Ciática: cuándo moverse, cuándo parar y por qué cada espalda pide su propia rutina
La fisioterapeuta Jennifer Howe y el cirujano Rohan Desai detallan ejercicios de cadera, abdomen y zona lumbar para acompañar el dolor del nervio ciático, con una regla central: si la molestia crece, se frena. Además, las señales de alarma que obligan a consultar sin demoras.
Son las siete de la tarde y en el consultorio todavía hay cola. Algunos pacientes llegan quejándose de un dolor que les baja desde la cintura hasta el pie, otros describen un hormigueo que no los deja sentarse tranquilos. La escena se repite en cualquier clínica de rehabilitación y, según me cuentan los profesionales, detrás de casi todos esos cuadros aparece el mismo protagonista: el nervio ciático, una estructura larga y caprichosa que cuando se irrita convierte gestos simples como atarse los cordones en una pequeña odisea. Acá, en cualquier ciudad de la Argentina, son cada vez más las personas que buscan en los ejercicios una forma de aliviar esa molestia sin pasar por el quirófano, y la pregunta que se repite en las salas de espera es siempre la misma: ¿qué movimientos sirven y cuáles pueden empeorar el cuadro?
Primero, las señales que obligan a frenar la consulta
Antes de lanzarse a probar una postura en el living de casa, conviene mirar el cuerpo con atención. La regla de oro que repiten los especialistas es directa: si un ejercicio genera más dolor o más presión, hay que interrumpirlo en el momento. No es un consejo menor, porque la irritación del nervio ciático puede manifestarse como dolor, como una sensación de quemazón o como hormigueo que compromete la región lumbar y se irradia hacia una pierna, y esa molestia no alcanza por sí sola para definir una rutina. Cada espalda cuenta su propia historia y los movimientos necesitan ajustarse a la evaluación profesional y a la respuesta de cada persona, como explica el cirujano ortopédico de columna Rohan Desai.
“La irritación del nervio ciático puede manifestarse como dolor, sensación de quemazón u hormigueo que compromete la región lumbar y una pierna.”Rohan Desai, cirujano ortopédico de columna
Hay, además, un grupo de síntomas que funcionan como semáforo rojo y que nos obligan a colar la consulta médica en la agenda cuanto antes. La aparición de debilidad muscular, una pérdida marcada de sensibilidad o dificultades para controlar la vejiga o los intestinos son señales que no admiten espera: lo que parece un dolor de espalda puede estar hablando de una compresión nerviosa seria, y el tiempo, en esos casos, juega a favor o en contra según cómo se reaccione. Para todo lo demás, las actividades cotidianas se recuperan de manera gradual, de acuerdo con la evolución individual, como recomienda el NICE, el organismo británico que fija guías de práctica clínica.
La rutina que propone la fisioterapeuta Jennifer Howe
- Movilización de cadera en posición de cuatro: acostado boca arriba, se coloca un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna y ambas se acercan al pecho. La postura se mantiene 30 segundos y se repite tres veces por lado, siempre que no aumenten las molestias.
- Estiramiento de pierna guiada: se sostiene una pierna por detrás de la rodilla y se lleva despacio hacia el hombro del lado contrario, sin tirones. Se mantiene medio minuto y se repite tres veces antes de cambiar de pierna.
- Trabajo abdominal acostado: con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas, se contrae el abdomen para acercar la zona lumbar al apoyo. Son diez repeticiones, de cinco segundos cada una.
- Rodillas al pecho para la zona lumbar: se sostienen 30 segundos y se repiten tres veces, siempre que el dolor disminuya en lugar de crecer.
- Apoyo boca abajo sobre los antebrazos, pensado para molestias asociadas a una hernia discal: los codos quedan alineados debajo de los hombros, se sostiene 30 segundos y solo se repite si el dolor que desciende por la pierna mejora con la postura.
Nada de esto sustituye un diagnóstico, y la propia Howe lo aclara: las indicaciones son orientativas, no sirven igual para todos los casos y dependen de la evaluación previa. Como me decía Marcela, una vecina de 52 años que arrastra el problema hace meses, lo que a la señora del quinto piso le sacó el dolor a ella apenas le calmó: cada cuerpo marca su propio pulso. Y ahí, en ese ida y vuelta entre lo que recomiendan los profesionales y lo que responde cada espalda, aparece la única manera sensata de moverse cuando el nervio ciático se queja: probar, observar, ajustar y, sobre todo, consultar ante la primera señal de que algo no encaja. Nosotros, mientras tanto, seguimos en la sala de espera, esperando el turno con la misma paciencia con la que se sostiene una postura de treinta segundos: esperando que, esta vez, el cuerpo afloje.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Santa Cruz Informa