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VIE, 16 OCT 2026
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Cuando el que escribe también dirige: el déjà vu de Sorkin en «El precio de la red»

La esperada secuela de «La red social» llega con el sello completo de Aaron Sorkin y, según la crítica especializada, confirma algo que se veía venir: sus mejores guiones fueron aquellos que otros directores supieron contener.

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Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Cuando el que escribe también dirige: el déjà vu de Sorkin en «El precio de la red»

Arrancamos con una frase que, si fuera de algún poeta de San Telmo, bien podría resumir la sensación que deja la nueva película: «Yo no digo nada, yo miro». La pronuncia un personaje de Aaron Sorkin en «El precio de la red» y, en el fondo, parece una confesión del propio autor: cuando nadie lo corrige, se queda mirando cómo la historia se le va de las manos. Y eso es exactamente lo que muchos críticos vienen señalando desde que se conoció la película.

Antes de hablar del filme, vale describir el lugar: una sala de cine cualquiera de Buenos Aires un jueves a la tarde, con la pantalla iluminada por un proyector que arranca con el logo de Sony y la música inconfundible de Trent Reznor y Atticus Ross, esa pareja de sonido que ya es sinónimo de drama tecnológico made in Hollywood. Ahí, en esa butaca, uno se acomoda esperando ver la secuela espiritual de «La red social», aquella película del 2010 que David Fincher convirtió en un clásico instantáneo. Pero lo que aparece en pantalla es otra cosa: un Sorkin sin red, sin contención, dueño absoluto de la palabra y, según la lectura más compartida por la prensa anglosajona, también dueño de un resultado que no termina de cuajar.

Los ecos de la redacción de The Newsroom y del 6 de enero

La película funciona como secuela no oficial de «La red social» y arrastra además el fantasma de dos proyectos que Sorkin lleva años intentando hacer funcionar: la serie «The Newsroom», donde un equipo periodístico discutía la ética de informar en vivo y en directo, y un largo proyecto sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 que, por distintas razones, nunca llegó a la pantalla. Todo eso se filtra en «El precio de la red»: hay redacción de noticias, hay crisis institucional, hay monólogos encendidos sobre la verdad y la mentira en la era digital, y hay una urgencia democrática que, sin un director que la traduzca en imagen, queda a medio camino entre el sermón y el panfleto.

Molly's Game y la sombra de los que ya no están

Para entender por qué la película decepciona, hay que mirar la filmografía de Sorkin como director. Su debut detrás de cámara fue «Molly's Game», en 2017, con Jessica Chastain como una organizadora de partidas de póker clandestinas en Los Ángeles. La crítica la recibió con benevolencia, reconociendo un pulso narrativo sólido aunque algo ampuloso. Después vinieron «The Trial of the Chicago 7» y «Being the Ricardos», y en ambos casos el patrón se repitió: buenas actuaciones, diálogos brillantes, pero una puesta en escena que no acompañaba. Cuando David Fincher llevó al cine el guión de «La red social», cuando Danny Boyle hizo lo propio con «Steve Jobs» o cuando Rob Reiner dirigió «Algunos hombres buenos» y «Misery», los textos de Sorkin encontraron el contrapeso justo: un realizador con pulso visual capaz de podar sus excesos, de acortar los soliloquios, de iluminar los interiores como algo más que oficinas genéricas.

  • Soliloquios extensos que existen más porque suenan bien en voz alta que porque la historia los necesite.
  • Escenas de interiores con problemas de iluminación notorios, llamativos si se tiene en cuenta que el director de fotografía es el mismo de «La red social».
  • Un montaje sin urgencia, donde las imágenes rara vez trascienden lo puramente funcional.
  • Un tono idealista que, sin un director externo que lo discipline, se vuelve monocorde y solemne.
“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Bill Burr, en uno de los diálogos de «El precio de la red»

Esa línea, que ya aparece en los tráileres y que pronuncia el personaje que interpreta el comediante Bill Burr, sintetiza la lectura que muchos críticos norteamericanos están haciendo: el guionista tiene el control total y, en lugar de ordenar el tránsito, lo deja pasar. La pregunta que abre la nota es, justamente, si uno coincide con esa mirada o si, por el contrario, cree que hay algo valioso en que un autor decida todo de punta a punta, sin intermediarios. Mi postura, ya entrando en la zona más personal de la nota, es intermedia pero inclinado hacia el primer lado: admiro a Sorkin como pocas figuras del Hollywood reciente, pero «El precio de la red» me confirma que su talento es de escritor antes que de director, y que cuando nadie lo empuja a mirar la página desde afuera, el resultado termina padeciendo el peso de sus propios hallazgos.

Si te interesa verla y sacar tus propias conclusiones, la película ya está en cartel en las principales cadenas de cines del país, con funciones que arrancan alrededor de las 14 y se extienden hasta pasadas las 22. Las entradas promedian los 6.500 pesos en formato estándar y los 9.000 en salas premium, aunque siempre conviene chequear las promociones de los complejos en la web oficial antes de ir. Te recomiendo llegar con tiempo, porque la película dura algo más de dos horas y el clima de conversación que se genera a la salida bien vale la sobremesa.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

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