Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la mochila pesa más fuera del aula: cómo acompañar el estrés escolar desde la casa

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, sostiene que la presión por las tareas y las calificaciones no se queda en la escuela: reaparece en el ánimo, en el cuerpo y hasta en la mesa familiar. Y que la manera en que reaccionan los adultos marca la diferencia entre una exigencia que estimula y un malestar que se cronifica.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando la mochila pesa más fuera del aula: cómo acompañar el estrés escolar desde la casa

Son las siete de la tarde en una cocina cualquiera de acá, en Buenos Aires, y Lautaro, de doce años, todavía no abrió la carpeta de lengua. La madre respira, cuenta hasta tres y, antes de reclamar, se acuerda de algo que repitió la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic: hacer una pausa antes de reaccionar es el primer recurso concreto que tienen los adultos para evitar que la tensión se transforme en una pelea que nadie gana. "Si quien cuida también está estresado, puede mostrar cómo trabaja sobre esa dificultad y busca ayuda", señala la especialista, y esa frase, traducida al living de casa, quiere decir algo muy simple: los chicos miran cómo resolvemos nosotros antes de aprender a resolver ellos.

Porque el estrés escolar, como lo define Albers, no se queda en el aula ni se limita al horario de clase. La presión por las tareas, las calificaciones y las expectativas familiares suele viajar con los estudiantes y reaparecer en el hogar bajo formas que no siempre se parecen a una queja. Cambios de humor, dificultades de conducta, dolores de panza que no tienen causa médica, irritabilidad a la hora de la cena: todo puede ser, según la psicóloga, una manera que tiene el cuerpo y el ánimo de decir que la mochila pesa demasiado.

La diferencia entre una exigencia que estimula y un malestar que se cronifica

Hay, de todos modos, una franja donde el desafío funciona como motor. "La especialista distingue entre una exigencia que puede estimular y una respuesta de estrés demasiado frecuente o prolongada", resume la nota. En el segundo caso, cuando el alerta se repite día tras día, el organismo va perdiendo las oportunidades de recuperarse. Y acá aparece un dato que a los padres suele sorprenderles: la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, esa que necesitamos para manejar información en el momento, y eso vuelve más difícil recuperar lo aprendido. Explicárselo a un chico, dice Albers, lo ayuda a entender por qué cuidar el bienestar también importa para rendir. Dormir mal, comer apurado, no parar nunca: todo eso paga factura en el examen.

Ordenar la jornada cuando todo parece urgente

Para esos días en los que la agenda se vuelve una montaña, Albers propone un ejercicio que parece de oficina pero se aplica perfecto a la mesa familiar: revisar qué requiere una resolución inmediata, qué admite una espera y qué puede delegarse o, directamente, quitarse. Después, conviene dividir la obligación prioritaria en acciones más chicas. Así, una demanda que parecía imposible de abordar se convierte en pasos manejables. La lógica es la misma que usamos nosotros para organizar un domingo de trámites: si lo vemos entero, nos aplasta; si lo vemos en pedazos, lo hacemos.

  • Hacer una pausa antes de reaccionar frente a una queja o un mal humor del chico.
  • Pedir ayuda y mostrarse haciéndolo: los adultos también podemos decir "no puedo solo con esto".
  • Ordenar las tareas en tres columnas: urgente, postergable y descartable o delegable.
  • Dividir lo prioritario en pasos pequeños y concretos para no sentirse desbordado.
  • Sostener el descanso, las comidas sin pantalla y los vínculos presenciales como prioridad.
  • Sustituir el scroll permanente por actividades que anclen en el presente: arte, caminata, meditación.

El celular, las redes y la sensación de estar siempre bajo evaluación

Acá hay otro punto sobre el que Albers hace foco y que a los padres de adolescentes les suena conocido: las redes pueden prolongar la sensación de estar bajo evaluación aun cuando la escuela ya cerró. Comparaciones con pares, mensajes de grupos que siguen activos a la noche, notificaciones que recuerdan lo que falta: todo empuja a un estudiante a sentirse observado aun cuando está en pijama. Como alternativa al desplazamiento continuo por publicaciones, la psicóloga plantea actividades artísticas o meditación que permitan concentrarse en el presente, algo que a veces los grandes también necesitamos recordar.

El acompañamiento, insiste Albers, no siempre llega en forma de palabras. Muchas veces aparece en una cena sin teléfono, en una pregunta sobre cómo se siente y no sobre qué sacó, en un domingo a la tarde en el que se le permite al chico aburrirse un rato. También se construye cuando en la casa hay otros adultos de confianza, vecinos, tíos, abuelos, capaces de manejar sus propias emociones y acompañar al joven cuando las obligaciones lo sobrepasan. "La necesidad de acompañamiento no siempre aparece expresada en palabras", recuerda la especialista, y por eso conviene estar atentos a lo que muestra el cuerpo antes que a lo que dice la boca.

Vuelvo a la cocina de arranque: Lautaro, que mientras tanto se sentó y abrió la carpeta, levanta la vista y dice que no le sale. La madre, esta vez, le pregunta cómo se siente antes de pedirle que intente de nuevo. No es magia, es el primer paso de una conversación que, según Albers, puede hacer la diferencia entre un año escolar que se arrastra y un año que, con sus exigencias y todo, también deja lugar para vivir. Desde acá, desde esta Buenos Aires que pide results a la mañana y consuelo a la noche, vale la pena intentarlo.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo