Cafeína en la mochila: lo que los padres no suelen ver y lo que los chicos sí sienten
Especialistas de Yale alertan que un consumo alto de cafeína en adolescentes puede profundizar el cansancio en lugar delo. La advertencia llega con un dato clave: aparece en lugares donde casi nadie la busca, y los horarios importan tanto como la cantidad.
Elena tiene 53 años y todavía recuerda cuando su hijo Joaquín, de 14, llegaba del colegio y se desplomaba en el sillón sin ganas de hablar. Primero pensó que era la edad. Después notó los sobres saborizados que aparecían en la cocina, el chocolate negro que se comía de a tandas, la lata de gaseosa que se sumaba a la merienda. 'Yo le decía que tomara un café si estaba cansado, como me decía mi vieja a mí', cuenta desde su casa en el barrio de Belgrano. Hasta que un día el chico le dijo que le costaba dormir, que le temblaban las manos y que el corazón se le aceleraba antes de los exámenes. Ahí cambió la conversación. Acá, en Buenos Aires, también empieza a discutirse algo que los especialistas de la Universidad de Yale vienen señalando con insistencia: la cafeína, lejos de ser un truco infalible para estudiar, puede convertirse en la puerta de entrada a un cansancio que se retroalimenta.
La advertencia apunta directamente a los adolescentes, un grupo que consume cada vez más cafeína sin reparar demasiado en qué la lleva. Cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, está nervioso o presenta temblores, conviene prestar atención a lo que ingiere durante el día. Esas señales, sumadas a una caída del desempeño escolar, suelen ser el primer mojón para una conversación familiar sobre sus hábitos. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, advirtió que un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad.
Dónde se esconde la cafeína que casi nadie contabiliza
Para reconocer cuánto se ingiere, no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobres saborizados que se venden como golosinas. Estos últimos pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, según la presentación. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben sin dimensionar lo que están tomando.
- Café, mate y té en sus distintas versiones y concentraciones.
- Gaseosas de tipo cola y bebidas con guaraná.
- Bebidas energéticas, muchas veces mezcladas con alcohol en contextos de salida.
- Chocolate, especialmente el negro con alto porcentaje de cacao.
- Chicles y caramelos con cafeína, de venta libre en kioscos.
- Sobres y polvos saborizados para preparar en agua, la fuente menos visible del problema.
Por qué la tarde pesa cada vez más
El horario en que se consume es tan decisivo como la cantidad. Según Agrawal, la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerirla. Cinco o seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se tomó. Por eso, la recomendación concreta es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso. Esa pauta choca con una costumbre muy arraigada en nuestro país, donde el mate y el café de la tarde forman parte de la vida social, incluso entre adolescentes que se suman a la rueda familiar.
El cuadro se complica con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se desplaza y el sueño se corre hacia horarios más tardíos, lo que vuelve más difícil levantarse temprano. Cuando el cansancio llega, el atajo suele ser un estimulante. El alivio, sin embargo, es transitorio: lo que se logra es retrasar otra vez el descanso y profundizar el agotamiento del día siguiente. Es un círculo que muchos padres reconocen de cerca, aunque les cueste nombrarlo.
Lo que los especialistas recomiendan en concreto
Las recomendaciones para adultos no deben trasladarse a los menores. Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, fue categórica: evitar la cafeína antes de los 18 años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes. Agrawal agregó que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que las personas adultas, lo que vuelve cualquier exceso más riesgoso.
Revisar las rutinas nocturnas es la otra parte del cuidado. Park explicó que el consumo durante largas sesiones de videojuegos puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores. La luz de las pantallas, además, reduce la producción de melatonina y se suma al efecto de la cafeína para arruinar el descanso.
En casa de Elena, la conversación con Joaquín terminó con una decisión simple: sacar los sobres de la alacena, reemplazar la merienda por agua o jugos naturales y fijar una hora de corte para cualquier producto con cafeína. No fue una prohibición absoluta, pero sí un acuerdo. 'El primer día se enojó', reconoce ella con una sonrisa. 'A la semana me dijo que dormía mejor y que le iba mejor en el colegio. Ahí entendí que no era capricho mío, era cuidarlo de verdad.'
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