Dos preguntas incómodas para empezar a decidir en primera persona
Un filósofo de la Universidad de Emory propone un ejercicio breve para separar lo que uno quiere de lo que el entorno le pide. La idea, respaldada por estudios, es tan antigua como útil: revisar de tanto en tanto por qué hacemos lo que hacemos.
Son las ocho de la tarde y Ana, 47, contesta el teléfono mientras ordena la cocina. Del otro lado, su madre le pregunta, como cada semana, si ya decidió qué hacer con el departamento que quedó vacío. Ana enumera opciones que vienen sonando hace meses: venderlo, alquilarlo, dejarlo cerrado. Pero cuando se hace en voz alta la pregunta que le cambió la cabeza hace unos días, todo se mueve de lugar. ¿De quién es la vida que estoy viviendo? Y, sobre todo, ¿quién debería determinar cómo la vivo? Acá, en esta ciudad donde parece que todos saben qué tenés que hacer, esas dos preguntas son casi una herejía.
El planteo no es nuevo, pero vuelve con fuerza de la mano de Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, un espacio de la Universidad de Emory dedicado a estudiar cómo las personas le encuentran sentido a lo que hacen. Para Bedzow, la primera pregunta suele tener una respuesta rápida: uno dice casi sin pensar que vive su propia vida. La segunda, en cambio, incomoda. Porque obliga a admitir que muchas decisiones del día a día no nacen de una convicción íntima sino de un guion familiar, de un mandato cultural, de la mirada del barrio o del grupo de amigos.
Por qué cuesta tanto inventar el propio camino
“Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo.”Ira Bedzow, filósofo y director del Emory Purpose Project
Esa comodidad, advierte el especialista, tiene un costo silencioso. Cuando uno se deja llevar por el molde de los demás, termina viviendo un libreto que nunca eligió de manera consciente. Y eso, sostienen investigaciones recientes, se nota en el cuerpo y en la cabeza.
- Un metanálisis encabezado por Sezer y colaboradores encontró que quienes persiguen metas alineadas con sus propios valores e intereses tienden a esforzarse más, a avanzar más y a reportar mayor bienestar.
- El contraste aparece con quienes orientan sus objetivos por expectativas parentales, presión de estatus o miedo a la culpa: el esfuerzo rinde menos y la satisfacción es más frágil.
- Bedzow aclara que el ejercicio no es mirar el ombligo, sino examinar las razones detrás de cada elección, considerar alternativas y aprender de los resultados, incluso de los errores.
La filósofa Susan Wolf, de la Universidad de Princeton, aporta otra pieza al rompecabezas: el sentido de la vida no surge solo del deseo individual, sino del compromiso con aquello que uno considera genuinamente valioso. Para Bedzow, esa pregunta final, si lo que se busca merece ser buscado, es la que termina de ordenar la brújula.
Antes de volver a mirar el teléfono, Ana se queda un momento en silencio. Del otro lado de la línea, su madre sigue hablando. Acá, entre la cocina y la sobremesa, las dos preguntas que trajo un filósofo de Atlanta ya están haciendo su trabajo, despacio, sin que nadie las haya anunciado.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Santa Cruz Informa