Dos esquiadores zafaron por metros del alud que bajó por el filo del Chapelco y la montaña todavía pide respeto
Una avalancha en la zona no habilitada del cerro volvió a poner sobre la mesa los límites del dominio esquiable y la importancia de respetar las señales. El operativo se activó al instante, no hubo heridos y la temporada invernal sigue su curso hasta fines de septiembre.
Son las primeras horas de la tarde del jueves y, en lo más alto del Cerro Chapelco, el viento empieza a arrastrar la nieve reciente que se acomodó después de la última tormenta. A casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, en el filo posterior del cerro, una capa de nieve pierde estabilidad y se desprende. Abajo, dos personas bajan en zigzag por una pendiente cercana. La masa blanca avanza ladera abajo a una velocidad que impresiona, pero los esquiadores logran correrse a tiempo: no hay lesionados ni víctimas en el sector. La escena, registrada por casualidad desde las cercanías, muestra en cámara lo rápido que se mueve un alud cuando la montaña decide liberar carga.
Un operativo rápido y ninguna persona en riesgo
Nosotros acá todavía tenemos fresco lo que pasó en el centro de ski, y lo primero que aclaran desde el complejo es que la zona donde ocurrió el desprendimiento está fuera del dominio esquiable. Eso significa que no tiene señalización ni autorización para que nadie baje por allí. Apenas se confirmó el desplazamiento de nieve, se cortó el acceso al sector y se empezó a evaluar la estabilidad del terreno para descartar nuevos movimientos. La orden fue mantener el área despejada y aguardar indicaciones del personal especializado.
Mario, un vecino de San Martín de los Andes de 52 años que sube al cerro casi todos los fines de semana, lo dice con una frase que repite cada vez que alguien le pregunta por las pistas alternativas: «A mí no me pagan lo suficiente como para meterme fuera de las pistas. Si los puesteros no te dejan pasar, no es porque sean malos, es porque la montaña les pasó facturas a ellos antes que a nosotros». La lectura que hacen los rescatistas y patrulleros en Chapelco va en el mismo sentido: el filo es uno de los puntos más altos del cerro y la recomendación sigue siendo permanecer dentro del área habilitada.
Por qué se viene abajo la nieve en la montaña
Para entender lo que pasó en Chapelco alcanza con repasar cómo se cocina una avalancha. Una ladera soporta el peso de la nieve mientras la adherencia entre las capas aguante. Cuando esa traba se rompe, la masa empieza a correr pendiente abajo y suma a su paso todo lo que encuentra. En el origen del fenómeno se cruzan varios factores y vale la pena tenerlos presentes:
- La acumulación sucesiva de capas de nieve con distinta consistencia, sobre todo después de nevadas intensas, genera un sándwich que puede desestabilizarse con un cambio de temperatura o con el peso de personas o máquinas.
- El viento, que después de una tormenta redistribuye la nieve hacia ciertos puntos del filo, forma cornisas y acumulaciones que se cortan de golpe cuando la base deja de sostenerlas.
- La inclinación del terreno, porque a mayor pendiente menos estabilidad, y la orientación de la ladera, que define cuánto le pega el sol y cómo se transforman las capas a lo largo del día.
- El paso de personas por sectores no habilitados, que puede sumar la sobrecarga que faltaba para gatillar el desprendimiento en una ladera que estaba al límite.
En Chapelco esa lógica se repite cada temporada y por eso las autoridades insisten con un mensaje que parece de manual pero que sigue vigente: la delimitación de las zonas seguras no es un capricho administrativo sino el resultado de años de lectura del manto nival. Después de nevadas fuertes, la recomendación es esperar a que el equipo de patrulleros revise la montaña y recién ahí volver a esquiar dentro del perímetro habilitado.
La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre y, mientras tanto, lo que dejó la tarde del jueves vuelve a recordarnos algo que esta montaña nunca deja de repetirnos: el cerro deja esquiar, pero no deja improvisar. Los dos protagonistas del episodio, que volvieron ilesos a la base, son la mejor prueba de que la montaña todavía da avisos. Habrá que prestarle atención.
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Santa Cruz Informa