Saltar al contenido
Santa Cruz InformaSanta Cruz Informa ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.542,50 +0,18%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Cuando De Niro y Streep se miraron sin disparar: la historia de amor que Manhattan quiso olvidar

En 1984, dos de los actores más intensos de Hollywood se sacaron las armas y se probaron como amantes imposiblemente comunes. Casi nadie fue a verla. Cuatro décadas después, vuelve a estar disponible y uno se pregunta por qué se le dio tan poca bola.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Cuando De Niro y Streep se miraron sin disparar: la historia de amor que Manhattan quiso olvidar

Lo dijo alguna vez alguien que sabe de eso: que el amor aparece cuando uno deja de buscarlo, y casi siempre en el lugar menos pensado. Puede ser en un bar, en una oficina, en un cumpleaños ajeno. También, claro, en una librería de Manhattan, en plena Navidad, mientras uno revuelve regalos envueltos para gente que ya conoce de memoria. De eso se trata Enamorarse, la película que en 1984 juntó a Robert De Niro y Meryl Streep en un registro que a casi nadie se le hubiera ocurrido pedirles: el de dos adultos casados que se enamoran sin buscarse, sin entender bien por qué, y que durante casi dos horas se debaten entre lo que sienten y lo que prometieron.

Una librería, un tren y la vida de antes de que algo se rompa

La película arranca con un equívoco chico, de esos que en la vida real no tendrían la menor importancia. Frank Raftis, el personaje de De Niro, y Molly Gilmore, el de Streep, se cruzan en una librería del Upper West Side, intercambian por error los paquetes que llevan a sus casas y se separan con una incomodidad educada, de neoyorquinos que se bancan todo. Lo que sigue es lo de siempre: el azar los vuelve a poner en el mismo vagón del tren, en horarios parecidos, y de a poco la conversación deja de ser un trámite para convertirse en lo más interesante del día de cada uno. La ciudad hace el resto: la rutina, el frío, los andenes, las caras medio conocidas del subte. Es, en el fondo, una historia de oficinistas que se quieren sin poder.

Brief Encounter, pero con facturas y en castellano neutro

El guion es de Michael Cristofer, que por entonces venía de escribir la versión teatral de La gata sobre el tejado de zinc, y se nota la mano: los diálogos están trabajados, hay silencios que pesan, y el conflicto central no se resuelve a las piñas ni con un disparo, que era más o menos lo que uno esperaba de estos dos en esa época. Lo que hay es una pareja de desconocidos de toda la vida que tienen que decidir qué hacen con algo que ninguno de los dos buscó, mientras en sus casas los esperan maridos, hijos, cenas y obligaciones. La comparación con Brief Encounter, el clásico inglés de 1945, salió en varias reseñas de la época y es inevitable: las dos películas comparten la idea de un amor fuera de tiempo, que no termina de consumarse y que por eso mismo termina marcando a fuego a los que lo viven.

El elenco de apoyo ayuda bastante a sostener ese mundo chico: Harvey Keitel está como un amigo con código propio, Dianne Wiest y Jane Kaczmarek completan el universo de matrimonios y conversaciones de cocina, y David Clennon se roba alguna escena como el marido de Molly, ese que uno termina entendiendo aunque no quiera entenderlo. Todos hacen lo que tienen que hacer: recordarnos que Frank y Molly no están solos en el mundo, que lo que hagan les va a doler a más gente.

Por qué no la fue a ver nadie (y por qué vale la pena darle una oportunidad hoy)

La cifra lo dice todo y duele un poco: según los registros de Box Office Mojo, la película juntó unos 11.129.057 dólares en Estados Unidos y Canadá, con un debut de apenas 2,3 millones. Para una producción de Paramount con dos de los nombres más pesados del momento, fue casi un papelón. La crítica tampoco la ayudó del todo: Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y dijo, más o menos, que el guion no estaba a la altura de las caras. Y tenía razón en parte, pero también se perdió algo: que ver a De Niro, el de Taxista y Toro salvaje, jouant al tipo común que mira a una mujer en un andén como si fuera lo más importante que le pasó en diez años, tiene una intimidad que ese guion a veces no le devuelve. Streep, en tanto, está perfecta como siempre: mide cada silencio, cada sonrisa a medias, y deja que la piel se le note cansada de una manera que a sus 34 años ya era un master.

  • Dirección: Ulu Grosbard, artesano de actores, responsable de trabajos con Dustin Hoffman y Sean Penn.
  • Guion: Michael Cristofer, dramaturgo y adaptador de La gata sobre el tejado de zinc.
  • Producción: Paramount Pictures, que apostó fuerte al casting y le devolvió poco en la taquilla.
  • Elenco de apoyo: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, todos en estado de gracia.
  • Recepción: tibia en la crítica, débil en boleterías, y con el paso de los años convertida en una rareza buscada por los fans de ambos.

¿Conviene verla hoy, en 2025, con todo lo que cambió y lo que no? Yo diría que sí, sobre todo si uno la mira sin esperar otra cosa que dos personas grandes, vestidas con ropa de oficina, tratando de no arruinarle la vida a nadie mientras el subte los lleva de un lado al otro. No es una película para ver en el colectivo, distraído: pide sillón, luz baja y un rato sin el teléfono cerca. Si está disponible en alguna plataforma, ideal. Si no, queda la opción de conseguirla por los medios de siempre, que uno ya tiene cierta edad y sabe cómo moverse. En lo personal, me dejó con esa sensación que sólo dejan los films honestos: la de que el amor, cuando aparece de verdad, casi siempre llega tarde, en el lugar equivocado, y a personas que no se lo pueden permitir. Como en la vida misma, vaya.

NB
Nicolás BahamondeCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo