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VIE, 16 OCT 2026
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Dinosaurios en la vereda: Abrams se cansó de la selva y apostó por el barrio

El productor de "El final de Oak Street" defiende la idea de David Robert Mitchell: dinosaurios donde antes iban los niños en bicicleta. La película, con Ewan McGregor y Anne Hathaway, recaudó 89 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto de 80.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Dinosaurios en la vereda: Abrams se cansó de la selva y apostó por el barrio

Vaya a saber uno qué le pasa por la cabeza a J.J. Abrams cuando se levanta a la mañana. Pero lo que dejó claro en su última ronda de declaraciones es algo que, siendo sinceros, muchos espectadores venían masticando desde que se difundieron los primeros avances: la diferencia entre "El final de Oak Street" y la saga de Parque Jurásico no es de presupuesto ni de estrellas, sino de geografía. Y, según él, ahí está justamente la gracia del asunto.

La película, dirigida por David Robert Mitchell y producida por el propio Abrams a través de Bad Robot, llegó a las salas como una apuesta de ciencia ficción de supervivencia con una premisa singular: dinosaurios sueltos en los suburbios. Nada de islas remotas ni de científicos con sombrero de safari. Aquí el peligro se cruza con el colectivero de la esquina, el kiosco de la cuadra y la pileta de lona que se arma en el patio de casa los fines de semana.

"Me encantan las películas de Jurassic, pero..."

“Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas. El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

Esa es, en sus propias palabras, la carta fuerte del film. Para Abrams, lo que hace singular a "El final de Oak Street" no es competir con la franquicia que el propio Steven Spielberg supo construir, sino correrla de eje. En lugar de la épica selvática, propone el contraste entre lo más rutinario del mundo y una amenaza prehistórica. La fórmula, claro, no es nueva en el género: ya lo había probado Spielberg en Tiburón con el pueblo costero, o incluso el cine de los ochenta con Critters o Ghoulies en barrios americanos de clase media.

Las cuentas que no cierran del todo

  • Presupuesto estimado: 80 millones de dólares.
  • Recaudación mundial: 89 millones de dólares.
  • Elenco principal: Ewan McGregor y Anne Hathaway.
  • Productora: Bad Robot, de J.J. Abrams.
  • Director: David Robert Mitchell, responsable de "It Follows".

Los números fríos cuentan una historia incómoda para la productora: con esos 89 millones, el film apenas cubrió su costo de producción, sin contar lo que se lleva la distribución internacional y el marketing, que suele ser otra montaña de dólares. Para un título que apostaba a ser un lanzamiento fuerte del verano en el hemisferio norte, el resultado deja gusto a poco.

El propio Abrams lo admite sin demasiado margen para el eufemismo. La comparación con Parque Jurásico se instaló solita en el debate previo al estreno y, según él, terminó jugando en contra: el público esperaba una experiencia equivalente y se encontró con otra cosa. "Creo que la gente está deseando ver historias nuevas, historias originales, y para mí, el atractivo innegable de esta película es el hecho de que se desarrolla en los barrios residenciales", apuntó, y agregó que quienes se engancharon con los trailers van a encontrar en la sala lo que se les prometió.

Lo que se les prometió, cabe aclarar, es un final que reemplazó a otro cierre más oscuro y complejo, según reconocieron McGregor y Hathaway en entrevistas previas. O sea: la película que llegó al cine no es exactamente la que Mitchell había imaginado en las primeras versiones del guion. Algo se resignó en el camino, y eso, dicen los actores, se nota en el tramo final.

¿Vecindario o isla tropical?

Queda la pregunta del millón, que es la que en el fondo mueve todo el marketing de la película y, sospecho, también las declaraciones recientes de Abrams: ¿alcanza con mudar a los dinosaurios del trópico a un barrio residencial para que el público vaya al cine? ¿O la gente, a esta altura, prefiere la escala épica de los escenarios que ya conoce de memoria, con su helicóptero, su John Williams y sus brontosaurios al atardecer?

Sin ánimos de spoilear nada: si te copa la idea de un tiranosaurio cruzando la calle mientras suena el cortacésped del vecino, esta es tu película. Si lo tuyo es la aventura a lo grande, Parque Jurásico sigue esperando en el catálogo. En lo personal, me quedo con la sospecha de que Abrams tiene razón en lo conceptual y que, en otro contexto de distribución, con menos ruido y más paciencia, el film podría haber encontrado a su público. Pero las salas de cine, como las peluquerías del barrio, no viven de lo que podrían haber sido, sino de la gente que se sienta en la butaca. Y eso, por ahora, no alcanza.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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