Cuando bajar la grasa corporal se vuelve un riesgo: lo que el cuerpo deja de fabricar cuando pierde sus reservas
La obsesión por el "definition" extremo puede traer consecuencias que pocos contemplan. Tejido adiposo, hormonas, huesos y músculos dependen de ese combustible que muchos quieren reducir a como dé lugar.
Acá en el barrio, cada vez que se cruzan dos vecinos en la verdulería sale el tema del cuerpo, de la dieta, del porcentaje de grasa que uno tiene o quisiera tener. Yo lo escucho seguido: "Estoy en 6", "Yo quiero llegar a 8", como si detrás de esos dígitos hubiera una verdad incuestionable. Lo cierto, según lo que nos cuentan investigadores de varias universidades, es que esa obsesión por bajar el porcentaje puede jugarnos una mala pasada, porque el cuerpo necesita de esa grasa para funcionar bien, y cuando las reservas se desploman demasiado la factura llega en forma de músculos que se consumen, hormonas que se alteran y huesos que pierden calidad.
Por qué no alcanza con mirar un número
Un porcentaje de grasa corporal, por sí solo, no nos dice todo lo que necesitamos saber sobre cómo está compuesto nuestro cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en esa lectura. Además, las herramientas de medición que existen en el mercado tienen diferencias importantes: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el agua que hayamos tomado esa mañana, mientras que los pliegues cutáneos que mide una nutricionista con ese caliper que parece un alicate no llegan a conocer la grasa que rodea los órganos, esa que va por dentro y que es la más peligrosa. La densitometría DEXA, en cambio, sí distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y puede ser bastante costosa.
- La bioimpedancia varía según el estado de hidratación del momento, por lo que un mismo cuerpo puede dar cifras distintas en pocas horas.
- Los pliegues cutáneos son accesibles, pero no detectan la grasa visceral, que es la que envuelve los órganos.
- La densitometría DEXA es la más completa, pero no todos los centros cuentan con el equipo ni está al alcance de todos los bolsillos.
- Un estudio con más de 700 deportistas registró mínimos de 10% de grasa en hombres y 16% en mujeres, muy lejos del 1% o 2% que suele asociarse con la definición muscular extrema.
- Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, participó de ese trabajo y advierte que esos valores están muy por debajo de lo saludable.
“Tener menos reservas no supone necesariamente una mejor condición física. Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Hormonas, defensas y huesos en juego
También pueden aparecer cambios hormonales que muchos ni se imaginan. En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, y con ella la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación, algo que las médicas toman como señal de alarma. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, nos explica además que disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves, porque el organismo no tiene con qué pelear cuando aparece una gripe mal dada, por ejemplo.
Todo esto se explica por las tareas que cumple el tejido adiposo y que nosotros rara vez tenemos en cuenta. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que se encarga de comunicarle al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal disminuye por falta de reservas, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos, y ahí es cuando aparecen los problemas que les contaba más arriba. El exceso, claro, también importa, especialmente cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos, porque esa acumulación visceral favorece la liberación de sustancias que inflaman el organismo y predisponen a enfermedades metabólicas.
La otra tarde, en la esquina de siempre, me topé con Marcelo, que tiene 47 años y viene peleando con la balanza desde que arrancó el año. Me dijo que estaba orgulloso porque había bajado de 12 a 8 de grasa corporal en poco tiempo, y que se sentía liviano, fuerte, como en sus mejores años. Le pregunté si dormía bien, si se notaba con energía, si le dolían las articulaciones. Me miró con cara de no entender a qué venía todo eso. Le dije que ese número que él celebraba quizá no era el mejor indicador de salud que él creía, y que su cuerpo, igual que el de cualquiera de nosotros, necesita de esa grasa que él está empeñado en eliminar para fabricar hormonas, mantener los huesos firmes y defenderse de cualquier virus que ande dando vueltas por ahí. Marcelo se quedó callado, miró su propio reflejo en el vidrio del kiosco, y me dijo que iba a hablar con su médica antes de seguir cortando calorías. Me pareció, qué le voy a decir, un acto de sabiduría que vale más que cualquier porcentaje en una pantalla.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Santa Cruz Informa