Cuando el intestino pide atención: qué hacer y qué no hacer con las molestias que se vuelven costumbre
Gases, hinchazón o cambios persistentes en las evacuaciones no deberían naturalizarse. Especialistas consultados por diversos medios recuerdan que la variedad en la mesa, el uso prudente de los antibióticos y el manejo del estrés son pilares del cuidado digestivo, pero no reemplazan la consulta profesional cuando los síntomas se repiten en el tiempo.
Acá en Buenos Aires son las ocho de la mañana y María Eugenia, de 52 años, ya lleva un rato sentada en la cocina con una infusión, descreída. Hace meses que convive con la panza hinchada, los gases después de almorzar y esa sensación de que la comida le queda dando vueltas, y lo cuenta mientras revuelve el termo con la cuchara, como si todavía esperara que alguien le explique por qué le pasa. No es la única: alrededor suyo, en el barrio, en la oficina, son varias las personas que aprendieron a convivir con esas molestias digestivas como si fueran parte del paisaje, y a mí, como periodista, eso es lo que más me llama la atención, porque la costumbre no es lo mismo que la normalidad.
Cuando la molestia deja de ser pasajera
La especialista en nutrición clínica Marcie Vaske advirtió que gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones requieren evaluación profesional cuando se prolongan en el tiempo, porque pueden estar vinculados a intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones de la microbiota, entre otras causas que un consejo genérico no alcanza a resolver. Lo dijo con una frase que me parece clave y que vale la pena repetir: convivir con esos malestares no debería convertirse en una costumbre, y creo que María Eugenia, si me lee, va a asentir con la cabeza desde su cocina.
El intestino, conviene recordarlo, alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas del cuerpo y hasta en la forma en que obtenemos energía de los alimentos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que pueden modificar esa comunidad de microorganismos, y por eso lo que comemos y lo que tomamos importa mucho más de lo que solemos pensar en la vida cotidiana.
La fibra como aliada y el problema de la dieta repetida
- La fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se encuentra en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
- La Organización Mundial de la Salud aconseja incluir esos grupos de alimentos y alcanzar al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras.
- Cuando la mesa se vuelve repetida y predominan los ultraprocesados, esa diversidad se reduce y, según la dietista Jenna Volpe, pueden favorecerse procesos inflamatorios.
- Los alimentos fermentados pueden sumar a una dieta variada, pero incorporarlos no sustituye la consulta si las molestias vuelven a aparecer.
A esa lista se suman dos factores que a veces se pasan por alto y que pesan mucho en cómo funciona la panza: el uso de los antibióticos y el estrés de todos los días. Los antibióticos son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando hay indicación médica, pero su utilización innecesaria puede afectar microorganismos beneficiosos, por lo que la recomendación sanitaria es tomarlos siempre con prescripción y completar el tratamiento tal como fue indicado, sin acortarlo ni estirarlo por cuenta propia.
En paralelo, la gastroenteróloga Asma Khapra explicó que el estrés puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal, algo que muchos lectores de entre 40 y 60 años reconocerán sin esfuerzo, porque es justamente en esa franja donde se acumulan las responsabilidades laborales, los cuidados familiares y las pocas horas de sueño. El movimiento corporal integra el cuidado: para adultos, la Organización Mundial de la Salud recomienda entre 150 y 300 minutos de actividad física por semana, una cifra que parece grande pero que se puede repartir en caminatas por el barrio, en subir escaleras o en cualquier rutina que saque del sillón.
Antes de cerrar, vuelvo a María Eugenia, que ya se terminó la infusión y me mira como pidiendo una conclusión, porque ella, como muchos de nosotros, quiere respuestas simples para un problema que no las tiene. La síntesis, si me permiten, es bastante humana: conviene comer más variado, moverse lo que se pueda, usar los antibióticos con responsabilidad y tomarse en serio el estrés, pero cuando los síntomas digestivos se repiten semana tras semana, lo que corresponde es sentarse frente a un profesional y contarle todo, sin vergüenza y sin restarle importancia. La salud del intestino, al final, se cuida todos los días, y también se consulta cuando algo no anda bien.
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Santa Cruz Informa