El Batman que casi fue Rocky: la historia secreta de Stallone, el traje que nunca se probó y un cortometraje de sobremesa que todavía se recuerda en la Comic-Con
A casi un cuarto de siglo del fallido intento, el documental detrás de cámara de "Batman: Dead End" revela las conversaciones que pusieron a Sylvester Stallone a un paso de calzarse el manto del Caballero Oscuro y a Mark Hamill a regresar al Joker animado, hasta que una prueba de vestuario en la casa del actor dinamitó todo el plan.
"No me importa si es un corto, un largo o un dibujo animado: quiero ser Batman". Con esa frase, dicen los que estaban en la sala, arrancó una de las conversaciones más insólitas del cine de superhéroes de los últimos tiempos, y yo todavía no puedo dejar de pensar en lo cerca que estuvo Stallone de colgarse la capa.
Hay que situarse para entender la locura. Corría 2003, Sandy Collora era un fanático obsesivo del personaje y director de un puñado de cortometrajes de acción que circulaban en festivales, y se le ocurrió la idea más grande (y más arriesgada) de su carrera: rodar una aventura del Caballero Oscuro sin tener ni un peso de los estudios, sin tener los derechos y, en teoría, sin tener a nadie conocido en el reparto. La premisa era tan descomunal como barata: Batman persigue al Joker, que se acaba de fugar de Arkham, y en el medio aparecen un xenomorfo y un depredador para complicarle la noche. Treinta mil dólares, dos criaturas de ciencia ficción y todo el mito de Gotham condensado en pocos minutos.
La llamada que cambió el libreto
Collora necesitaba una cara para el afiche, aunque sea mental, y se la jugó con quien menos se esperaba. En el documental "Behind the Mask: The Batman Dead End Story" queda registrado el momento en que el director le comenta a Stallone que estaba preparando una pequeña película de Batman. La respuesta del actor es la que descoloca: pregunta si los estudios podrían intervenir, se queda en silencio un instante, y después acepta sumarse. Con ese nombre sobre la mesa, conseguir a Mark Hamill fue casi una formalidad: el actor ya era la voz del Joker en la serie animada de los años noventa y no hizo falta convencerlo demasiado. El casting soñado por cualquier fan estaba cerrado, y todo marchaba en el mayor de los secretos.
Acá viene el punto clave, y el que a mí más me gusta subrayar, porque muestra cómo se cocinan las decisiones grandes en las cocinas chicas de Hollywood: ninguno de los dos participantes ignoraba que Collora no tenía los derechos de Warner Bros. Lo sabían, lo hablaron, y el director les pidió expresamente discreción para evitar que el estudio bloqueara la movida antes de empezar. Era una suerte de conspiración de amigos, una fanfarria de fin de semana con actores de primera línea, mientras la maquinaria oficial miraba para otro lado.
La prueba de vestuario en la casa de Stallone
El plan empezó a desmoronarse el día que el equipo de producción se presentó en la casa de Stallone para una prueba de vestuario. En ese encuentro, cuentan los que participaron del documental, el actor reveló que había puesto al tanto a su entorno profesional sobre el proyecto. Casi de inmediato confirmó que se retiraba del corto, argumentando que la idea había escalado más allá de lo que estaba dispuesto a manejar sin el paraguas de un estudio. Mark Hamill, fiel a su propia lógica, tomó la misma decisión poco después: sin Batman no había Joker, o al menos no Joker para este Batman. La cadena se rompió por el eslabón más grande.
“Los estudios podrían intervenir. ¿Sabés qué? Hagámoslo igual.”Sylvester Stallone, en la grabación registrada por Sandy Collora
Lo que siguió es historia del cine de guerrilla digital. Collora no se rindió, rearmó el elenco con actores desconocidos para el gran público, mantuvo el guion original, sumó al xenomorfo y al depredador como estaba previsto y rodó "Batman: Dead End" con la misma pobreza de recursos con la que lo había imaginado. El cortometraje se estrenó en la Comic-Con de San Diego de 2003 y después se subió a internet para que cualquiera lo bajara gratis. Todavía hoy circula como una rareza y como una postal de lo que el fandom puede hacer cuando se lo propone, incluso sin pedir permiso.
Lo más jugoso del asunto es lo que pasó después. Stallone nunca cerró del todo la puerta del personaje, y la prueba más curiosa está en un cruce público con el guionista y dibujante Frank Miller, el padre de "El regreso del caballero oscuro", esa novela gráfica donde Bruce Wayne es un viejo cansado que sigue poniéndose el traje. Miller deslizó públicamente que le parecía una elección perfecta para una versión madura y oscura del Caballero Oscuro, y Stallone le contestó que se sentía identificado con la situación del personaje y que, si la energía seguía ahí, podía terminar siendo una revelación para todos. Eran palabras, sólo palabras, y la cosa no pasó de ahí, pero a mí me gusta leerlas como el último guiño de un actor que, a fuerza de papeles duros, siempre tuvo un superhéroe colgado en el placard esperando el momento justo.
¿Habría cambiado algo en la historia del cine de superhéroes si Stallone hubiera llegado a filmar ese papel? Probablemente no en el corto plazo, porque "Batman Begins" de Christopher Nolan estaba a la vuelta de la esquina y Warner ya tenía sus propios planes para el personaje. Lo que sí cambió fue la leyenda, esa lista infinita de "casi" que alimenta a los foros y a los podcasts: el Batman que no fue, el Joker que tampoco, y un cortometraje de sobremesa que sigue siendo, a esta altura, una de las historias más bonitas del vínculo entre los fans y los actores que admiran. Si te copa el tema, te recomiendo buscar el documental "Behind the Mask: The Batman Dead End Story", gratuito en varias plataformas, y después mirar el corto original, de unos ocho minutos, ideal para una noche de viernes con pochoclo y debate. La función, al menos en esa versión, todavía se proyecta gratis en tu pantalla.
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