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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cincuenta almendras antes de dormir: el experimento que sorprendió a medio mundo y qué dice la ciencia criolla

Un ensayo clínico indio de cinco meses con 175 adultos asegura que comer almendras por la noche mejora la calidad del sueño, aunque las mediciones objetivas fueron más tibias que lo que percibieron los participantes. Un repaso minucioso por lo que muestra el estudio, lo que omite y por qué conviene tomarlo con cautela.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Cincuenta almendras antes de dormir: el experimento que sorprendió a medio mundo y qué dice la ciencia criolla

Son las nueve de la noche en una cocina de Buenos Aires y la radio está bajita. Marta, 52 años, sirve un puñado de almendras en un bowl chico, como cada noche hace ya varios meses. "Yo no sabía si servía de algo, pero una prima me dijo que probara, y la verdad es que me duermo más rápido", cuenta mientras parte una por la mitad. Lo que Marta hace por intuición es, en buena medida, lo que acaban de poner a prueba investigadores de India en un ensayo clínico que publicó la revista Frontiers in Nutrition: si incorporar almendras a la alimentación nocturna ayuda, de verdad, a descansar mejor.

Cómo se armó el estudio y a quiénes convocó

El trabajo reclutó a 175 adultos de entre 21 y 55 años, todos ellos con una calidad de sueño catalogada como deficiente al arrancar el ensayo. La muestra fue dividida al azar en dos grupos: uno debía incorporar alrededor de 50 almendras por día, mientras que el otro recibía una colación con un aporte calórico equivalente, para que la comparación fuera lo más limpia posible. La investigación se extendió durante cinco meses.

Antes de empezar, los participantes fueron evaluados con registros de ondas cerebrales, marcadores bioquímicos y cuestionarios de autopercepción. La idea fue cruzar tres miradas: lo que medían los aparatos, lo que mostraba la sangre y lo que cada persona sentía. El equipo excluyó de manera explícita a quienes padecían trastornos mayores como apnea del sueño, narcolepsia o insomnio crónico, justamente para no mezclar un problema clínico serio con un malestar más difuso, que es el que suele aquejar a buena parte de la población.

Qué midieron y qué encontraron

En criollo: la gente sintió que dormía mejor, y parte de lo que sintieron tiene respaldo en análisis de laboratorio, pero los registros cerebrales no acompañaron con la misma fuerza. Esa diferencia entre lo subjetivo y lo objetivo es, para los especialistas, la zona más delicada del trabajo y la que obliga a leerlo con cuidado.

Por qué las almendras podrían ayudar, según la biología

El ensayo no apela a la magia. Detrás de la hipótesis hay piezas nutricionales conocidas. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos recuerdan que el magnesio, presente en las almendras, es un mineral necesario para la actividad muscular y nerviosa, y su déficit se ha asociado a dificultades para descansar. A eso se suma el triptófano, un aminoácido que el organismo utiliza para sintetizar serotonina y, a partir de ella, melatonina.

El propio fruto seco aporta además proteína, grasas insaturadas y fibra, una combinación que favorece una digestión más gradual y ayuda a mantener niveles de glucosa más estables durante la noche. Distintos especialistas asocian esa estabilidad con menos despertares nocturnos, sobre todo en personas que suelen pegar un pico glucémico alto después de cenar y luego se despiertan de madrugada.

El estudio contó con financiamiento del Almond Board of California, la entidad que representa a la industria californiana de la almendra. Ese dato no invalida los hallazgos, pero sí obliga a esperar investigaciones independientes, con diseños distintos y muestras más amplias, antes de cantar victoria. La revista que lo publicó es de acceso abierto y revisión por pares, lo que garantiza cierto control metodológico, aunque no reemplaza la réplica por parte de otros equipos.

Qué hacer con esta información en la mesa de luz

La Organización Mundial de la Salud advierte que el insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren evaluación profesional. Una porción de unas 50 unidades diarias puede integrarse a una estrategia alimentaria compatible con el descanso, pero no reemplaza la consulta médica ante síntomas persistentes. Para quienes, como Marta, viven con un mal dormir que no llega a ser una patología, sumar almendras puede ser un ensayo razonable, barato y de bajo riesgo. Para el resto, la recomendación es la de siempre: hablarlo con el médico de cabecera antes de convertir cualquier alimento en remedio.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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