El hombre que les enseñó a los Muppets a mirar el mundo con ojos de chico grande
Jim Henson empezó como titiritero a los 17, construyó un imperio de humor absurdo y ternura, y murió a los 53 dejando una pregunta que todavía incomoda: ¿sirve hoy reírse como se reía él?
"La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro." La frase la dijo Jim Henson, y bien podría funcionar como banderazo de arranque para entender por qué un tipo que empezó moviendo títeres en un canal local de Washington terminó reinventando la tele para chicos y grandes. La cita no es un capricho: es la columna vertebral de todo lo que vino después, desde la rana Gustavo hasta el Pajaro Grande, desde "Barrio Sésamo" hasta "Fraggle Rock". Henson murió en mayo de 1990, a los 53 años, y dejó una pregunta que todavía hoy, más de tres décadas después, sigue sin una respuesta tranquilizadora: ¿se puede competir con ternura y disparate en la pantalla que tenemos hoy?
La historia arranca en una cocina que se convierte en escenario. O casi. Henson tenía 17 años cuando debutó como titiritero en un programa infantil que duró lo que un suspiro: tres semanas. Lo cancelaron. Pero no se quedó en casa llorando: esa misma temporada, junto a Jane Nebel –la mujer con quien después se casó–, arrancó "Sam and Friends", un show de madrugada en una cadena local de Washington que, sin estridencias, fue plantando la semilla de todo lo que vendría. Ahí nacieron los prototipos de los Muppets, la idea de que un muñeco de trapo podía ser más gracioso, más vulnerable y más humano que muchos actores de carne y hueso.
El show que duró tres semanas (y lo que enseñó)
Lo de la cancelación temprana fue, mirado con el diario de hoy, casi un favor. Le sacó la presión del éxito instantáneo y le dejó margen para experimentar. Henson nunca respetó las reglas del teatro de títeres clásico: jugaba con la escala, con la profundidad de campo, con la idea de que la cámara podía mirar al títere de igual a igual, sin esconder las manos ni pedir disculpas por la ficción. Esa libertad visual fue la que después permitió que los Muppets funcionaran en cine, en sketchs nocturnos y hasta en programas de noticias sin que nadie se rasguñara.
Su método no era intuitivo ni místico, aunque a veces lo parezca. "Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar –explicaba él mismo–. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos." No era un truco de escritura, era casi una psicología de la identificación: si el personaje lleva al extremo algo que todos llevamos adentro, la risa aparece sola, y después de la risa llega la empatía. Gustavo era un inseguro disfrazado de estrella de Hollywood; Peggy era ansiedad pura con tutú; el Pajaro Grande era ego sin filtro. Todos exageraban algo que cualquier espectador reconocía.
Absurdo como puerta de entrada
“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson
Esa definición conviene tenerla en la cabeza cuando uno piensa por qué los Muppets siguen vivos. El absurdo no era para Henson un recurso fácil ni un guiño a la intelectualidad: era la manera más honesta de contar la realidad. Si la vida es ilógica, injusta y desproporcionada, un programa que refleja eso con ranas narcisistas y cerditas neuróticas está, paradójicamente, más cerca de la verdad que muchos dramas solemnes que se toman en serio a sí mismos.
Henson murió a causa de un choque tóxico originado en una infección bacteriana. Tenía 53 años, una agenda llena y una lista de proyectos inconclusos, entre ellos varios largometrajes de los Muppets que se filmaron después con su plan original. Disney, que terminó comprando los derechos de sus personajes más icónicos mucho después de su muerte, debe buena parte de su catálogo familiar a la arquitectura emocional que este titiritero construyó cuarto por cuarto.
Lo que queda pendiente
Queda la pregunta incómoda: ¿aguanta esa mezcla de humor idiota y ternura genuina en la tele de hoy, hecha de algoritmos, de cortes cada seis segundos y de placas rojas con alertas? La respuesta corta es no lo sé; la larga es que, cada vez que reaparece algún intento serio de hacer reír a los chicos sin subestimarlos, se nota que el molde hensoniano sigue siendo el molde a copiar, aunque muchas veces ni siquiera se sepa. Volver a mirar "Fraggle Rock" o "Los Muppets" en cualquier plataforma de streaming es, hoy por hoy, una buena forma de recordar que la sofisticación no está peleada con la sonrisa boba. Y si querés arrancar por algún lado, yo empezaría por cualquier sketch corto de "Sam and Friends" en YouTube: dura pocos minutos, lo hizo un chico de 17 y, sin saberlo, escribió el manual de cómo reírse en serio.
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