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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Darío Giordano salió al cruce de su hijo Valentín y rechazó las acusaciones de violencia: "Rechazo las acusaciones, ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características"

El productor difundió un comunicado en el que pidió que el conflicto se resuelva en privado y reconoció que quizá no estuvo a la altura emocional de sus hijos durante el duelo por la muerte de Romina Yan, ocurrida en 2010.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 6 min
Darío Giordano salió al cruce de su hijo Valentín y rechazó las acusaciones de violencia: "Rechazo las acusaciones, ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características"

Les tengo que ser sincero, estimado lector: hay historias que duelen más allá de la pantalla, y esta es una de esas. La familia Yankelevich-Giordano volvió a quedar en el centro de la escena pública después de que Valentín Yankelevich, el hijo mayor de Romina Yan, relatara haber vivido situaciones de violencia física y emocional durante su infancia y adolescencia, sobre todo después de la muerte inesperada de su mamá, en septiembre de 2010. Y a un día de ese testimonio, su papá, el productor Darío Giordano, decidió responder con un comunicado que no deja esquinas sin barrer.

Un texto que duele y que se lee entre líneas

Yo no voy a entrar en de quién dice la verdad, porque no me corresponde y porque cada uno carga con su mochila, pero sí les puedo decir que el comunicado de Giordano tiene la forma de un hombre que quiso poner un límite claro antes de que la conversación se le vaya de las manos. Arranca con una frase que funciona casi como un escudo: "Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia". Dicho queda, textual, sin rodeos.

“La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella.”Darío Giordano, en el comunicado

Lo que sigue en el texto es, a mi entender, lo más humano de toda la declaración. Giordano no se pintó como un padre perfecto, ni tampoco se victimizó. Reconoció, con una crudez que llama la atención, que el duelo lo partió al medio y que tal vez, en medio del dolor, no pudo contener como hubiera querido a Valentín y a Franco. "Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso", escribió, y de inmediato se preocupó por aclarar que pedir perdón no es lo mismo que aceptar las acusaciones. Esa distinción, lejos de ser un detalle jurídico, es el corazón del comunicado: separar el "no estuve a la altura" del "fui violento".

Sin nombres, pero con un mensaje que se entiende

Hay un párrafo del texto que, leído en frío, parece un dardo con destinatario invisible, y la verdad es que a mí me dio la sensación de que apunta directo al abuelo materno, Gustavo Yankelevich, que tiene la tenencia legal de Valentín y Franco desde 2015. Giordano escribió: "Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado". No hace falta ser muy despierto para entender a quién le está hablando, aunque no lo nombre. La referencia al "poder" y a los "contactos" parece pensada para marcar una asimetría: la de un padre que siente que su voz vale menos que la del entorno materno, que maneja buena parte de la historia pública de Romina Yan y del clan Yankelevich.

  • Valentín Yankelevich hizo públicas sus acusaciones de violencia física y emocional contra su padre, Darío Giordano, durante su infancia y adolescencia.
  • El productor rechazó los hechos en un comunicado y sostuvo que "ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características".
  • Reconoció que pudo no haber estado a la altura emocional de sus hijos durante el duelo por la muerte de Romina Yan en 2010.
  • Pidió perdón por esa limitación, pero aclaró que eso no equivale a admitir violencia.
  • Lanzó una crítica sin nombres a quienes "tienen contactos y poder" dentro del conflicto familiar.
  • Valentín y Franco viven con su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, desde 2015, cuando quedaron bajo su tenencia legal hasta la mayoría de edad.
  • Azul, la tercera hija, vivió con Giordano hasta el año pasado, según el material de base.

Y acá viene, estimado lector, el tramo del comunicado que a mí más me llegó, y que creo que es el que mejor define a un padre que, aun dolido, eligió no caer en la trampa de la pelea mediática. Giordano cerró su texto con una frase que se lee como una súplica y, al mismo tiempo, como una promesa: "No pretendo ganar una discusión pública. Quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad, sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros". Esa última parte, la del "nadie necesite hablar por nosotros", es la que más me hace ruido, porque parece un pedido directo a que sus hijos no sigan usando a terceros, periodistas, abogados o allegados, para canalizar lo que sienten.

Una herida que se abrió hace más de una década

Hay que recordar, para los que se hayan perdido algún capítulo, que Romina Yan murió de forma repentina en septiembre de 2010, dejando tres hijos chicos: Valentín, Franco y Azul. La familia se quebró ahí, en ese momento exacto, y todo lo que vino después, incluyendo esta disputa pública de la que estamos hablando, es una derivación más o menos directa de ese agujero que nunca terminó de cerrarse. Giordano dice que esa muerte "destruyó el mundo que conocía" y que debió hacer malabares para sostener a sus tres hijos mientras intentaba sobrevivir él mismo al duelo. Del lado de los chicos, según se desprende del relato de Valentín, ese intento no alcanzó, o no se sintió suficiente, y la convivencia se volvió insostenible al punto de que la Justicia terminó resolviendo que lo mejor era que Valentín y Franco se criaran con el abuelo materno, Gustavo Yankelevich, desde 2015 y hasta que cumplieran la mayoría de edad. Azul, en cambio, se quedó con su padre hasta el año pasado, según consta en el material de base, lo que marca un dato no menor: la relación con la hija más chica parece haber sido, al menos hasta hace poco, bien distinta.

¿Mi lectura personal, se la comparto? A mí este caso me deja con una sensación ambigua, de esas que no me gusta disfrazar de opinión cerrada. Por un lado, me parece atendible que un padre quiera defender su nombre cuando se lo acusa de algo tan grave como violencia física y emocional, y que lo haga por escrito, con todas las letras, sin esconderse detrás de un comunicado anónimo. Por el otro, me cuesta no pensar que cuando un hijo adulto, en frío y con los medios a disposición, elige hablar de violencia sufrida en la infancia, algo está gritando muy fuerte desde algún lugar. La verdad, como siempre en estos casos, no la vamos a encontrar en un comunicado ni en un testimonio mediático: la va a tener que reconstruir la Justicia, o el tiempo, o esa intimidad que Giordano reclama y que Valentín, por ahora, no parece dispuesto a conceder. Lo que sí me queda claro es que acá hay una familia entera que sigue intentando curarse de una pérdida que ya cumplió más de una década, y que cada vez que uno de sus integrantes habla en público, la herida se vuelve a abrir. Y eso, estimado lector, es algo que ningún canal de noticias, ningún comunicado y ninguna nota como esta va a poder cerrar.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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