Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la gripe no se va y vuelve peor: las señales que obligan a salir corriendo al médico

Un infectólogo de la Cleveland Clinic advierte que la mejoría aparente puede ser una trampa y détaille cuándo un cuadro que parecía común se vuelve una urgencia. Los grupos de riesgo y las complicaciones que pueden aparecer aun en personas sin antecedentes.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando la gripe no se va y vuelve peor: las señales que obligan a salir corriendo al médico

Son las ocho de la mañana y en la guardia del hospital de barrio la fila ya da vuelta la esquina. María, 52 años, llegó tosiendo y con la garganta destrozada. Se había sentido mejor el martes y el miércoles amaneció con fiebre otra vez, ahogada. 'Pensé que era el coletazo del cuadro', me dice mientras se sienta en una de las sillas de plástico. Lo que ella todavía no sabe es que esa mejoría seguida de un empeoramiento brusco es, justamente, una de las señales que los infectólogos marcan con rojo para consultar sin demoras. Acá, en esta ciudad donde todavía nos cruzamos con conocidos en la sala de espera, vale la pena repasar qué mirar cuando la gripe se pone pesada.

El infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la Cleveland Clinic, lo explicó con una claridad que a mí, como periodista, me sirve para traducirlo a lo que nos pasa en el día a día. La gripe no siempre se limita a unos días de fiebre y mocos. Puede complicarse, y cuando lo hace, el reloj corre rápido. La neumonía es la complicación potencialmente mortal más frecuente, ya sea porque el propio virus avanza hacia los pulmones o porque, cuando las defensas están agotadas, se abre la puerta a una infección bacteriana que se suma.

Señales que encienden la alarma

  • Falta de aire o sensación de que el aire no alcanza.
  • Dolor o presión en el pecho, como un peso que aprieta.
  • Labios o uñas con tono azulado, señal de que falta oxígeno.
  • Confusión repentina, desmayo o dificultad para mantenerse despierto.
  • Vómitos intensos o imposibilidad de retener líquidos, con riesgo de deshidratación severa.
  • En niños pequeños, respiración acelerada y llanto que no se calma.

A María, mientras le toman la saturación, le pregunto si tiene obra social. Me dice que sí, pero igual se quedó pensando antes de venir: 'No quería molestar por una gripe'. Esa lógica, la de aguantarse en casa hasta que el cuerpo no da más, es la que los especialistas quieren desterrar. En las personas con diabetes, enfermedades renales, cardíacas, pulmonares u obesidad, el deterioro puede darse en apenas 24 o 48 horas. También son especialmente vulnerables los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Y ojo: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra.

Porque la gripe, como me insiste el especialista al repasar el cuadro, puede provocar complicaciones que exceden largamente a los pulmones. Está la sepsis, una reacción descontrolada del sistema inmune que termina dañando los propios tejidos y órganos. Está el empeoramiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que puede llevar a una insuficiencia respiratoria. Y en pacientes con el corazón ya tocado, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial, y desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular. Tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros graves, de modo que el tipo de virus no descarta el riesgo individual.

La prevención que sí está en nuestras manos

Kotekal insiste con algo que en esta época del año escuchamos una y otra vez, pero que parece que nunca terminamos de aplicar del todo: la vacunación anual. Es la herramienta más concreta para bajar las chances de terminar como María, sentada en la guardia, con un turno que se demoró más de la cuenta. La mayoría de las personas se recupera en una a tres semanas, sí, pero ese esfuerzo que hace el organismo para enfrentar el virus también puede abrir la puerta a problemas que nadie tenía en el radar.

Antes de irme, vuelvo a buscar a María. Ya la vio el médico, le hicieron una placa y quedó en observación por sospecha de neumonía. 'Menos mal que viniste', le dice el doctor mientras le coloca la vía. Ella me mira por encima del barbijo y se ríe, todavía con tos. 'Avisale a la gente que no se quede en casa'. Eso, justamente, es lo que me llevo yo de esta mañana: que cuando un cuadro gripal mejora y de golpe vuelve peor, no hay que bancarse otra noche esperando que pase. Hay que ir. Y si aparecen las señales que enumera el infectólogo, no hay que pensarlo dos veces. Nosotros, los que caminamos esta ciudad todos los días, sabemos que un rato de espera en una guardia es siempre preferible a quedarse en la casa con la duda.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo