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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio y el insomnio son la única pista

El trastorno suele pasar inadvertido en ellas porque los ronquidos fuertes no siempre aparecen. Cansancio diurno, dolor de cabeza matinal y dificultad para dormir pueden ser las únicas señales. Los cuestionarios y los estudios domiciliarios pueden quedar cortos, y el embarazo o la menopausia elevan el riesgo.

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Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 3 min
Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio y el insomnio son la única pista

Levantarse con la sensación de no haber descansado, dormir a los saltos y arrastrar un cansancio que no se explica es algo que mucha gente atribuye al estrés o a los años. Pero en las mujeres, ese combo de agotamiento diurno, dolor de cabeza al despertar y noches en las que el sueño se corta sin razón aparente puede estar tapando otra cosa: apnea obstructiva del sueño, el trastorno en el que la garganta se cierra o se angosta repetidamente mientras se duerme y empuja al cuerpo a microdespertares que casi nunca se recuerdan.

La trampa, según aclaran las revisiones médicas sobre el tema, es que el cuadro en mujeres no siempre se presenta como la imagen clásica que uno tiene en la cabeza. No hace falta roncar fuerte ni que la pareja vea pausas en la respiración. De hecho, los trabajos publicados estiman que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas puede estar sin diagnóstico y que alrededor del 40 por ciento no relata los síntomas más conocidos, justamente los ronquidos intensos y el ahogo nocturno.

Por qué cuesta detectarla en ellas

Las mujeres suelen consultar primero por cansancio, por cambios de ánimo, por dificultad para arrancar el sueño o por una menopausia que parece cargada de malestares. Y los médicos, muchas veces, arrancan por ahí. Los cuestionarios que estiman riesgo usan datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello, pero están calibrados sobre todo a partir de varones, así que en mujeres tienden a identificar menos casos.

A eso se suma que los estudios domiciliarios, esos aparatitos que se llevan a la casa para registrar la respiración mientras se duerme, pueden registrar de manera incompleta algunas alteraciones, sobre todo las que aparecen en la fase REM, que es cuando el cuerpo sueña y la musculatura se relaja al máximo. Para esa mujer que sigue cansada, con dolor de cabeza y con la cabeza en cualquier lado menos en una apnea, un primer resultado sin alteraciones no siempre alcanza para descartarla.

Qué hacer cuando los síntomas no se van

Si el malestar sigue ahí, el paso siguiente suele ser un estudio nocturno en un centro de sueño, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso. Esos estudios son los que permiten ver, por ejemplo, cuántas veces por hora baja la oxigenación o cuántas veces se interrumpe el sueño. La idea es que el cuadro se caracterice bien antes de decidir un tratamiento, que en muchos casos es un equipo de presión positiva (CPAP) que mantiene abierta la vía aérea mientras se duerme.

No es un tema menor: la apnea repetida se asocia con hipertensión, con diabetes y con enfermedades cardíacas. Es decir, no atenderla termina pasando factura más allá del mal dormir. Y en las mujeres hay dos ventanas del calendario hormonal que pueden jugarle en contra: el embarazo, donde la apnea puede aparecer o agravarse y necesita un seguimiento coordinado entre obstetricia y un especialista en sueño, y la menopausia, donde los cambios en la distribución de la grasa corporal y en la tonicidad de la vía aérea favorecen los episodios.

  • Cansancio durante el día que no se explica por otras causas.
  • Dolor de cabeza al despertar, sobre todo si es casi diario.
  • Dificultad para arrancar el sueño o para mantenerlo de corrido.
  • Cambios de humor, irritabilidad o problemas para concentrarse.
  • Despertares con sensación de ahogo o con la boca muy seca.
  • Embarazo o menopausia recientes, dos etapas donde el riesgo sube.

Si algo de esto resuena, la recomendación de los profesionales es simple: no naturalizar el cansancio crónico y llevarlo a la consulta, aunque nadie ronque en la casa. A veces el cuerpo está pidiendo ayuda a los gritos en silencio, y la única manera de escucharlo es con un estudio que mire de verdad cómo se respira mientras se duerme.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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