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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el corazón avisa sin gritar: las señales que las mujeres suelen pasar por alto

Una especialista británica enumera los síntomas cardíacos atípicos más comunes en mujeres y advierte que la falta de dolor de pecho no excluye un cuadro grave. Cuándo alcanza con una consulta y cuándo hay que salir corriendo a la guardia.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando el corazón avisa sin gritar: las señales que las mujeres suelen pasar por alto

Son las siete de la tarde y Marta, 52, termina de guardar los platos después de la cena. Apoya la mano en el hombro izquierdo, se queda quieta un segundo y vuelve a la cocina. Hace tres meses que le pasa cada vez que sube las escaleras del edificio o carga el bolsón del supermercado. Lo atribuye a los años, al stress del trabajo y, claro, a la menopausia. Acá, en Buenos Aires, esa escena se repite en miles de hogares sin que nadie le ponga nombre: lo que Marta siente tiene un origen cardíaco, y no digestivo ni emocional como ella cree.

La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, decidió hace un tiempo dedicar buena parte de sus charlas a un fenómeno que la inquieta: las mujeres llegan más tarde a la consulta por infarto y, cuando lo hacen, suelen describir sus síntomas de manera tan distinta a la de los hombres que ni mismas ni los profesionales terminan de dimensionar lo que está pasando. Para la especialista, la clave está en aprender a leer las señales que el cuerpo repite y en entender que la ausencia de dolor de pecho no descarta nada.

El dolor que no se parece a un infarto

Banerjee explicó que, cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, las señales dolorosas viajan hasta la médula espinal. Como esas vías comparten conexiones con otras zonas del cuerpo, el cerebro puede registrar la molestia en lugares inesperados: la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos. Esa es la razón por la que una mujer puede sentir un peso en la mandíbula mientras camina rápido o un hormigueo en el hombro izquierdo al levantar una bolsa, sin que en ningún momento aparezca ese dolor de pecho clásico que todos asociamos con un infarto.

La especialista británica resumió el patrón al que conviene prestarle atención: cuando el dolor, el agotamiento o la falta de aire se repiten durante el esfuerzo físico, sin una causa clara que lo justifique, la consulta con un cardiólogo no puede esperar. La repetición es la pista más importante, más allá de dónde duela exactamente.

  • Molestias que se repiten al subir escaleras, caminar rápido o hacer tareas cotidianas como tender la cama.
  • Dolor o sensación rara en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos, aunque no haya dolor de pecho.
  • Acidez o indigestión que aparecen sin relación con las comidas o en horarios extraños, como la madrugada.
  • Agotamiento desproporcionado frente a una actividad que antes se hacía sin problema.
  • Sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico combinados con dolor o molestia en el pecho.

La indigestión que no era indigestión

Banerjee contó el caso de una paciente que llegaba a la consulta con episodios de eructos y malestar digestivo. Después de varios estudios, terminó needing stents por una enfermedad coronaria seria que se detectó con un angiograma. La especialista insistió en que, cuando la acidez aparece de la nada, a las tres de la mañana o después de hacer un movimiento que exige esfuerzo, conviene pensar en el corazón antes que en el estómago.

“Cuando la indigestión aparece sin relación con lo que comiste o en horarios poco habituales, no la descartes como algo digestivo sin más.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge

Cuándo correr a la guardia

Hay un combo de síntomas que, para la cardióloga, no admite esperar al turno con el clínico: sudores fríos, náuseas, mareos o una sensación de pánico que aparecen junto con dolor o molestia en el pecho. En esos casos, la indicación es presentarse directamente en una guardia. Banerjee agregó un dato que rompe con la idea más extendida: el dolor cardíaco no siempre se siente como una presión aplastante. Puede presentarse como punzadas o pellizcos, y aun así tratarse de un cuadro grave.

Después de la menopausia, el riesgo cardiovascular de las mujeres sube de manera marcada. La caída de estrógenos se asocia con cambios en la presión arterial, con suba del colesterol y con acumulación de grasa en la zona del abdomen. Por eso, la especialista recomendó controles periódicos de presión y de colesterol a partir de esa etapa, como una manera de anticiparse a problemas que, de otro modo, llegan sin aviso.

Vuelvo a Marta, la vecina del principio. La próxima vez que apoye la mano en el hombro al subir las escaleras, en lugar de achacarlo al stress o a los años, va a saber que ese gesto pequeño puede estar contándole algo importante sobre su corazón. Prestar atención a las molestias, registrar cuándo aparecen y con qué actividad se repiten es el primer paso para no llegar tarde a un diagnóstico que, en cardiología, marca la diferencia entre un susto y una tragedia.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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