El compromiso cotidiano con la memoria: lo que dejó el encuentro internacional sobre demencia que pasó por Buenos Aires
Especialistas de once países analizaron los resultados de LatAm-FINGERS, un estudio que durante dos años acompañó a más de mil mayores con una estrategia basada en alimentación, movimiento, entrenamiento cognitivo, vínculos y control cardiovascular. Las cifras muestran mejoras cognitivas y abren interrogantes sobre cómo sostener los cambios en cada comunidad.
Son las diez de la mañana de un jueves y la sala del encuentro ya está llena. Especialistas de distintos países de América latina acomodan sus carpetas mientras se acomodan en las sillas. Hablan de memoria, de cocina, de caminatas, de controles de presión arterial. La conversación no parece médica al principio, pero lo es: gira en torno a cómo se cuida el cerebro cuando los años empiezan a pesar. Yo estoy acá, tomando nota, tratando de traducir a lenguaje de barrio lo que durante dos años se puso a prueba en 1.065 personas de once países. La cita la encabezan investigadores de FLENI y el estudio se llama LatAm-FINGERS, un nombre difícil de pronunciar pero que en estas dos jornadas se volvió referencia obligada para entender qué se puede hacer, de verdad, para prevenir la demencia.
Porque la demencia no aparece de un día para otro ni se explica con un solo botón. Lo que los especialistas discutieron en Buenos Aires es justamente eso: que la alimentación, el movimiento, la actividad mental, los vínculos sociales y el cuidado cardiovascular integran una estrategia conjunta para proteger las capacidades cognitivas. Cuidar la memoria también implica atender la presión arterial, la glucosa y el colesterol. Estos controles, junto con una vida más activa y más acompañada, son los pilares de un enfoque que ya no se piensa como una lista de consejos sueltos sino como un programa para sostener en el tiempo.
El corazón del cerebro y el cerebro del corazón
El cuidado cardiovascular ocupa un lugar central porque la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores afectan los vasos sanguíneos que abastecen al cerebro. Por eso, la evaluación médica periódica forma parte de la estrategia, al igual que las actividades que permiten aprender, ejercitar capacidades cognitivas y sostener vínculos. La idea es bastante directa: lo que le hace bien al corazón también le hace bien a la cabeza, y a la inversa. Por eso cuando un médico revisa la presión o pide un análisis de glucemia no solo está cuidando un órgano: está cuidando la memoria de quien tiene enfrente.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Esa frase, que la investigadora principal repite mientras pasa de panel en panel, resume el espíritu del trabajo. Para llevar esas recomendaciones a la práctica, las posibilidades de cada comunidad cuentan. Las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres locales, algo que en la Argentina puede ir desde una reunión en un centro de jubilados hasta una caminata por la plaza del barrio. Acá, en Buenos Aires, la idea de prevenir la demencia empieza a parecerse a la de organizar la vianda, controlar la presión y no perder la costumbre de juntarse a charlar.
Lo que midió el estudio y lo que todavía falta responder
- Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países de América latina, con un seguimiento de dos años.
- La intervención reunió alimentación, ejercicio físico, entrenamiento cognitivo, socialización y atención de los riesgos cardiovasculares.
- Hubo dos modalidades de acompañamiento: una con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otra con recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía.
- El grupo con la intervención más estructurada registró una mejora de la cognición global.
- El 80 por ciento de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa y el 84,9 por ciento completó la evaluación final.
Estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y ganar tiempo de calidad, no prometer soluciones mágicas. Los propios investigadores lo aclararon una y otra vez en el encuentro: lo que se demostró es que un programa adaptado a cada comunidad puede sostenerse, que la gente se engancha y que, en el camino, algo mejora. Para mí, que vengo siguiendo estas discusiones desde hace años, lo más valioso no es la cifra aislada sino la confirmación de que la prevención es posible cuando se piensa en conjunto. Antes de irme del salón, mientras los especialistas se despedían en los pasillos, me crucé con Roberto, un médico clínico de 58 años que vino desde Córdoba. Me dijo, mientras se guardaba las anotaciones en el bolsillo, que él ya les recomienda a sus pacientes mayores algo tan simple como controlar la presión, caminar media hora por día y no perder la sobremesa con la familia. Lo dijo con una sonrisa cansada, de esos profesionales que saben que la medicina más poderosa a veces cabe en una indicación breve. Salgo a la calle con la sensación de que esta vez la noticia no es una cura ni un hallazgo espectacular, sino algo más silencioso y, por eso mismo, más valioso: la confirmación de que cuidarse en comunidad sigue siendo, a los sesenta, a los setenta y más allá, una de las mejores decisiones que podemos tomar por la cabeza.
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Santa Cruz Informa