«City of Blood»: sangre, hermanas y un Berlín que se cae a pedazos
La nueva serie de Disney+ adapta una novela gráfica alemana y propone una distopía vampírica atravesada por la pandemia, el calor extremo y un comercio ilegal que lo cambia todo. Ocho episodios para dejarse llevar por una historia de reencuentro familiar en un mundo al borde del colapso.
Lo confieso: cuando me topo con una premisa que mezcla vampiros, política y hermanas separadas de chicas, me preparo para lo peor. Y lo mejor. «City of Blood», la serie que acaba de desembarcar en Disney+, se anima a esa combinación sin pedir disculpas y, contra todos mis prejuicios, la sostiene con una dignidad que ya quisiera más de la mitad de la ficción que se produce por estos pagos. Son ocho episodios adaptados de la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner, y la verdad es que el material de origen tiene esa textura oscura, europea, un poco enfermiza, que a mí, como espectador argentino de largo recorrido, me remite más al cómic franco-belga que al superheroinismo yanqui de siempre.
Berlín después del fin del mundo
Antes de hablar de personajes quiero hablar del escenario, porque acá el escenario es casi un personaje más. La serie nos planta en un Berlín futuro que, producto de una pandemia devastadora, quedó convertido en una ciudad-estado fragmentada del resto de Alemania. El cambio climático hizo el resto: calor infernal, polvo por doquier, servicios básicos como el agua y la electricidad funcionando a medias. Del otro lado de la moneda, los sectores acomodados viven bajo enormes cúpulas climatizadas, como si el apocalipsis les hubiera alcanzado solo a los que menos tienen. Es una metáfora bastante directa, sí, pero efectiva: la línea que separa a los que sobreviven de los que viven comfortable pasa por la sangre, literal y figuradamente.
En ese contexto, los vampiros no son criaturas románticas ni seductoras a la luz de la luna. Son, más bien, operadores de un negocio redondo: la sangre humana se comercializa en el mercado negro y ellos controlan buena parte de las redes criminales. Como además necesitan esconderse del sol y organizarse en clanes, su poder económico empieza a traducirse en poder político, y ahí es donde la serie empieza a tomar temperatura de thriller.
Dos hermanas, dos mundos
El corazón emotivo de «City of Blood» está en Bea y Phoebe. Las separaron de chicas y cada una creció donde le tocó. Bea fue adoptada por una madre con recursos, así que su infancia tuvo lujos, estabilidad y esa sensación de techo propio que muchos asociamos con la tranquilidad. Phoebe, en cambio, se crió en la calle berlinesa, aprendiendo a rebuscársela entre apagones y colas por un poco de agua potable. Cuando se reencuentran, la serie no recurre al golpe bajo lacrimógeno: prefiere ir mostrando, episodio a episodio, cómo se reconocen y se desconfían al mismo tiempo, cómo pesan las clases sociales incluso entre hermanas de sangre.
“Berlín está roto, pero las también lo están, y la serie se toma su tiempo para mostrar cómo una ciudad y una familia pueden reconstruirse a la vez.”Nicolás Bahamonde
Los primeros capítulos se toman su tiempo, algo que a esta altura del streaming ya casi parece un acto de rebeldía. No hay prisa por conectar todas las tramas ni por apurar revelaciones. La narración alterna el punto de vista de las protagonistas con el de otros personajes —capos del crimen, políticos inescrupulosos, sobrevivientes de a pie— y va armando un mosaico donde los vínculos familiares conviven con las maniobras de las organizaciones vampíricas y la supervivencia cotidiana en los barrios más castigados. Esa cadencia pausada puede sacar de eje a quien esté acostumbrado al ritmo frenético de las series de Marvel, pero a mí me resultó una caricia: por una vez, el suspenso se cocina a fuego lento.
- Dónde verla: Disney+, los ocho episodios disponibles desde su estreno.
- Público: ideal para fans de la ficción distópica con vampiresas y drama familiar al estilo europeo.
- Ambiente: berlín post-pandemia, calor extremo y cúpulas para ricos. Pinta oscuro pero no por eso menos humano.
- Cuándo verla: una noche de sábado, en serio, sin celular al lado, porque los primeros capítulos piden atención.
- A tener en cuenta: el ritmo es deliberadamente lento, así que armate de paciencia antes de pedir que «pase algo».
¿Vale la pena darle play? Si te atrae una ficción que no le teme al silencio, que mezcla el terror gótico con la crítica social y que, encima, se anima a contar una historia de hermanas en un mundo donde la sangre vale más que el oro, mi respuesta es sí. «City of Blood» no es una serie para maratonear atolondradamente: es para verla con tiempo, dejarse llevar por ese Berlín polvoriento y, de paso, repensar cuán distinta es nuestra realidad cuando le falta agua, luz y un poco de solidaridad. Quedan avisados.
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