Ahorro temprano en Argentina: los menores de 18 ya mueven nueve mil cuentas en el mercado de capitales mientras crece la mora juvenil
Dos plataformas concentran las subcuentas habilitadas por la CNV desde 2024. Los chicos prefieren cedears y ETFs diversificados antes que apuestas puntuales, aunque la educación financiera sigue siendo la cuenta pendiente del segmento.
Vamos a los números. En el mercado de capitales argentino hay cerca de nueve mil cuentas abiertas por menores de entre 13 y 17 años, repartidas entre dos plataformas que ofrecieron productos específicos para ese segmento a partir de la habilitación de la Comisión Nacional de Valores (CNV) en 2024. La cifra resulta llamativa si se la contrasta con el costado más frágil del mismo universo: cuatro de cada diez jóvenes argentinos no manejan conceptos básicos como presupuesto, ahorro o crédito, según el relevamiento de Junior Achievement Argentina al que accedió este medio.
El dato cobra más peso cuando se lo cruza con el comportamiento de pago. Los nacidos entre 1995 y 2009 registran apenas un 68,8% de cumplimiento en sus deudas, de acuerdo con el informe de Equifax. Es decir, más de tres de cada diez jóvenes no cancela sus compromisos en tiempo y forma. Según el análisis de la consultora, no se trata en general de montos grandes, sino de cuotas pequeñas, olvidadas o postergadas, que igual terminan dañando el historial crediticio y condicionan el acceso a préstamos futuros.
Qué pueden hacer los menores y qué eligen
La normativa vigente desde 2024 autoriza a los agentes del mercado a abrir subcuentas para chicos de 13 a 17 años con la firma del representante legal. A los 18, la titularidad pasa al joven sin más trámite. El menú permitido incluye bonos, acciones, cedears, ETFs y fondos comunes de inversión, un abanico que permite armar carteras diversificadas desde montos bajos.
En una de las plataformas relevadas, el 67% de las cuentas abiertas por menores se mantiene activa al momento del relevamiento. En la otra, uno de cada dos chicos realizó al menos una operación en el último trimestre. La edad promedio de los inversores activos ronda los 16 años, lo que muestra que se trata de un uso concreto y no de una apertura meramente formal.
Los instrumentos preferidos
- Cedears: la puerta de entrada al mercado local para comprar acciones de empresas extranjeras.
- ETF que replica el índice S&P 500 (SPY): la opción más elegida entre los menores activos.
- Tecnológicas globales: Amazon, Apple, Nvidia, Google y Microsoft, en el lote de las más operadas.
- MercadoLibre: la única empresa latinoamericana que aparece en el top de preferencias juveniles.
- Acciones argentinas: YPF lidera, seguida por Pampa Energía y BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos).
Para Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing en IOL Inversiones, la elección del ETF del S&P 500 como vehículo principal no es un dato menor. En diálogo con este medio, consideró que «el hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo».
En el mismo sentido se expresó Paula Spitaleri, de Balanz Academy, quien destacó que el objetivo de estas cuentas es que los jóvenes lleguen a la edad del crédito con herramientas reales para decidir. La especialista advirtió que el desafío es que cuando lleguen a la edad de acceder al crédito, ya tengan incorporados los conceptos básicos y no dependan sólo del impulso o de la intuición. La cita fue interrumpida en el material de base, pero la idea central queda: la educación financiera se vuelve decisiva en la transición entre el ahorro supervisado y el endeudamiento adulto.
La brecha entre invertir y endeudar
La fotografía que dejan ambas puntas del fenómeno es doble. Por un lado, un grupo de menores que ya opera en el mercado de capitales, prioriza la diversificación y muestra un nivel de comprensión inversora razonable para su edad. Por el otro, una mayoría juvenil que ni siquiera maneja los rudimentos del presupuesto personal y termina pagando esa falta de formación con mora en su historial crediticio. La diferencia no parece explicarse sólo por el bolsillo: aparece también el acceso a información, a plataformas y, sobre todo, al acompañamiento de un adulto que firme la subcuenta o explique cómo se paga una tarjeta.
En términos de monto, el material consultado no precisa el capital promedio que mueve cada subcuenta, pero sí describe que la operatoria se realiza con instrumentos de bajo costo de entrada, como cedears y ETFs, lo que en la práctica reduce la barrera de acceso. El dato de fondo es que, en bruto, las nueve mil cuentas son pocas frente al universo de menores en edad escolar, pero relevantes como señal: el mercado formal ya es una opción real para los más chicos, mientras la educación financiera básica sigue sin llegar a la mayoría.
La fecha a mirar es el próximo relevamiento trimestral de las plataformas que ofrecen subcuentas para menores, ya que permitirá ver si se sostiene el nivel de actividad cercano al 50-67% actual o si, como suele ocurrir en productos juveniles, la participación cae con el tiempo. En paralelo, habrá que seguir de cerca los informes de mora de Equifax y los estudios de Junior Achievement, que marcan si la brecha entre quienes ahorran formalmente y quienes se endeudan sin entender se reduce o se profundiza.
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Santa Cruz Informa