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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Dejar de tener hambre de más: cómo trabajan los nuevos medicamentos para bajar de peso y por qué el acompañamiento médico es clave

Una especialista del Hospital de Clínicas de la UBA explicó de qué manera la semaglutida y la tirzepatida intervienen sobre las señales de saciedad, y por qué el descenso de peso no se sostiene solo con una inyección.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Dejar de tener hambre de más: cómo trabajan los nuevos medicamentos para bajar de peso y por qué el acompañamiento médico es clave

En el consultorio de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas, una escena se repite casi todas las semanas. Llega alguien que comió pensando que ya estaba satisfecho y, sin embargo, al rato volvió a abrir la heladera. Otro cuenta que cena en casa, se acuesta con la sensación de llenura y, a las dos de la mañana, el cuerpo le pide otra vez algo dulce. No es un capricho ni una falta de voluntad, repite Pilar Quevedo, jefa de esa división, mientras recibe a los pacientes. Es el hambre de más, un síntoma más de una enfermedad que la medicina empezó a tratar con herramientas nuevas.

La novedad llega en forma de dos medicamentos que ya forman parte de la conversación cotidiana: la semaglutida y la tirzepatida. La segunda, aclaró Quevedo, trabaja sobre dos receptores a la vez; la primera, sobre uno. Las dos imitan señales que el intestino produce de manera natural y se conectan con el cerebro, el estómago y el páncreas. Por eso bajan las ganas de comer, prolongan la saciedad y ayudan a regular el azúcar en sangre. En la práctica, lo que muchos pacientes describen es algo tan simple como terminar el plato y no querer repetir.

Una evaluación antes de empezar y un ajuste durante el camino

Antes de recetar, la médica lo dijo con una frase que vale como punto de partida: nadie arranca un tratamiento sin una evaluación previa. Esa primera consulta incluye peso, composición corporal, antecedentes, análisis de laboratorio y una charla sobre los hábitos. Recién después se define si el fármaco tiene sentido y en qué dosis. Acá, en el Clínicas, el criterio es claro: no se baja de peso solo con una lapicera.

Durante el tratamiento, las dosis se suben de manera gradual, en un proceso que los médicos llaman titulación. Cada cuatro semanas, según el caso, se revisan los efectos, la tolerancia y los resultados. Pero la balanza no lo dice todo. También se mira si la persona preserva su masa muscular, porque adelgazar no significa perder solo grasa. Como dijo Quevedo, bajar de peso sin cuidar el músculo es como festejar un gol en contra.

El tratamiento no termina cuando se deja la medicación. Quevedo fue categórica al explicar que existe un fenómeno conocido por los especialistas: cuando una persona adelgaza, el cuerpo activa mecanismos que tienden a devolver el peso perdido. El metabolismo se ralentiza, el hambre vuelve a crecer y, si no hay un plan sostenido, los kilos reaparecen. Los medicamentos también ayudan a sostener el descenso mientras se usan, pero al suspenderlos puede haber una recurrencia si no se mantienen cambios reales en el día a día.

Por eso el abordaje es integral. Incluye alimentación, hidratación, descanso y actividad física, pero también el entorno. Acá, en Buenos Aires, no es lo mismo cocinar en una casa donde todos se sientan a la mesa que hacerlo en un departamento donde se cena a las diez de la noche después de un día de viaje en subte. La médica lo tuvo presente y lo dijo sin vueltas: los hábitos no son solo individuales, también dependen de la familia y del trabajo. Cambiar la alimentación sin contemplar el contexto es, en sus palabras, querer tapar el sol con una mano.

“Esos relatos de hambre intensa, dificultad para sentirse satisfecho y picoteo entre comidas forman parte de una enfermedad multifactorial y no pueden explicarse solamente por la voluntad individual.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA

Cuando termina la consulta, esa persona que llegó con hambre de más se va con un plan en la mano y con una idea más clara de lo que le pasa en el cuerpo. En el consultorio de Quevedo, la escena se cierra como empezó, con la misma recomendación de siempre: medicación cuando corresponde, alimento real en el plato, movimiento en la semana, descanso de verdad y controles que no se saltean. Para la médica, adelgazar no es un objetivo aislado: es una parte más de un tratamiento serio, pensado para sostenerse en el tiempo.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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