Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.540,00 +0,33%Dólar blue $1.560,00 +0,32%Dólar MEP $1.544,10 +0,10%Riesgo país 648 pb +4,18%
LUN, 19 OCT 2026
Vida

Cuando el cuerpo avisa antes de toser: las pistas silenciosas de la neumonía que muchos pasan por alto

El cansancio profundo, el agobio para respirar y las náuseas pueden aparecer varios días antes que la tos o la fiebre. Especialistas neumonólogos insisten en que prestar atención a esas señales tempranas marca la diferencia, sobre todo en los mayores de 65 años y en quienes conviven con enfermedades crónicas.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando el cuerpo avisa antes de toser: las pistas silenciosas de la neumonía que muchos pasan por alto

Tengo la imagen todavía fresca de Marta, 72 años, vecina del barrio de Belgrano, sentada en la puerta de su casa con una muñeca colgando del cuello de la remera. Ella me lo dijo mientras tomábamos un mate en la vereda, una mañana de estas que el termómetro de la calle no sabe bien si quiere quemar o apenas molestar: "Hijita, yo pensé que era el calor, que estaba cansada porque dormí mal. Pero esa fatiga no era normal. No tenía tos ni fiebre. Cuando llegué al médico ya tenía los pulmones encharcados". La historia de Marta no es un caso aislado ni una exageración de vecina preocupada. Es, casi calcada, la misma postal que describen especialistas en neumonología de un lado y del otro del mostrador cuando hablan de neumonía.

La neumonía, esa infección que llena de líquido o pus los diminutos saquitos de aire que tenemos en los pulmones llamados alvéolos, tiene fama de presentarse con fiebre alta, tos con flema y dolor en el pecho. Esa fama, sin embargo, le juega en contra a más gente de la que uno imagina. El cansancio profundo y una respiración que se vuelve agitada sin motivo aparente suelen aparecer varios días antes que los síntomas clásicos. También pueden asomar los latidos acelerados, las náuseas, la falta de apetito y ese malestar general que cualquiera describiría como "sentirse flojo, sin ganas de nada".

Lo que dice el especialista

“La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos. Si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre.”Gerald Weinhouse, neumonólogo de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham
  • Cansancio extremo y persistente, que no se explica por el esfuerzo físico ni por una noche de mal dormir.
  • Respiración más rápida de lo habitual o sensación de que el aire no alcanza, incluso estando quieto.
  • Latidos acelerados, náuseas, falta de apetito y un malestar general difuso.
  • En adultos mayores, confusión repentina, somnolencia fuera de lo normal o desorientación, que justifican consulta médica sin demora.
  • Temperatura corporal por debajo de lo normal, especialmente en mayores de 65 años o en personas con las defensas bajas, lo que no descarta la enfermedad.

Acá conviene detenerse un segundo, porque este punto es de los que más se subestiman del lado de los pacientes y del lado de las familias. La ausencia de fiebre no descarta la neumonía. De hecho, en los adultos mayores y en quienes tienen el sistema inmunológico comprometido, la puede estar incluso por debajo de lo normal. Muchos llegan a la guardia pensando que "no puede ser nada grave porque no hay fiebre", y ese pensamiento es justamente el que los especialistas piden abandonar. Del mismo modo, la tos que reaparece después de unos días de mejoría, el dolor en el pecho al respirar y la fiebre persistente de 39 grados o más son motivos suficientes como para golpear la puerta de un consultorio, sin esperar a ver si el cuerpo se acuerda por su cuenta de cómo estar bien.

Los grupos con mayor riesgo de complicaciones están bastante identificados, y vale la pena repasarlos porque probablemente más de un lector se sienta identificado con alguno. Bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes conviven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o están recibiendo tratamientos que reducen las defensas, son los que más miran de reojo cualquier cuadro respiratorio que se estire más de la cuenta. En estos pacientes, la infección puede escalar hacia acumulación de líquido alrededor de los pulmones, presencia de bacterias en sangre, abscesos pulmonares e insuficiencia respiratoria que termina en una cama de terapia intensiva.

Las causas son variadas y conviene tenerlas presentes: la infección puede ser bacteriana, con el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae entre los protagonistas más frecuentes; viral, a partir de algunos virus de la gripe o del covid-19; o fúngica, aunque esta última es menos habitual. La evolución, aclaran los neumonólogos, depende del agente que la provoque, de la edad y del estado de salud previo de cada persona. De ahí que no haya una neumonía igual a otra, y que aquello que en un adulto joven se resuelve en una semana con reposo y un buen mate, en una persona mayor o con comorbilidades pueda transformarse en una internación.

Volví a llamar a Marta antes de cerrar esta nota, para ver cómo venía. Me atendió con la voz un poco tomada todavía, pero del lado bueno del tomado: el de quien está terminando una recuperación y no el de quien está empezando una enfermedad. Me dijo algo que me quedó dando vueltas, con esa forma que tienen los mayores de decir las cosas importantes como si fueran intrascendentes: "Cuando uno se conoce, sabe cuándo el cansancio es de los normales y cuándo no. Si algo te dice que no es lo de siempre, hacele caso al cuerpo antes que al reloj". Acá en la ciudad, donde muchas veces se va estirando la consulta médica hasta que el cuadro se vuelve urgente, ese consejo vuelve a sonar como lo que es: una forma vieja y, sin embargo, enorme de cuidarnos entre nosotros.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo