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VIE, 16 OCT 2026
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El gran arrepentimiento de Jack Nicholson: cuando dejó pasar a Gatsby y le ganó Robert Redford

A los 89 años y retirado desde hace más de una década, el actor todavía carga con la decisión que lo separó del personaje más codiciado de la literatura estadounidense del siglo XX. Repaso de una historia llena de casualidades, egos cinematográficos y un final que pudo haber sido muy distinto.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El gran arrepentimiento de Jack Nicholson: cuando dejó pasar a Gatsby y le ganó Robert Redford

«Yo no era más que un oso de peluche». La frase se la escuché una vez a un director argentino definiendo a Jack Nicholson, y me quedó dando vueltas porque, si uno repasa su carrera, la imagen del osito de peluche parece tan lejana como su propia edad: hoy, a los 89, el tipo que nos hizo temblar con «El resplandor», nos rompió el corazón en «Chinatown» y se rió de todo en «Mejor imposible» lleva más de una década sin ponerse frente a una cámara, retirado desde que estrenó «¿Cómo sabes si...?» en 2011. Pero hay algo que todavía lo desvela, algo que ni el Oscar ni los tres conseguidos pudieron curar: el papel de Jay Gatsby, el gran personaje de F. Scott Fitzgerald, que terminó cayendo en manos de Robert Redford en la adaptación de 1974.

La historia tiene la textura de esas novelas de Hollywood que tanto le gustaba escribir a Nathanael West, y vale la pena sentarse a contarla despacio. Para entender la dimensión de lo que pasó hay que imaginarse la sala de producción de la Paramount a principios de los setenta, con el productor Robert Evans manejando los hilos como un demiurgo con bigote y camisas desabrochadas. El proyecto de llevar «El gran Gatsby» al cine era una obsesión personal de Evans, y detrás de cada decisión se adivinaba no solo el cálculo artístico sino también el pulso de un hombre cuyo matrimonio con Ali MacGraw complicaba todo lo que tocaba.

Yo no era más que un oso de peluche

El primer convocado fue Warren Beatty, que dijo que no. Después llegaron a Nicholson, que por entonces tenía 37 años y venía de una racha arrolladora. El propio actor contó que desde los 18 años su entorno le repetía que él era el indicado para encarnar a Gatsby, como si el destino le tuviera guardada la posta. Sin embargo, cuando la oferta se materializó, surgió un reparo que parece menor y que sin embargo fue decisivo: MacGraw, la esposa de Evans, estaba en carpeta para interpretar a Daisy Buchanan, y a Nicholson no le cerraba la idea de trabajar con ella en ese contexto. Lo que pasó después ya forma parte del anecdotario del estudio: Evans y MacGraw se divorciaron, MacGraw dejó el proyecto y el papel de Daisy terminó en manos de Mia Farrow.

Antes de cerrar a Redford, los productores tantearon también a Marlon Brando, que estaba en uno de sus momentos más excéntricos y caros. Nadie se puso de acuerdo, y cuando finalmente se firmó el contrato, el galán que se puso el smoking de Gatsby fue Robert Redford, que por entonces estaba en la cresta de la ola tras «Butch Cassidy and the Sundance Kid» y «El golpe». La película de Jack Clayton se estrenó en 1974 y tuvo una recepción tibia: la crítica la encontró demasiado fría y a Redford, según se dijo en su momento, demasiado contenido para un personaje que en la novela arde por dentro. Nicholson, mientras tanto, ese mismo año estaba rodando «Chinatown» con Roman Polanski, una película que le cambió la carrera y le dio una nominación al Oscar que finalmente fue a parar a manos de Art Carney por «Harry y tonto».

“Es el único papel verdaderamente excepcional que rechacé y por el que me arrepiento.”Jack Nicholson

Cinco dedos de una mano

  • El primer candidato fue Warren Beatty, que declinó la oferta.
  • Nicholson tenía reparos por Ali MacGraw, entonces esposa del productor Robert Evans.
  • Tras el divorcio Evans-MacGraw, Daisy fue para Mia Farrow.
  • También se evaluó a Marlon Brando antes de cerrar con Redford.
  • Ese mismo año Nicholson rodó «Chinatown», su consagración definitiva.

Lo que más me gusta de esta historia, y se lo digo porque me parece que vale la pena quedarse un rato con ella, es lo que dice de cómo se cocina el cine en las grandes productoras: un casting no es una búsqueda de talento, es un pacto entre egos, finanzas y pasiones personales. La decisión de Nicholson fue íntima, casi doméstica, y sin embargo reconfiguró la historia del cine: sin su negativa, probablemente Redford no habría tenido su Gatsby, Mia Farrow no habría sido Daisy, y Roman Polanski habría tenido que buscar otro partenaire para «Chinatown». El propio Nicholson lo reconoce con una franqueza que a los 89 años ya no tiene nada que perder: fue el único papel verdaderamente excepcional que rechazó y por el que se arrepiente. Hay algo de hermosa melancolía en eso, porque uno entiende que el arrepentimiento de los grandes actores no es por los premios perdidos, sino por los personajes que se quedaron en el tintero, esperando a alguien que nunca terminó de llegar.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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