unas catorce películas propias del personaje, casi todas en coproducción con Italia. El dato que más me gusta, y que acá vale la pena destacar, es el guiño que se permitió el doblaje al español de One Piece: directamente lo bautizaron como Zorro Ronoa, sin anestesia. A Oda le había gustado tanto el sonido que no tuvo prurito ninguno en dejar la huella a la vista.
François l'Olonnais, el otro pedazo del nombre
Y acá es donde la cosa se pone pesada, porque la otra mitad del nombre viene de un personaje histórico que no tiene nada de simpático. François l'Olonnais fue un corsario francés del siglo XVII, uno de los más temidos del Caribe. Llegó a comandar una flota de ocho barcos y unos 440 hombres, con los que atacó sin pausa embarcaciones españolas. Cuando desembarcó en Maracaibo, torturó a los vecinos de la ciudad para que confesaran dónde habían escondido sus cosas, y se ganó a pulso el apodo de la plaga de España. La anécdota más fuerte, la que a mí me eriza la piel cada vez que la cuento, es esta: cuando las fuerzas españolas lo tenían prácticamente acorralado, tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según los registros de la época, empezó a comerse el corazón ahí mismo. Los soldados retrocedieron y l'Olonnais escapó. Tiempo después murió en Panamá, también de manera violenta. En japonés, el apellido l'Olonnais se pronuncia Roronoa, y Oda lo tomó casi tal cual, sólo porque le gustó cómo sonaba. No hay, ojo, ningún vínculo temático entre la vida del pirata francés y el personaje de la serie: la elección fue estética, casi musical, no narrativa.
Dicho todo esto, lo que más me fascina es que Oda haya decidido mezclar sin prurito un ícono popular, pensado para chicos y grandes, con la biografía real de uno de los hombres más brutales que navegaron el Caribe. En el medio quedó Roronoa Zoro, un personaje que es un poco de los dos, aunque oficialmente no sea nada del segundo. A veces pienso que en ese tipo de decisiones se ve la cabeza del autor de One Piece: un tipo que sabe que un nombre puede ser un juego, una cita y un chiste privado con el lector, todo al mismo tiempo. Y, si te queda la duda de dónde se cruzan el espadachín del siglo XX y el pirata del XVII, la respuesta es: en la fonética. Nada más, y nada menos.
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