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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el cuerpo dice basta: cinco llaves para volver a ritmo sin arse la vida

Una coach especializada en gestión del estrés y los principales organismos internacionales coinciden en que la salida del piloto automático empieza por pausas mínimas, metas concretas y revisar la propia relación con la exigencia. Acá, las cinco prácticas que recomiendan y por qué funcionan.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Cuando el cuerpo dice basta: cinco llaves para volver a ritmo sin arse la vida

Son las diez de la mañana de un martes cualquiera en una oficina del microcentro porteño y María Laura, de 52 años, contadora, lleva ya dos horas contestando mails sin haber tocado el primer informe que le vence al mediodía. Me lo cuenta mientras se sirve un café en el kiosco de la esquina y se ríe, un poco cansada, un poco incrédula: 'Es como si el día me pasara por encima y yo fuera corriendo atrás, sin poder decidir nada'. Esa sensación de ir a los tropezones, de tener la agenda desbordada y al mismo tiempo la cabeza en blanco, es más común de lo que parece. Y tiene nombre: saturación operativa, ese estado en el que la cantidad de tareas deja de ser el problema y empieza a serlo la ausencia de paradas intencionales.

Cinco hábitos que no exigen reinventarse la rutina

La coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda identifica cinco prácticas concretas para salir del piloto automático. No son recetas mágicas ni requieren una reorganización total de la vida: el punto de partida es tan pequeño como detenerse un momento antes de seguir.

  • Observar el propio estado al empezar o cerrar el día: no para repasar pendientes, sino para responder preguntas simples, como cómo uno se encuentra, qué necesita en ese momento y qué tareas siguen teniendo sentido. Esa pausa devuelve perspectiva cuando el trabajo se hace por pura inercia.
  • Alejarse unos minutos de la pantalla, respirar o cambiar de espacio antes de retomar. Reducir el número de decisiones inmediatas evita que la propia planificación se vuelva una fuente adicional de presión. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) subraya que los descansos deben ajustarse en tiempo y frecuencia a la carga real de cada actividad.
  • Preguntarse qué hay detrás de la resistencia a parar. Cereceda propone indagar si el impulso de seguir responde a miedo de no llegar, de perder el control o de decepcionar. Ese reconocimiento desplaza el foco desde la organización pura hacia la relación personal con la exigencia. La OIT vincula las jornadas extensas y la falta de pausas con el estrés laboral.
  • Reemplazar objetivos vagos por acciones específicas y observables. En lugar de proponerse 'desconectar más', conviene definir acciones como caminar dos tardes por semana, reservar una noche sin trabajo o dedicar una comida a estar plenamente presente. Después, evaluar qué efecto concreto tuvo: más energía, más calma o más sensación de control.
  • Reconocer que parar no depende solo de la voluntad individual. La OIT recomienda que las organizaciones consulten a sus equipos sobre la distribución del tiempo y la carga laboral. Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que la prevención de los problemas de salud mental vinculados al trabajo requiere tanto medidas personales como cambios en las condiciones laborales.

María Laura, en presente

Vuelvo a María Laura, que ya está de nuevo frente a la pantalla. Antes de abrir el informe, cierra los ojos treinta segundos, respira hondo y se obliga a una sola pregunta: qué necesita ella en este momento, no qué le exige la agenda. No es mucho. Pero, según le explican los especialistas y le confirman los organismos internacionales, ese gesto mínimo, repetido a diario, es el primer paso para dejar de correr detrás del día y empezar a decidir, de verdad, cómo quiere transitarlo. Acá, en esta ciudad que no frena nunca, aprender a parar un instante es, paradójicamente, la forma más concreta de volver a tomar las riendas.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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